viernes, 30 de noviembre de 2007

Chávez, los campesinos y la productividad

Chávez enfila sus baterías contra los latifundios. Sigue teniendo la capacidad de fijarnos a todos la agenda. Esta habilidad política es de gran valor, para beneplácito de sus usufructuarios (que, para desgracia de la mayoría, extraen el beneficio de la riqueza colectiva). Venezuela amanece políticamente los lunes, con la agenda que ha establecido el vidente. Y empiezan los palos, algunos a ciegas.

Leí, en estos días, declaraciones del máximo representante de un organismo empresarial de alto nivel. Decía que los empresarios están en contra de los latifundios, pero que les preocupaba la forma de la intervención. Me pregunté ¿Por qué los empresarios están en contra de los latifundios? ¿Qué es un latifundio? Me fui al diccionario y dice “finca rústica de gran extensión”. Pensé ¿Cuál de las cinco palabras generará el imperdonable? ¿Será la “gran extensión”? Las declaraciones no eran de un representante de los microempresarios que, de cualquier modo y hasta donde tengo entendido, no se oponen a la existencia de grandes empresas ¿Dónde está el delito que lleva a perder el derecho a la defensa por parte de tus representantes, de tus aliados? Eso sin hablar de la defensa de un estado de derecho marchito.

Como la agenda del Sr. Chávez está montada siempre en elecciones, este señor decidió establecer un diálogo, todavía más estrecho y emotivo, con los 5 millones de electores que aún no votan. Muchos de estos electores pertenecen a los más bajos estratos socio económicos. Es para ellos el mensaje sobre los latifundios, no para los empresarios. Así de claro, señores empresarios. Ustedes tendrán que esperar un par de años para que el Sr. Chávez les vuelva a picar el ojo, para recibir otra vez algo de cariño y que algunos tengan la oportunidad para renovar sus sonrisas y complicidades, los que no las han mantenido todos estos años o han aprendido a editarlas, aún frente al insulto o el atropello (que cada vez parecen ser más).

Pero para esos venezolanos, muchos de ellos desciudadanizados desde hace muchos años, la idea de un Robin Hood, de un redentor justiciero, es similar a la heroína para un adicto. No importa que tengan dos o más generaciones sin contacto con la tierra que labraron sus abuelos, que vivan malamente urbanizados, “pelando el gajo” en barrios de Caracas, Valencia, Maracaibo, Puerto La Cruz y cualquiera de las 30 ciudades que albergan al 85% de nuestra población. No importa. Para ellos es el mensaje. Si hay redentor para quitarle tierra a alguien que tenga mucha, en algún momento les tocará algo de eso.

Chávez insiste en el slogan: “tierra para los campesinos” Pareciera que la Venezuela que a Chávez le gustaría reeditar es la de Gómez, no la de Zamora. País campesino, pero con renta petrolera, decidiendo él qué hacer con ella. Ese es su país ideal. Habría que decirle que Venezuela no tiene campesinos (o no alcanzan al 15% de la población económicamente activa, en el mejor de los casos). Lamentablemente, por no tener, cada vez tenemos menos trabajadores, otro grupo al que él se refiere como mayoritario, por ejemplo, cuando decide beneficiar a la mayoría incrementando sin consulta los sueldos y salarios o los beneficios laborales de legislaciones desechadas por nefastas para el trabajador y el empleo (para desgracia de la mayoría, que no tiene empleo). Él es el mayor empleador del país, pero aparte del privilegio de ser funcionario, cada vez hay menos capitalismo en Venezuela que pueda generar empleo.

Aclarado el objetivo, entre romántico y electoralista, de este tema de los latifundios, aprovechemos para analizarlo con mayor profundidad. Hasta los representantes empresariales dicen que el latifundio es malo. Se lo pregunté a uno y me respondió: “es que hay tierras ociosas, que no alcanzan estándares satisfactorios de productividad” ¡Ahhh! Ese es el asunto, la productividad. Entonces, este gobierno, preocupadísimo por la productividad empresarial en Venezuela, toma una decisión trascendente para mejorarla.

Que gracioso. Este gobierno administra una renta petrolera (no la voy a calificar de alta o baja, para que no me corrijan diciéndome que, en términos reales, era más alta en el año 80 ó en los 70) con criterios de productividad que no aguantan el más mínimo de los análisis. Se duplican los programas gubernamentales, se encarece la corrupción, se crean nuevos ministerios, institutos, empresas, todos con asignaciones presupuestarias multimillonarias, se reasignan partidas para financiar con miles de millones de dólares a las empresas de la CVG, se compra la amistad de países más pobres (Vg. Dominicana o Cuba) con subsidios petroleros…En fin, se medio sostiene un aparato estatal caduco, inútil para la mayor parte de la sociedad, caro (en términos del alcance y calidad de sus servicios) y se dedica un esfuerzo político enorme para corregir el problema de productividad del agro en Venezuela.

Aquí no acaba la cosa. Supongamos que este gobierno tuviese moral para hablar de productividad y reclamarla a otros agentes sociales. ¿Será que no hay estudios en Venezuela sobre calidad, productividad y competitividad? Incluso ¿Será que no hay indicadores objetivos que permitan evaluar cuáles políticas han estimulado la productividad y cuáles no? ¿Será que algún experto en políticas agrarias ha recomendado las confiscaciones para beneficiar el campo? ¿Será que nuestro agro no tenía verdaderas necesidades para mejorar su productividad? ¿Les suena de algo: seguridad de personas y bienes, infraestructura de riego y de comunicaciones, financiamiento oportuno, asesoría, claridad en canales de comercialización? Eso, sólo por comentar algunas cosas, sin ser yo experto.

Este gobierno, antes de hablar de productividad, debería primero comprender lo que es una empresa (muchos aspiramos a que los nuevos y rápidos ricos que está generando su régimen lo hagan cuanto antes) lo que significa activar un proceso de producción con riesgo de pérdidas sobre el patrimonio propio invertido (no el de los demás, como el de las empresas que está creando este gobierno). Sólo después podría cargarse de humildad para leer estos estudios y darle alguna respuesta a las acuciantes necesidades del agro y de toda la actividad empresarial no parasitaria en Venezuela.

Y ustedes, señores de la oposición, por favor, cambien de método, no le sigan el juego, que la gente está cansada.