domingo, 6 de septiembre de 2009

Cultura y Nación en Venezuela

Los venezolanos tenemos antecedentes oblicuos en nuestra construcción nacional. Había indígenas americanos cuando llegaron los españoles y ellos trajeron luego esclavos africanos para trabajar. Medio mundo cruzado da lugar a una Latinoamérica desdibujada en el espejo. Venezuela, además, descubre fuentes de energía al final del ciclo que haría valer especialmente la energía.

Aquel mundo de humanos transgenizados se enfrenta a reglas universales humanas: mejor más fácil. Mejor sin mayor esfuerzo. Bueno tener lo que otros no tienen y valoran. Viva la fiesta.

Otros evolucionan y despliegan su conocimiento (valor universal de la evolución primate humana) para controlar el medio, para aprovechar ventajas y prosperar. Prosperar en entornos siempre difíciles es ley básica, fácilmente universalizable.

Pero aún más básico es disfrutar de un entorno propicio. El humano primitivo, si descubriera un mar de alimento y goce, sin costos, lo aprovecharía hasta saciarse. Si no se agota rápidamente, sus hijos nacerían y crecerían con la creencia de que la vida es fácil.

El rentismo es una condición conocida por el hombre. Por poco usual no es menos conocida. Es una aspiración humana básica, aún en los que se crían y educan bajo conceptos de aprovechamiento productivo.

Explicarle a un venezolano que, dado el conocimiento actual de su condición humana, su pobreza está vinculada a su capacidad de hacer y saber hacer, no es sencillo. No en medio de la fiesta.

Venezuela es relegable. Está claro. No ayuda. Bebe whisky y disfruta ilusiones de hombre nuevo, ni siquiera aquel viejo surgido del barbudo alemán que creyó explicar la historia humana a partir del esfuerzo y propuso construir con esos principios (los mismos de los que habrían de construir la economía clásica) una sociedad de hombres nuevos. No. Tal vez eso perdure un poco más. En Venezuela, el rezago será brutal porque sueña gracias al efecto de la droga.

El futuro de la nación y la cultura venezolana, de por sí condicionada por la evolución global de estos conceptos, está condicionada por su capacidad de sobreponerse cuanto antes a las resacas que le dejan su borrachera y comenzar a reconocer su adicción y trabajando para iniciar una nueva vida post dependiente.

Tal vez el Dios que le dio el acceso a la droga rentista, le haya dado también otras condiciones para superar su adicción.

La Nación: de mi barrio y poco más

Hasta hace poco mi motivación liberal me llevaba, saludablemente, a cuestionar cualquier principio homogeneizador. Sin embargo, cada vez más, me siento urgido a esgrimir argumentos universalistas, a promover una forma de ser humano y terrestre, a enfrentar cualquier principio doctrinario que pretenda abocarse derechos precarios.

No voy a definir derechos precarios. No aquí ni ahora. Escribo ahora para enfrentar, quizá con más emoción que auténtico saber, el nacionalismo, cualquiera. Pocas doctrinas hacen tanto daño, desde la izquierda y desde la derecha.

Nací en Maracaibo, Venezuela, hijo de vasca y canario. Escribo esto desde Buenos Aires y luego de un partido de fútbol (Argentina Brasil)que exacerba aquí los sentimientos patrios, de por sí fuertes.

No creo en nacionalismo alguno, creo que hacen daño los nacionalismos. Recientemente vi una noticia sobre un congreso internacional de astronomía enfocado en las posibilidades de identificar vida en otros planetas. En la entrevista a su presidente, un catalán, ubica en dos o tres décadas la posibilidad de encontrar definitivamente vida en otros planetas.

Estamos en un patio. Nos revolvemos en él como lo haría cualquier primate. Pero la humanidad, como concepto, requiere superar la estrechez nacional para encontrar espacios de universalización aún mayores que los logrados. Lo local puede ser promovido y motivado, pero con el impuesto presupuestado (como el iva) de no limitar ciertas condiciones primarias y universales en nuestra génesis y proyección.

Así, el barrio, la comarca, debe ser el espacio único de nuestro apego terrestre. Luego de eso, la nación...UHMMM Sí, tal vez la comarca de comarcas, algo de la cultura que nos une y nos hace diferentes a...OTROS HUMANOS. Pero con preponderancia humana. Sin graves distinciones entre Senegal y Menphis, entre Tokio y Guadalajara (da igual si la de México o la de España)sin trabas al estatus vital terrestre (que no debiera ser tampoco muy estricto, porque llegarán OTROS...).

La ideología del desarrollo es la de la Tierra como todo y nosotros como parte. Sólo así la sustentabilidad tiene sentido. El aire de todos. El agua de todos. Pero también las empresas de todos y el gobierno de todos.

Me siento primario y prehistórico planteando esto. Seguro será un lugar común pronto.