miércoles, 13 de octubre de 2010

El Estado somos todos...pero unos más que otros

Venezuela continúa enferma su camino. No es una enfermedad de un presidente, no es la enfermedad de un grupo de gente ni de un momento en la historia. Esto no es gripe. Se trata de fallas estructurales arraigadas en los genes y la psique de un pueblo que tuvo una ilusión modernizadora y no se permitió a si mismo el vértigo retante de acercarse al futuro. Ahora hurga en los desechos de la socialización estatista, pero no está allí su verdadero mal. No es Venezuela Cuba, Korea o Albania. Si alguna generalización cabe de Venezuela, seguramente hay que buscar en Libia sus referencias.

Porque Venezuela sufre una enfermedad provocada por el vaho pernicioso del rentismo estatista. Su Estado no está al servicio de la sociedad, especialmente desde que descubrió que ese bien primario de la sociedad es apeteciblemente liquidado en el mundo exterior y sólo un actor recibe las transferencias divorciadas de cualquier esfuerzo productivo. Mientras el país padece los males del sinsentido estatal (violencia, déficit de empleo de calidad, colapso de la construcción de nuevas viviendas, deterioro sistemático de los servicios públicos, urbes caóticas...) los administradores del Monstruo se regocijan en su poder inducido y se comen sus propias tonterías sobre el hombre del futuro. Nada más futurista que los nuevos viajes, los bellos hoteles, bailes y regalos, la nueva forma de vender el socialismo estatizante.

De verdad, la confusión entre Estado y Sociedad puede hacer mucho daño, porque a unos les suele tocar el rol de repartir y por alguna razón, prefieren repetir la función hasta el infinito sin cambiar de papel. Ojalá esta dolorosa pantomima nos sirva para extender conciencia y utilizar el nacionalismo para construir poder competitivo en nuestras iniciativas emprendedoras y poder cooperativo en nuestra política.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Somos minoría

Parte de la transición política que requiere Venezuela debe iniciarse con el reconocimiento de la limitación de cantidad que tienen las fuerzas modernizadoras de orientación progresista y productiva en el país.

En ocasiones, amigos políticos sufren por esta consideración y la niegan, argumentando en favor de sus representados potenciales, sabiendo que avanzan en la durísima pelea que supone hacerse con un espacio de representación popular en un país polarizado bajo un liderazgo mesiánico y caudillista, propulsor de reglas de juego político que podrían resumirse bajo el lema "...Yo soy el único que te represento y sólo las personas que yo nombro tienen la legitimidad que yo mismo les otorgo, como único representante del Pueblo".

Pero años de vaho pernicioso del Estado Venezolano Enfermo han construido un déficit de ciudadanía que facilita la contaminación, construyendo un círculo vicioso para la salud del paciente. Es mi opinión que Chávez sigue representando mejor a la mayoría de los venezolanos que cualquier otra alternativa que haya sido más o menos divulgada (no se olvide que una de las principales estrategias del régimen socialista venezolano consiste en denunciar el control de los medios de comunicación social por parte de la oposición, cuando es el gobierno es que controla la mayoría de los medios y los usa sin ningún pudor en favor de su parcialidad unipartidista, limitando los alcances de cualquier mensaje alternativo*).

El plano de acción política para la oposición es un campo minado. El financiamiento de la empresa privada se hace a cuentagotas, con enormes limitaciones, a través de remesas encubiertas en efectivo, porque casi ningún empresario tiene un negocio lo suficientemente fuerte, autónomo e independiente como para evitar el susto de la amenaza oficial. Los sindicatos y las ONG´s que en cualquier sociedad democrática fijan posición sobre temas concretos vinculados de un modo u otro con las políticas públicas y que contribuyen a regular y/o expandir la representación político-partidista, viven bajo la presión estatal que criminaliza sus fuentes de financiamiento (para algunas, criminaliza toda su acción). Los organismos públicos condicionan los alcances de sus beneficios a la filiación con el régimen y a la Lista Tascón siguió un ejercicio sistemático de discriminación en casi todas las áreas de empleo y producción de origen estatal, limitando la capacidad de tener libre adhesión política. En ciertas barriadas populosas de las grandes ciudades, la llegada de representantes políticos de oposición es recibida por hordas violentas que, bajo la tolerancia (o el apoyo formal) de fuerzas de seguridad del Estado, promueven el miedo en toda la comunidad, que no se ve representada en estas prácticas, pero que sabe de los riesgos que implica alzar la voz en contrario, porque se trata de grupos semi mafiosos vinculados directamente a la administración pública. Por ello, sólo admiración debería salir de nuestro corazón para los que aún se atreven a trabajar por las opciones democráticas para todos, aún en los casos en los que su propuesta no se presente como socialismo marxista, pero no pasa de ser una alternativa edulcorada desde las fauces del Monstruo (repartir, repartir, repartir, con justicia, con azul, con blanco, con democracia, con igualdad, con cariño, con producción, con mil lugares comunes de nuestra historia patrimonialista y rentista republicana reciente**)

Por ello, debemos tomar conciencia de nuestra condición minoritaria.Somos minoría porque no sólo grandes grupos poblacionales apoyan el carisma mesiánico de Chávez y hacen caso omiso de sus sistemáticas mentiras. Somos minoría porque una parte importante del electorado de oposición espera soluciones en forma de dádivas, cargos, transferencias para resolver sus problemas. Sin embargo, esto no debe asustarnos. Ser minoría no es nada extraño ni indeseable en esta situación. En medio de una gran epidemia, no estar infectado no es sólo un privilegio, es además un grave compromiso con los demás, con los que caen cotidianamente. Debemos promover la comprensión de las patologías económicas y culturales que nos acompañan y promover la organización social que avance en la solución a nuestros problemas a través de un intercambio entre rutas de sacrificio y beneficios intergeneracionales. No hay otra opción. Trabajar y trabajar por convencer a ciudadanos y trabajar y trabajar por ciudadanizar a los perdidos, a los que abandonados por el populismo anarquizante, no sólo han dejado la salud, la vida de niños, adolescentes y adultos por enfermedades y violencia, sino que también han dejado la cultura de mutuo auxilio y la capacidad de ser reconocidos por todos los demás.

Seamos mayoría sin sacrificar los reconocimientos básicos. Aliados con el Monstruo, impulsados por su vaho, no vamos a ningún lado.

Hagamos y promovamos un juramento político interideológico (si tal cosa es posible):

"Miraré a los ojos al Monstruo y por muy atractiva que sea su propuesta, le prometeré cabalgarlo o apoyar al que lo cabalgue sólo para reestructurar su relación con mis compatriotas y apoyarme en ellos para convencerles que sólo retornando el control social a nuestras manos y dotándonos de un Estado que promueva el comportamiento social eficiente y productivo, ejemplarizando con su propia conducta, podremos proyectarnos hacia el descanso y hacia la evaluación de nuestros hijos y la Historia, con la frente alta" o algo por el estilo, que lo único importante es que refleje el compromiso con el cambio radical de relaciones entre Estado y Sociedad en este país.

El único compromiso de Unidad debería ser evitar el Rentismo y el Populismo, con sus facetas extremistas de derecha (nacionalsocialismo) e izquierda (socialcomunismo).

Hagamos mayoría con trabajo desde reconocimientos que no incluyen vender el alma al diablo. Mi consejo para los líderes políticos emergentes, aún para aquellos que ya han estado cerca del Monstruo.


* evidencias claras están en los casos de publicidad de ONG´s como CEDICE, en las que se fortalece el vínculo popular con la propiedad privada, prohibidas por el Gobierno, reconociendo que les da por el medio.

** ver en este mismo blog la entrada del 16/12/08 llamada "los mil apellidos del capitalismo"

jueves, 2 de septiembre de 2010

Ciudadanos enemigos

El Monstruo ya no quiere diálogo fuera de sus propias cavidades, más allá de sus viejas zarpas, sus tripas, quistes y callosidades. El último diálogo que tuvo fue con un líder emergente que prometió lo necesario para convencerle de subir a su grupa, es decir, prometió reparto a los venezolanos por la simple consideración de ser venezolanos, sin considerar quien produciría lo que habrá de repartirse (en ese momento, en aquel lejano 1998, la promesa era difícil de entender por alguien que no fuese el monstruo, a pesar de las decenas o quizá centenares de veces que la había escuchado).

Luego de 12 años, el Monstruo ha perdido capacidad dialógica. Antes hablaba con cualquier candidato a la gestión de lo público, con un poco de fastidio, con las caretas típicas que solía emplear para estos encuentros, cargados de formalidad y, en ocasiones, emocionantes para una parte del público. El encuentro con candidatos tenía tantas facilidades para él, tantas cosas posibles donde "enganchar" a cualquier prometedor (eso son para el Monstruo todos los candidatos) que a veces parecía innecesario el uso de cualquier careta; lucían tan ansiosos por "cabalgarlo", al menos por "engancharse" en alguno de sus brazos, que no hacía falta ningún gran truco para establecer sintonías, para que cualquiera fuera válido. Antes, el Monstruo podía incluso encontrarse con los reformadores, aquella fastidiosa especie que le anunciaba reestructuraciones para devolverle cierta hidalguía a su cuerpo...Los reestructuradores solían tammbién fallar y ceder a alguno de sus vahos, o al contacto con el poder de sus brazos, al paisaje de sus venas transportando savia vital a la sociedad...Pero fastidiaban mucho, algunos llegaban a hartarle.

Luego de 12 años el Monstruo parece haber aceptado la propuesta que más ha enaltecido su ego desde que existe (por cierto, ¿desde cuándo existo? se pregunta, sin tener muy claro su origen ni su evolución, a menos que se trate de la más reciente). El jinete actual le está diciendo a los OTROS (los individuos y sus organizaciones de algo llamado Venezuela, que ya no le resulta tan claro tampoco al Monstruo ¿cómo y cuándo se originó, qué tiene que ver conmigo?) que su manera de ayudarles (parece claro que todos esperan la ayuda del monstruo y su jinete) consiste en integrarlos más a las venas, músculos, articulaciones, grasa, pelos y demás estructuras del Monstruo.

El Estado Venezolano Enfermo (EVE, eufemismo con el que algunos bautizaron al Monstruo) es más que nunca un ente integrado a su ambiente, una mezcla de Gran Tierra, Gran Árbol, Gran Hermano, que nos une a todos y se une a todos ¿para qué las distinciones? Si algunos miembros de este ambiente dudan de su integración ¿merecen considerarse parte de todo? Decidido queda que mejor es que se vayan, el monstruo no tiene ánimo si quiera para violentarse formalmente.´

En términos del diálogo político los venezolanos que aún creemos que es nuestro el poder, que ningún Estado puede integrarnos forzosamente en un proyecto homogeneizante, autoritario, caudillista, partrimonialista y rentista y que es nuestro deber promover el tratamiento al Monstruo que, más allá de cualquier cambio de jinete, le devuelva su rol al servicio de la ciudadanía que le alberga en su patio, para integrarse como un agente social más hacia la construcción de un futuro de prosperidad y modernidad para los venezolanos (y retorne el principe que suele haber tras estos especímenes), estos venezolanos, son ciudadanos enemigos. Enemigos del Monstruo. Enemigos formalmente declarados por su jinete. Enemigos (confusos) en la vorágine que genera el vaho monstruoso sobre millones de personas que no temen la avanzada de un proyecto que llama enemigo a una buena parte de los habitantes de este patio, que se pliegan al juego de arengas, a veces sin otro estímulo que algunas boronillas del reparto o, muchas veces, vanas promesas sobre la llegada del pan.

El monstruo y su actual jinete, han creado al ciudadano enemigo. Ya no vale sólo envenenar al valiente que anuncia liderazgo para las reformas. Ahora se ha fijado en por lo menos media Venezuela que, cual hormiguitas, amenaza su reinado de decadencia. Son los ciudadanos enemigos.

miércoles, 7 de julio de 2010

El petróleo en la nueva República

Uno de los puntos más difíciles de abordar en las reformas necesarias para este proyecto de nación llamado Venezuela es el rol del petróleo en la economía. Ya sería importante sin que se hubiese convertido en la base de nuestra enfermedad, en la que ha dominado al Monstruo desde hace décadas y mantiene a la sociedad drogada con su vaho pernicioso. Porque el petróleo, como actividad industrial, puede ser una gran oportunidad de desenvolvimiento tecnológico nacional competitivo, algo que el país había comenzado a construir a partir de los años 50 del siglo pasado a través de la Corporación Venezolana de Petróleo, pero que se desdibujó con la interpretación sesgada de las iniciativas de nacionalización a principios de los 70.

El petróleo ubica a Venezuela en un eje espacial y temporal muy particular del Mundo, facilitándole recursos externos sin contrapartida productiva nacional (la renta) y provocando una gran cantidad de distorsiones económicas y políticas vinculadas con su tratamiento por parte de la sociedad y su Estado.

Los pocos liberales tradicionales que hacen política u opinión en Venezuela, consideran que la industria petrolera venezolana debe ser privatizada, rompiendo así la fuente de droga del Monstruo. Pero Venezuela vive desinstitucionalizada, es decir, con insuficiente y deficiente Estado. Las posibilidades de regular la protección de la propiedad (por decir un ejemplo) dependería de que la sociedad se hubiese dotado previamente de un entramado político institucional suficientemente sólido para hacer respetar la Ley. Por ello, luce especialmente complicado plantear una privatización, al menos una que incluya los yacimientos, que sería la única auténticamente eficiente para lograr los cambios requeridos. Las posibilidades de un manejo perverso de este proceso y de los recursos que momentáneamente genere, llevan a dudar sobre los mecanismos para ofrecerle un tratamiento al Monstruo.

Este es el principal problema para abordar los cambios. Nada más fácil que argumentar graves medidas que limiten el uso abusivo de los recursos nacionales por parte de los aprovechadores de oficio que, mediante discursos populistas, acceden a las mayorías coyunturales que les permiten administrar el Estado como si fuera su granja particular, expropiando y juzgando a su antojo, manipulando los poderes del Estado gracias a su omnímodo poder distribuidor, ajeno a cualquier contrapeso. Pero serían estos mismos líderes los encargados de administrar un proceso de privatización y pareciera que, entonces, pudiera el país enfrentarse a una situación en la que haya liquidado su patrimonio de manera agresiva y su Estado continúe endeudándose y abordando sin tino los retos de servicio público que lleva años sin asumir, pero esta vez sin alternativa de liquidación patrimonial alguna (algunos lo consideran un costo necesario en términos de construcción nacional).

Lo cierto es que el fortalecimiento del Estado es la tarea más urgente del liderazgo político venezolano para el presente y el futuro, para sacar la renta petrolera de las finanzas públicas (al menos de las que facilitan incrementos del gasto corriente o de inversiones alejadas de cualquier criterio de eficacia o eficiencia y en áreas lejanas al mandato medular del Estado).

Pero tarde o temprano, líderes bien formados, adultos emocional y moralmente sólidos, retados en su capacidad para promover cambios modernizadores, se enfrentarán a la cueva del Monstruo sin que los miembros de la sociedad les hayamos facilitado el mandato claro de lo que ha de hacerse con respecto a la droga que facilita el caos (y que, seguro, les convoca para hacerse líderes del proceso de repartición, una de las más duras pruebas que el Monstruo le tiene preparada a cualquiera que se cree en condiciones de promover la transformación positiva del país).

Entonces, desde la racionalidad tecnopolítica básica, cabría anticipar la preparación de nuestros líderes para enfrentar este dilema. Así cabe plantearse lo siguiente:

1. El Estado venezolano debe financiar sus actividades a través de mecanismos tributarios sanos y progresivos, basados en la productividad nacional (impuesto sobre la renta de actividades empresariales y personales crecientes). Esto deja fuera del ámbito de cualquier ejercicio público razonable, el financiamiento de las operaciones del Estado a partir de la captación y distribución de renta petrolera.

2. El petróleo incluye actividades productivas nacionales que pueden representar, en término medio, entre una mitad y una quinta parte del ingreso petrolero (es decir, entre una mitad y cuatro quintas partes del ingreso proviene de una transferencia rentística no vinculada a un ejercicio nacional productivo) que deben generar impuestos para el Estado a tasas similares a las de cualquier actividad productiva. La Renta debe ser alejada del financiamiento corriente y dirigida a la alimentación de una serie de Fondos Nacionales.

3. Esta medida supondría el colapso total del Estado, que debe entonces dejar de mirar su ombligo para promover un proceso de selección de operaciones estratégicas para abordar los principales problemas de la gente, centrándose en que dichas operaciones activen capacidades humanas a lo largo y ancho de la sociedad, en vez de anularlas.

4. Políticamente se requiere un esfuerzo de integración social que facilite la asimilación de futuros deseables compartidos. El proyecto político requiere romper paradigmas de engaño, pillaje e incredulidad para construir conductas ciudadanas que faciliten la reconstrucción y castiguen el oportunismo cortoplacista y el caos.

5. Las regalías y otros ingresos rentísticos que provoquen las empresas venezolanas y extranjeras dedicadas a la actividad, deberían dedicarse a la creación de Fondos Nacionales, dirigidos a los siguientes destinos fiscales:

6. Un primer Fondo dedicado a la reestructuración del Estado. Una parte de este Fondo debe dirigirse a la reestructuración misma de la industria petrolera, que debe crear un organismo de planificación y coordinación que contribuya a generar el marco propicio para la explotación intensa y responsable de los recursos. Otra parte debe dedicarse a la capitalización humana e inteligente de las principales áreas de servicio público (seguridad, justicia, coordinación, información, salubridad, educación, servicios urbanos, etcétera), haciendo énfasis en recursos para la liquidación de centenares de miles de funcionarios públicos que deben comenzar a ofrecer sus servicios a través de nuevas figuras descentralizadas que resulten de más fácil administración por parte de órganos de gestión locales e intermedios, permitiendo concentrar la inteligencia del Estado Central para sus funciones medulares, hoy descuidadas. Como ejemplo, esta segunda parte del Fondo 1, debe dedicar ingentes recursos para la reestructuración de los grandes ministerios (por ejemplo, salud y educación) para su agresiva descentralización, promoviendo la centralización y fortalecimiento de su capacidad planificadora, coordinadora, supervisora y auditora.

7. Un segundo Fondo rentístico debe dedicarse a generar un plan creíble de reinstalación de infraestructuras, especialmente las vinculadas a los grandes centros urbanos, que han visto como se deteriora agresivamente su capacidad para abordar los grandes retos de vivienda, suministro de agua potable, saneamiento y otros servicios, comunicación y empleo para millones de empobrecidos habitantes urbanos.

8. Un tercer Fondo debe orientarse a generar los mecanismos contracíclicos para evitar los shocks externos por los vaivenes en los precios de realización petrolera.

La reestructuración del Estado es la clave del proceso. El Estado debe ser una organización social dotada de las más potentes herramientas y los recursos humanos mejor capacitados, con tecnologías orientadas a la dirección estratégica para atacar los principales problemas de la gente (morbilidad, inseguridad, desadaptación social y productiva, justicia ineficaz e ineficiente, entre otros).

El petróleo, en la nueva República, no es más que una industria activa, retada en su capacidad de integración social y ambiental, regulada por un Estado potente, pero cauto, promoviendo transformaciones en las capacidades productivas de la gente y facilitando un orden razonable para el desenvolvimiento exitoso de todos, sin ambicionar representar linealmente a la sociedad nunca más. El Estado al servicio de la gente, no de las élites clientelares que lo administran.

jueves, 1 de julio de 2010

¿Podría ser bueno lo que está sucediendo con el Estado en Venezuela?

Venezuela profundiza su crisis social, política, económica, cultural y ambiental a partir de un ejercicio arbitrario y trasnochado de la representación popular, haciendo un uso discrecional de las instituciones (de las reglas de juego fundamentales de la convencia ciudadana) para imponer un esquema anacrónico e insustentable, caudillista, rentista y antiproductivo.

En Venezuela y, aún claramente, fuera de Venezuela, muchas veces no se explican como semejante estropicio no es compensado por la acción popular, canalizada a través de las organizaciones políticas de oposición y, por esta incapacidad, visualizan el sostenimiento del actual régimen.

Lo cierto es que la oposición política venezolana es ideológicamente diversa, también de calidad diversa, de liderazgo diverso y, lo que puede resultar trascendente al final, de intereses diversos. Sacar a Chávez puede ser interpretado como una necesidad a partir del principio de sustitución en el poder, sin ningún fondo suficientemente sólido como para comprender los procesos históricos y liderar con impacto profundo el camino hacia los cambios.

Esto resulta fundamental para comprender la situación del país. La mayor parte de las operaciones políticas están condicionadas por el monstruo y su impacto sobre la sociedad. Nada, entiéndase bien, NADA en Venezuela es ajeno al vaho pernicioso del Estado rentista que oprime a la sociedad, huérfana de servicios, de justicia, de garantías ciudadanas, de propiedades productivas y posibilidades de aplicación al esfuerzo emprendedor, innovador, tesonero, competitivo. Venezuela vive presa, en sus principales relaciones económicas y políticas (y en buena parte de sus relaciones sociales y culturales) por el abrazo impotente y enfermo del sistema clientelar rentista al que le hemos cedido casi todos los poderes colectivos. La anomia nos invade y él mismo la promueve. El monstruo (no Chávez, él es simplemente su piloto de coyuntura, larga coyuntura pero coyuntura al fin, porque no es capaz de generar ningún cambio estructural) no quiere un país de ciudadanos, no quiere que se discuta sobre sus responsabilidades fundamentales, detesta que nos miremos a nosotros mismos como protagonistas de nuestras vidas (le interesa sembrar la ilusión de un pueblo como referente donde nadie es referente, donde nadie es nadie y sólo el mismo monstruo representa una construcción aparentemente humana).

Ahora bien, Chávez ha impuesto al Monstruo una regresión hasta ahora poco conocida. Sus anteriores pilotos le maquillaron de modernización y hasta hace poco creía (el Monstruo) haber conciiliado esta imagen (el maquillaje de modernidad) con su auténtica personalidad sociopática (el usufructo parasitario y distorsionador contra la sociedad venezolana que, enferma, le mantiene como único rico).

En esta regresión, sus conexiones orgánicas, neuronales, musculares y circulatorias con la sociedad que lo alberga, se harán más y más estrechas hasta que la sociedad misma no pueda concebirse diferente al mismo monstruo, hasta que monstruo y sociedad sean la misma cosa y ya no haya riesgo de que la suma de los individuos construya algo diferente a lo que el mismo monstruo explique o imagine.

Aunque sólo estamos describiendo una patología humana compleja, lo cierto es que la megalomanía del piloto y su costumbre de huir hacia delante, junto al caudal de miserables que condiciona para su autosostenimiento en la grupa del monstruo, pudieran estar provocando algo así como un suicidio, algo que tendría implicaciones para todo el sistema, drogado y aletargado por la relación enfermiza con su Estado, pero al mismo tiempo, podría ser una oportunidad histórica para que, futuras generaciones, aprovechen las cenizas que dejará este derrumbamiento, no ya para construir hombres del futuro y nuevos repartos de la riqueza a partir del esfuerzo ajeno (con lo que, en realidad, estarían sólo reviviendo al monstruo, que siempre es posible) sino para construir una sociedad dotada de un sistema de valores proclive a la construcción ciudadana, al esfuerzo productivo, al diseño de las dinámicas de orden necesarias para acordar los sacrificios y beneficios futuros, que pueda dotarse de los servicios correspondientes a un agente social complejo para incorporar ciertas garantías de funcionamiento y evitar que nos anexe un vecino ambicioso (ver en este mismo espacio La Lista para reconocer los alcances de los cambios necesarios) y para promover un futuro de esfuerzo que, luego de una o dos generaciones, hayan convertido al monstruo en una pesadilla de la que siempre deberán nuestros nietos aprender.

Hacer este esfuerzo a través de reformas democráticas tradicionales puede ser tan difícil como curar el cáncer con aspirinas. Rompamos la idea anuladora de que un país llamado Venezuela lo tuvo todo a su favor y está empeñado en convertirse en una nación deshauciada. Démosle a los más jóvenes un motivo de esperanza que actúe como razonable pivote para la reconstrucción. Tal vez, del algún modo, Chávez esté facilitando las cosas y los doce o quince años empleados, no resulten los estertores de nuestra vida republicana, sólo los estertores del Monstruo.

martes, 1 de junio de 2010

Mercantilismo populista anarquizante

¿Qué sistema político económico tiene en estos momentos Venezuela? No es fácil ofrecer una respuesta concluyente, pero lo más parecido que cabe observar y nombrar es un régimen pseudodemocrático, mercantilista, populista y anarquizante. Podría añadirse que se trata de un régimen patrimonialista y caudillista, pero estas dos categorías no forman parte de una novedad, nos acompañan desde los albores republicanos.

Tal vez algunos puedan decir que, en correcta interpretación, el mercantilismo también es muy viejo, seguramente más que el mismo caudillismo, porque tiene su origen mucho antes el surgimiento republicano, allá en la España colonial. El carácter mercantilista de la economía venezolana viene dado por su propensión rentista. La producción de bienes y servicios y la construcción de capital a través del ahorro y la innovación, características de la modernidad, son tareas culturalmente marginales en comparación con el simple reparto de los recursos que son trabajados en el resto del mundo y que nos son transferidos en forma de renta, a través de la liquidación del patrimonio minero que el Estado hace en nuestro nombre de ese bien propiedad de todos.

Pero Venezuela conoció el capitalismo, lo promovió y desarrolló inicialmente con fuerzas y técnicas productivas internacionales que, con diferentes ritmos y condiciones, fueron construyendo un entramado de esfuerzo, ahorro e innovación propios. Primero trabajó la tierra y exportó café y cacao, pero estos sistemas productivos nunca tuvieron la capacidad intrínseca para promover el crecimiento social y cultural que incluyera a las grandes mayorías, que permitiera la transformación hacia el desarrollo. Luego, casi un siglo después, la industrialización se instaló como política a partir de la expansión petrolera y sembrar el petróleo se convirtió en una idea primitiva para superar el rentismo parasitario.

No se trató de mucho tiempo. No siempre tuvo el enfoque productivo y competitivo que permitiese destacar a nuestra industria con respecto a la de nuestro entorno, a la del resto del Mundo. Pero fue nuestro. Un porcentaje significativo de la fuerza hombre se empleó por cuenta ajena en negocios de diferente índole y muchos llegaron a crecer en funciones y capacidades, formándose en el uso de nuevas técnicas y herramientas, para finalizar su vida productiva al servicio de empresas que prosperaban. Desde las interacciones sindicales en las actividades primarias petroleras, las relaciones laborales fueron creciendo y las instituciones sociales reconociendo este crecimiento y su complejidad. Venezuela tuvo una mayoría de trabajadores formales ocupados en su población económicamente activa. Duró poco tiempo. Poco extendido fue su valor agregado, las políticas de promoción competitiva, el cambio cultural para valorar lo producido sobre lo regalado, el capitalismo. Pronto se lo tragaría el rentismo, la repartidera, el Estado fagocitador de recursos para alimentar mafias clientelares, para invertir la ecuación básica de responsabildades estatales y poner a la sociedad productiva (trabajadores y empresarios) al servicio del Estado y sus proyectos de hegemonía populista, para ser el Estado (ahora ya transformado en Monstruo) el gran empleador y el gran oferente de bienes y servicios. No fue un asunto de tamaño. El monstruo creció en tejidos mezclados con la sociedad, mientras la sociedad necesitaba más orden, más seguridad, más infraestructura, más servicios de calidad, es decir, más Estado. El Estado rentista se volvió Monstruo y arrastró a toda la sociedad en su vaho adictivo.

El régimen actual no es más que un nieto malformado y gravemente adicto de esa vieja enfermedad. Oportunidades de acción política a partir del capitalismo rentista, todas las imaginables. Oportunidades para el capitalismo internacional amigo...todas las necesarias. Oportunidades para capitalismo criollo que haga al venezolano dueño de su destino a partir de su esfuerzo...Ni de vaina.

El nieto de este sistema, ahora habla claramente de destruir el capitalismo. Lo anuncia para el Mundo provocando más burla que temor, pero no cabe duda que lo aplica de frente para nuestro propio país. Volverlo completamente rentista, dependiente, enfermo, es la tarea que se hace bajo discursos exactamente contrarios ¿fortalezas, nacionalismo, autonomía, independencia de un país que vive más que ningún otro del esfuerzo del resto del mundo? exige un esfuerzo adicional de destrucción institucional. Acabar las formas tradicionales de gobierno (la forma de acción organizada y técnicamente competente que ofrece soluciones probables para atender los problemas de los ciudadanos, especialmente de aquellos problemas que los ciudadanos tienen dificultades para atender eficazmente por sí mismos) y generar una paranoia esquizoide sobre guerras internas (pueblo-burguesía) y externas (gringos-nacionales) que genere movimientos espasmódicos en la sociedad, pero no reacciones coordinadas, porque la idea básica es paralizar a todo el que se oponga a este esquema, reducir toda reflexión inteligente, promover el discurso único.

En Venezuela no hay ya gobierno. El que está no quiere serlo. Confiesa abiertamente su vocación de destruir las débiles instituciones para crear algo que no existe (la revolución y el socialismo) y llega a denigrar de los indicadores típicos de economía y gestión pública, como por ejemplo, de la inflación o el crecimiento económico porque lo único que miden es capitalismo.

Y pensar que no siempre fuimos rentistas. Produjimos con esfuerzo, inteligencia, innovación...Nos articulamos como sociedad para producir cosas y casi pareció que echábamos adelante, a pesar de la agresiva urbanización, la perenne injusticia, las dificultades de formación e inserción productiva y los problemas de resistencia popular a la modernidad. Algunos llegaron a llamarlo, una ilusión de armonía. Venezuela no fue completamente rentista durante unos pocos años de su historia. No fue suficiente.

Culpar de los males del país a ese breve período, no pude ser más que una ironía política típica del más arrogante populismo.

jueves, 15 de abril de 2010

¿Se puede curar al monstruo?

El Estado venezolano está enfermo y muchos se plantean diversas formas de cirugía como tratamiento para sus males. Pero sus carnes se mezclan con las de la gente, como su sangre y sus nervios. El Estado requiere un tratamiento innovador, una cura que no sólo limite su deriva actual, tampoco uno que nos lo regrese al estatus previo a este último brote psicótico; necesitamos un tratamiento integral que le ponga en forma, rejuvenecido, fuerte y ágil para beneficio de las grandes mayorías.

El país requiere liderazgo transformador. Sin embargo, poco se podrá hacer mientras el Estado busque jinetes justicieros para que suban a su grupa y manipulen la hacienda rentista en favor de cualquier locura. El conflicto del liderazgo guarda relación con las limitaciones que impone el monstruo a cualquier forma alternativa de discusión y gestión de problemas, que no tenga como centro el aprovechamiento clientelar del aparataje público, perpetuando así la llegada de la droga y su rápida distribución a través de todo el sistema circulatorio, con capilares cercanos a todo el entramado social.

En este modesto espacio de reflexión, liberal y progresista, a veces provoca motivar razones nacionalistas para salir de la anomia asfixiante, producto del terror ciudadano a las artimañas de la bestia y su cabalgante de turno. Sin embargo, aún muchos quisiéramos creer que no todo el orgullo se ha perdido, que el concepto de ciudadanía no está completamente pisoteado, que la gente de esta tierra tiene mucho para dar y si le ofrecen oportunidades, responde al compromiso.

Liderazgo para acordar el doloroso tratamiento. Habremos de sacar el petróleo de las finanzas públicas venezolanas, promover la reestructuración agresiva del aparato público estatal, concentrar el esfuerzo de gestión en la coordinación para maximizar el alcance y calidad de los servicios públicos (seguridad de bienes y personas, formación ciudadana y productiva, recuperación del espacio público, vivienda) y apostar por un sacrificio generacional para ubicarnos como país desarrollado.

lunes, 22 de febrero de 2010

Milicias populares bolivarianas

Venezuela se acerca al abismo como nación. Al tradicional desgobierno se le une ahora la intención hegemónica por los fracasados de esta larga coyuntura. Para ello, están dispuestos a seguir al líder que continúa huyendo hacia delante. Las milicias populares han sido creadas para defendernos de agresores externos "e internos". Cualquiera imagina que los agresores internos son los venezolanos que quieran desconocer la legitimidad del régimen chavista. No es extraño que el régimen los enfrente con milicias populares: los militares no tienen capacidad para controlar a la población civil y, además, las milicias son más fáciles de infiltrar en el entramado social.

Mientras, la nación se desangra por la violencia sin política. Por las policías corruptas que se unen a las mafias carcelarias para continuar incrementando el carácter organizado de nuestra delincuencia. El ciudadano, indefenso, sale diariamente a una lotería, esperando que no le toque. En el régimen denuncian que los medios privados (otro enemigo) distorsionan la información sobre la violencia que, para ellos, ha disminuido. No dudo que así sea en su casas, en sus urbanizaciones en sus oficinas. La nomenclatura chavista debe ver con malos ojos toda esta información porque sus vidas han cambiado mucho y para bien, en los últimos quince años.

Violencia sistemática y organizada contra la ciudadanía. Por un lado, el hampa, arrebatando, atracando, robando, secuestrando, asesinando a miles de venezolanos todos los días. Por el otro el mal llamado gobierno, el representante temporal del monstruo, organizando milicias para asegurar el caos oficial.

Si nuestros hijos salen de esto, tendrán que organizar un gran esfuerzo asistencial terapéutico para nervios y emociones de los que queden vivos. Mucho habrá que perdonar.

Mientras tanto, continuar defendiéndonos sin abandonar las esperanzas, en votos, en honestos, en cordura.

viernes, 12 de febrero de 2010

Sustitución de importaciones ¿otra vez?

Luego de 11 años en el poder, el gobierno de Chávez no sólo repite errores nefastos del pasado reciente (controles arbitrarios de precios como sistema de lucha contra la inflación, controles de tipo de interés, tipo de cambio y movimiento de divisas como mecanismo estabilizador, gasto público corriente financiado con brotes petroleros y endeudamiento como sistema de promoción de la economía real) sino que su propia ruta de aprendizaje sobre estas huellas es tan lenta que ha tardado 11 años en develar la última Señal: la sustitución de importaciones como mecanismo de acceso al desarrollo.

Por supuesto, todo pasado fue mejor y el proceso que se iniciara a mediados de los 50 en algunos países de AL, forzados por las severas crisis de crecimiento y distribución y al que accediera tardíamente Venezuela por su colchón petrolero, es ahora reeditado en abyecta mezcolanza con socialismo petrolero estatizador y expropiante (más allá de los elementos compartidos y agudizados sobre aquella situación histórica, el caudillismo mesiánico, centralizador y populista).

Un proceso que se caracterizó por sus problemas de flexibilidad, por su incapacidad para leer señales de entorno bajo el manto protector del Estado que cerraba puertas al mundo y dirigía discrecionalmente sus costos y favores, que se hizo funcional mientras abundaba el dinero en el planeta y colapsó con la crisis de materias primas y financiamiento a finales de los 70, es ahora potenciado y exacerbado con el descontrol absoluto del monstruo enfermo, con las señales terminales de un ente empeñado en comprometer el futuro de esta joven nación al norte de Suramérica.

Otro nuevo dolor para los corazones cepalistas de Prebisch, Furtado y compañía. La esperanza de que el sector privado desarrollase su potencial competitivo gracias a la acumulación de innovaciones durante el período de sustitución de importaciones, fallida en múltiples casos por interpretaciones mal dirigidas de estados corruptos que facilitaron asignaciones fraudulentas y protecciones injustificables para el enriquecimiento fácil de los amigos del régimen; ahora hay que añadir la esperanza de que el monstruo venezolano, el estado torpe, drogado, enfermo, adquiera capacidad competitiva dirigiendo sus propias empresas, al tiempo que coordina la muerte del pequeño sistema de instituciones capitalistas que medio intentaba florecer en un país castigado por el nacionalismo rentista y patrimonialista, casi desde su nacimiento.

El castigo histórico por este conjunto de despropósitos habrá de alcanzar a más de una generación futura. La de los adultos productivos de hoy, seguramente ya está absurdamente finiquitada. Qué pena.

lunes, 1 de febrero de 2010

Gobierno y aprendizaje

Este mes se cumplirán 11 años de una reunión en la que un equipo de técnicos en el área de reforma institucional al servicio del gobierno del Zulia se reunió, junto con el gobernador de entonces, Francisco Arias, con el recién electo presidente Hugo Chávez y su equipo de gobierno. En esa reunión, los invitados propusieron la aplicación nacional de una serie de reformas orientadas a la construcción de un estado más fuerte, flexible y moderno, como paso previo para la mejora gradual de los servicios públicos para la gente. Luego del varapalo respuesta del Sr. Chávez y el Sr. Giordani, los miembros del equipo salieron casi de madrugada del palacio, algo cabizbajos y bajando las escaleras de Miraflores, Arias les comentaría: "...No se frustren, hay que darles tiempo para el aprendizaje, a nosotros nos costó casi todo un año..."

He pensado en esta anécdota varias veces desde entonces, incluyendo detalles de la discusión, especialmente de la respuesta de Chávez, que me presentaron su auténtico perfil político para aquel momento --la demagogia populista y caudillista, que para ese momento aún no había descubierto completamente el poder rentista y tal vez por ello y por sus pocos minutos de líder nacional aún no le habían incorporado el endiosamiento falseador y megalómano que hoy desborda-- y varias veces también he pensado que es la capacidad de aprendizaje sobre ciencias y técnicas de gobierno, especialmente en cuanto a la activación de políticas económicas para la gente, una de las claves principales para valorar la evolución de un gobierno, aún de uno que ha sido nefasto desde el primer día.

Hoy gobierna el área económico financiera el mismo Sr. Giordani que ha mantenido su capacidad de asesoramiento sobre el Jefe. El experto en planificación, con formación económica europea, que debe sentirse orgulloso de gobernar la economía del país siendo ingeniero, mantiene su baile sobre la cuerda floja de sus propios principios y creencias, dándole mil vueltas a los datos para autoasignarse logros y escamotearse miserias. Inflación, devaluación, economía informal, dependencia productiva deberían ser palabras mayúsculas y negras en su oficina, para provocar la única salida honorable (tal vez hace años lo hubiese sido).

Hoy el Sr. Giordani aún se presenta ocasionalmente frente a los medios y defiende algunas de las políticas, siempre con justificación basada en variables de imposible control y sin dejar de anunciar la progresiva mejora de la situación para los venezolanos. Es razonablemente optimista Giordani. En su CENDES se estudió durante años lo necesario para la transformación socio productiva de la patria y tal vez siente como un privilegio la posibilidad de estar al frente de un intento más de construcción socialista, este en pleno siglo XXI.

Hay cierto descaro en este tipo de personajes. No niego que la responsabilidad principal sea del Loco (seguro que todos sus ministros han pensado más de una vez: "...cónchale, si no metiera tanto la pata, si dejara hacer, si hablara menos..." y cosas por un estilo). Pero esta gente se responsabiliza por un área tan delicada que involucra estabilidad macroeconómica, crecimiento productivo, generación de empleo formal bien remunerado, aprovechamiento saludable de la hacienda pública, innovación y competitividad y todos los complementos necesarios para que las familias aprovechen al máximo su capacidad productiva y las generaciones fortalezcan su capacidad de crecer y mejorar con instituciones más sólidas, en paz, seguridad y prosperidad.

El desbarajuste económico de este gobierno es inauditable y los despropósitos que han logrado el más agresivo proceso desindustrializador de la historia reciente latinoamericana no pueden reflejarse sino en inflación, devaluación, pérdida de empresarialidad, competitivdad y confianza, continuación de la corrupción generalizada y pérdida de equilibrios de poder.

El Sr. Giordani debe sentirse orgulloso de no ser corrupto y no haberse enriquecido a costa de su largo paso por el gobierno, pero deja atrás la sinrazón de haber permanecido siempre protegido de sus propias políticas públicas, viviendo ajeno a la carencia de divisas (él o su familia deben obtenerlas fácilmente a la hora de viajar, seguro no acceden a CDI para tratar sus enfermedades ni compran en mercal).

Algo que siempre acompaña a los políticos y técnicos que han accedido históricamente a la sala de control del Monstruo, es su paulatina (y rápida) adaptación para separar sus vidas y privilegios de los de la mayoría y así no asumir las responsabilidades de sus errores. No cambiará la patria hasta que no reconstruyamos la manera en la que los ciudadanos y nos relacionamos con nuestro Estado, la manera en la que permitimos a nuestros líderes reexplicarse esta relación, la manera en la que toleramos el latrocinio bajo el pretexto de la lucha contra la pobreza.