miércoles, 28 de diciembre de 2011

Los deberes del gobierno (II)

En la primera parte de este artículo se justificaban las funciones primarias de un gobierno moderno: defensa, seguridad, orden público, administración de justicia, protección del patrimonio natural y cultural, mantenimiento de áreas y bienes públicos, producción de ciertos bienes y servicios económicos (protección del libre acceso al mercado, moneda, préstamos de última instancia para los bancos, acuerdos para la promoción del comercio con otras naciones y medidas anti dumping para compensar subsidios extranjeros sobre su producción nacional, regulación de pesos y medidas, protección de la propiedad privada); servicios de salud (suministro de agua potable y tratamiento de aguas servidas, prevención de enfermedades a través del saneamiento, la vacunación y la educación, promoción del acceso igualitario a la atención primaria y promoción de servicios especializados y super especializados de atención médica); la regulación y promoción de servicios educativos y culturales (garantías de acceso a la educación preescolar y básica para promover prácticas socializadoras, incremento sistemática de oportunidades de formación de oficio, promoción de servicios culturales y deportivos); la planeación y construcción de grandes infraestructuras, la atención a grupos vulnerables, la promoción del acceso igualitario para todos a bienes y servicios públicos al tiempo que se incentivan los talentos y capacidades más importantes para lo público en la sociedad; generación de confianza para la producción, inversión e innovación y, por último, la promoción de investigaciones básicas y aplicadas.

Es una larga lista. Está llena de actividades muy complejas (por sus requerimientos técnicos, organizacionales, financieros, materiales, humanos...también por las dificultades políticas para su diseño, financiamiento y administración) pero no es una lista acabada. En esta segunda entrega se abrirá un inciso para responder cuestiones que pueden surgir como duda al plantearse el reto de definir funciones de gobierno, como paso previo para establecer parámetros que permitan evaluar la calidad de su provisión.

Uno de los aspectos que vale la pena anticipar guarda relación con el asunto del financiamiento. Y es que, para muchos, decidir a qué cosas debe o no dedicarse un gobierno incluye, casi sin límites, todo lo que se les ocurra a la hora de hacer feliz a la gente. Pero un gobierno es un aparato organizacional humano, diseñado (bien o mal) y armado (bien o mal) con infraestructuras, tecnologías, recursos materiales, financieros, humanos...Es decir, un gobierno es un conjunto de emprendimientos sociales para brindar bienes y servicios. En términos políticos, ideológicos, históricos, filosóficos, antropológicos o legales puede ser muchas otras cosas diferentes, pero para efectos del punto que se tocará en esta nota, el gobierno es también un conjunto de organismos, institutos, empresas, fundaciones que deben producir y, para hacerlo, necesitan recursos.

¿Quién provee estos recursos para el funcionamiento del gobierno, sean cuales sean sus ocupaciones, sea cual sea la calidad y la satisfacción que proveen? Los ciudadanos. Son los ciudadanos los que pagan la cuenta, siempre (o casi siempre, más adelante en esta misma nota veremos que una excepción se presenta en las economías rentistas e intentaremos explicarlo) y, por lo tanto, cabe imaginar que los ciudadanos se pregunten qué se hace con su dinero.

Las empresas, los trabajadores producen bienes y servicios y pagan impuestos para financiar actividades que, por diversas razones, no se buscan en condiciones normales de competencia en el mercado. No es lógico esperar que los ciudadanos limpien su casa, su patio y, además, continúen la limpieza más allá de la acera, hacia la calle, la avenida, la plaza...Y si no lo hace cada ciudadano ¿quién lo hace? No parece lógico tampoco que un particular limpie la plaza y cobre a los que la visitan por sus servicios.

El gobierno brinda servicios cuya provisión de su parte puede ser justificada de diversas maneras (incluidas razones político ideológicas). Sin embargo, no cabe duda que siempre que se trate de un proceso de producción, habrá costos y se requerirá su financiamiento, para lo cual la sociedad deberá laborar y producir con excedentes suficientes para financiar cualquier tarea productiva que decidamos asignarle al gobierno.

Por lo tanto, si un gobierno decidiese que todos sus ciudadanos merecen un determinado bien o servicio, supongamos, una renta mínima vitalicia (es decir, una asignación por parte del gobierno de una cierta cantidad de dinero, por ejemplo, 100 unidades monetarias mensuales) es claro que la sociedad debería producir bienes y servicios competitivos en el mercado para generar excedentes que le permitiesen pagar al gobierno impuestos para financiar este bien o servicio.

Resulta obvio también que si el gobierno quiere trasladar 100 unidades monetarias a cada particular, entonces deberá recibir más de 100 unidades monetarias para poder hacerlo ¿por qué? Porque el gobierno es una organización cuyos procesos productivos tienen costos. Los funcionarios deben ser remunerados y los demás insumos productivos rentados. Así, cada esfuerzo público que nos parezca útil hacer en cualquier área, implica, necesariamente, una asignación de recursos por parte de la sociedad, que deben incluir, el financiamiento del costo fijo del aparataje del Estado. Es decir, si la sociedad es la que paga el funcionamiento del gobierno, cabe también preguntarse si algunos de los bienes o servicios que espera que produzcan deben ser satisfechos a través de esta regla de producción: PARTICULARES PRODUCEN--> UNA PARTE DE LO PRODUCIDO SE TRASLADA AL GOBIERNO COMO RENTA IMPOSITIVA--> EL GOBIERNO PRODUCE BIENES Y SERVICIOS PARA EL DISFRUTE DE LOS PARTICULARES.

Así, podría el gobierno plantearse la producción de automóviles para los particulares (obsérvese que no están en la lista inicial de bienes y servicios a ser producidos por el gobierno). El particular deberá ofrecer al gobierno, recursos por un valor mayor a los costos variables de producción de cada vehículo, para asegurar el funcionamiento del aparataje organizacional vinculado con este proceso productivo. Ahora bien, el particular podría preguntarse: "Si hay doce o quince corporaciones privadas compitiendo entre sí para ofrecer centenares de alternativas en términos de productos en el mercado automotriz, con gran variedad de cilindradas, formas, colores...¿Para qué usar al gobierno en este fin? ¿lo hará mejor, con mayor calidad, eficacia y eficiencia, es decir, mejor y a menor costo? ¿Será que existe la posibilidad de que el gobierno se distraiga de otras graves funciones - ver la lista - por dedicarse a producir autos?

Desde el punto de vista del aparato del Estado también surgirían dudas. Si los particulares desean vehículos y llegasen a la conclusión que, para incrementar la suma de felicidad que les provee el gobierno, debe ofrecerles vehículos, el gobierno debe atender las siguientes preguntas: "¿Cuál es el equipamiento básico que debemos incorporar a estos vehículos?¿qué tan variados y potentes los haremos? ¿Los entregaremos sin contrapartida monetaria, es decir, sin que medie precio en la transacción? Si es así ¿cómo decidiremos las cantidades a producir de cada modelo y de qué modo lo asignaremos a sus usuarios finales? Si reclamaremos una contrapartida ¿cuál sería? ¿La equivalente al costo medio y marginal de producción? ¿Alguna por debajo de este costo, es decir, con subsidio? En caso de subsidio, está claro que este subsidio competiría en términos de asignación con cualquier otro bien o servicio público ¿es razonable que el subsidio de autos compita con vacunas, por ejemplo? Si lo ofrecemos a costos reales, ¿lograremos ser competitivos en el mercado, para que nuestros autos no salgan al final más caros que los de las empresas privadas? ¿Cuánto invertiríamos en innovación para mantener esa competitividad? ¿Qué tan bien remuneraríamos a nuestros creativos, gerentes y directivos? No son dudas superfluas.

Todo esto puede parecer una tontería para el que conozca principios elementales de administración o economía, incluso para un padre de familia o una jefa de hogar que no completó educación básica. Pero muchos estudiantes de pregrado y postgrado lo olvidan al referirse a funciones necesarias de gobierno y al expresar su deseo porque el gobierno actúe brindando estos o aquellos servicios.

Cabe esperar que la ecuación básica de producción para bienes y servicios de gobierno esté siempre presente a la hora de evaluar, con más o menos entusiasmo, la necesidad de incorporar más cosas en la lista.

Por último, antes de comentar sobre la excepción a la regla del financiamiento, una referencia inevitable. Hasta ahora nos hemos referido en sentido genérico a la cuestión del financiamiento, al costo implícito en cada actividad estatal y a la dificultad para que el gobierno compita en saludables condiciones con privados para la producción de ciertos bienes y servicios. Pero cabe traer a colación las dificultades gerenciales y directivas que involucra la administración del Estado. Por estas limitaciones, los bienes y servicios públicos no suelen alcanzar el nivel competitivo de bienes y servicios similares en el sector privado. Por ello, debemos ser aún más estrictos a la hora de construir la lista de funciones que le asignamos al gobierno. Porque deben tratarse de bienes y servicios de gran necesidad social, no provistos de forma convencional y competitiva por los privados, cuyo costo pueda ser alto, pero mida nuestro interés como sociedad por dotarnos de estos bienes y servicios, inevitablemente costosos. Vacunar niños, sin que medie precio alguno, es una actividad costosa, pero los beneficios sociales que derivan de esta actividad o, mejor planteado, los costos sociales que evita, son de tal magnitud que la carga tributaria que los financia nos mide como ciudadanos, nos dice cuáles son nuestras prioridades. LA LISTA es, en definitiva, una relación caracterizadora de nuestra interpretación social de lo público, es una definición de quiénes somos.

Por otro lado, países como Venezuela han perdido esta conexión. Sus ciudadanos están idiotizados por el vaho de un Monstruo pernicioso, que les ha hecho olvidar el origen y sentido de las funciones de gobierno, que les ha vendido la ilusión de que todo puede y debe ser satisfecho por el gobierno, que magnánimo y justiciero a un tiempo, ofrecerá vida de primer mundo a sus ciudadanos simplemente por el hecho de haber nacido donde nacieron.

¿Pero cómo pueden los ciudadanos de un país creer semejante patraña? Ah, resulta que tuvieron la suerte (algunos creen que la desgracia) de haber nacido sobre recursos que las otras sociedades del planeta valoran más allá de su simple costo productivo, generando un plus especulativo en el precio que se traslada como renta a su propietario. En el caso de Venezuela, en un acto de aparente justificación racional y moderna, esa propiedad está condicionada a la administración por parte del gobierno. Años de actividad administradora de las propiedades rentísticas de sus ciudadanos, terminaron confeccionando el semblante actual del Monstruo Venezolano. Está podrido de poder omnímodo y cree realmente que puede y debe llevar justicia y bienestar a sus desposeídos ciudadanos, que nunca parecen tener la mayoría de edad para decidir sobre sus propiedades. Pero como es el Estado el administrador rentista, como la renta llega como esfuerzo ajeno (internacional) y no llega a pagar esfuerzo productivo nacional, el rico es uno solo, el Estado y su administrador de turno, el gobierno. Se trata además de una riqueza mercantilista, no capitalista. El Estado rico no lo es por su talante productivo, por innovar ofreciendo bienes y servicios de gran valor agregado a las demás sociedades del planeta, por acumular conocimientos sobre su perfil competitivo. No. De hecho ataca cualquier cosa que parezca capitalismo. No le interesa la productividad. Todo lo que suene a capitalismo le parece podrido. Los ricos que pueda haber en la sociedad, están mediatizados, igual que los pobres (la mayoría) por la relación con este superpropietario. Se ha roto la ecuación básica que impone racionalidad a LA LISTA. Por ello, la lista de un país como Venezuela incluye bienes y servicios como: habitaciones en hoteles cinco estrellas, decenas de bancos, compañías telefónicas, compañías de transporte, almacenamiento, autos, neveras y un largo etcétera.

No es raro que, además, los bienes y servicios de la lista básica, los surgidos por auténtica necesidad de la sociedad para con su gobierno, estén siendo gravemente desatendid0s. ¿Hasta donde la enfermedad social que sustenta el Monstruo en sus ciudadanos a través de su vaho rentista será capaz de sostener este mal sueño de premodernidad? Quien sabe. Mientras, el Mundo trabaja arduamente por dotarse de gobiernos poderosos y flexibles para atender más y mejor las necesidades que demandan sus ciudadanos. Eso, dentro de las limitaciones estructurales del sistema de fraccionamientos político territoriales y culturales que llamamos naciones. La sustentabilidad aún es un tema en formación y casi nadie está listo ideológicamente para superar el Estado-Nación. Además, de aceptarlo, se convertirá en una amenaza para sus conciudadanos nacionales, que podrían castigarle por ello.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Los deberes de gobierno (I)

Aunque se trata de algo que ya ha sido abordado en este blog, llegando los últimos días de este año 2011, fechas que provocan ejercicios de balance, creo que el primer paso de cualquier balance supone decidir qué es lo que debe incluirse en cada plato de la balanza de un Gobierno.

La idea no es de allí saltar a lo bueno y lo malo que puede haber hecho el Monstruo en los últimos tiempos, es decir, con Chávez de piloto, que ya he comentado lo suficiente la parodia quijotesca de creerse montado en un purasangre sin evidenciar al pollino enfermo. Hacer ese balance es harto difícil, porque Chávez decidió que no sólo no debíamos aspirar del Monstruo el paso y el trote sostenido que nos trajera buenas funciones de gobierno, bienes y servicios públicos de calidad para la gente, sino que además este piloto le pidió al Monstruo que se dirigiese hacia el cielo, que levantase vuelo para ofrecer bienestar y justicia aquí y en resto del Mundo, que enfrentase a los monstruos que otros llamaban molinos y le encumbrase como el chapulín colorado del nuevo desarrollo socialista bolivariano del sur (voy a dejar de añadirle elementos al título del piloto..) sin evidenciar, al tiempo, que el pollino poco se movía y que las naves espaciales que creía ver con cañones de luz fulgurante como amenaza no eran tales y alrededor del asno sólo había toneles rotos, basura y miseria. En definitiva, dejemos que el balance superficial lo haga cada quien y uno más denso y técnico ya estará siendo elaborado por equipos de trabajo de gente seria que aún tiene este país.

Pero valorar qué cosas deben incorporarse al plato bueno de la balanza de gobierno es la ambición de este artículo. Está dedicado a venezolanos que pueden tener dudas al respecto y será decepcionante para aquellos que, disfrutando de un gobierno mínimamente ocupado en estos asuntos, consideran normal que se aborden con seriedad, más frustrante aún para los que tienen la esperanza de que sus gobiernos se conviertan en chapulines, capitanes américa, súper lópez o sandokanes para enfrentar las injusticias en sus patios, sin considerar las dificultades típicas de un ejercicio de representación política en sistemas democráticos para ejercer las muy complejas y ambiciosas funciones de gobierno.

Como asunto previo vale aclarar que se hará un tratamiento genérico de las funciones y se supondrá su aplicación a cualquier estado-nación (porque ese sigue siendo el referente principal de las acciones de gobierno) del mundo en vías de desarrollo, pero también se abordarán dilemas típicos de esta gestión para Venezuela, que no es un estado-nación normal, porque sabemos que su sociedad tiene una enfermedad difícilmente contagiosa (a muchos les gustaría) llamada estatismo-rentismo, caracterizada porque el estado no financia sus actividades sacando los recursos de los bolsillos de sus ciudadanos, como en cualquier estado-nación, pues recibe transferencias de trabajo-valor constituido por otros en el extranjero, que pagan la liquidación de un patrimonio que los nacionales olvidaron como propio (porque desde que tienen memoria y antes, fue propiedad del Monstruo o de sus ancestros). Esta enfermedad condiciona algunos de los planteamientos de este "debe ser" funcional y se abrirán matices para especificar acciones de gobierno vinculadas a los problemas y situaciones que ha generado esta enfermedad en la sociedad y en la maquinaria que produce los bienes y servicios (el estado-nación enfermo, nuestro Monstruo Venezolano).

1) El primer grupo de funciones que deben servir para evaluar un gobierno son las de defensa. No es casual su posición en la lista. Las funciones de defensa territorial y grupal están estrechamente vinculadas con el origen mismo del estado, en los albores del neolítico. No tiene sentido pensar en un gobierno nacional cuyas funciones no incluyan proteger sus dominios y a sus ciudadanos de agresiones externas. No voy a profundizar en este grupo, pero como función de gobierno, no cabe duda que ha sufrido importantes modificaciones con el transcurrir de los tiempos y hoy en día va más allá de tener centinelas y patrullas vinculados a una fortificación fronteriza. La inteligencia de estado es un área en constante revisión y sus mecanismos de desenvolvimiento están sujetos a fuertes presiones competitivas en un entorno cada vez más global.

2) El segundo grupo de funciones son las de seguridad, orden público y administración de justicia. Seguramente es, con mucho, la más importante de las funcionalidades del estado y sus bienes y servicios típicos tienen el más alto valor agregado de lo público frente a la sociedad. Porque el estado debe garantizar la vida de sus ciudadanos y promover los mecanismos de convivencia que permitan la mayor suma de libertad posible para sus ciudadanos. En este grupo se centra la mayor parte de la discusión ideológica. El motivo es el concepto de justicia, que hace referencia a principios y valores establecidos como normas y protegidos por el estado, sin que pueda aclararse mucho desde las ciencias y técnicas de gobierno qué tan justa o injusta pueden ser las normas, que siempre se relativizan en función del interés de los particulares. Sin embargo, las ciencias y técnicas de gobierno pueden hacer un aporte modesto y relativamente sencillo para este grupo de funciones del estado: medir sistemática e históricamente sus resultados. Es un principio básico de gestión efectiva. Por ejemplo, si a través de alguna ley y sus mecanismos de administración se pretende generar riqueza y empleo (es decir, una ley que desarrolla políticas económicas) y luego de años de su aplicación, los indicadores que pretendía afectar no han mejorado, quizá han empeorado, cabe preguntarse si la ley (o sus mecanismos de administración) estarán errados. Quizá caben algunas afirmaciones generales sin entrar en el tema ideológico. Por ejemplo, si un estado no garantiza que sus ciudadanos no pierdan la vida a manos de otros (haciendo que un evento en el que un ciudadano la pierda por intención de otro se convierta en objeto especial de atención, interés, planificación y acción efectiva) está claro que está fallando en este grupo. Pareciera inevitable hablar de tareas de vigilancia y prevención del delito. Otros servicios típicos vinculados con la administración de justicia incluyen la reclusión y reeducación de los transgresores.

3) Regulaciones y acciones fiscalizadoras y penales para proteger el patrimonio natural y arquitectónico de carácter público, para evitar los usos y abusos que deterioren estos recursos o limiten su disfrute actual y futuro por parte de los ciudadanos.

4) Labores de mantenimiento y servicio preventivo y reparador para las áreas públicas, así como para sus infraestructuras y equipamientos.

5)Un quinto grupo de tareas guarda relación con bienes y servicios públicos de carácter económico (sin considerar las tareas de recolección de recursos para el funcionamiento del estado, es decir, la función tributaria):
5.1. Promoción del libre acceso al mercado por parte de los particulares para ofrecer y demandar bienes y servicios, así como promover la restricción a las prácticas monopólicas por parte de cualquier particular o empresa oferente de bienes y servicios.
5.2. Provisión de moneda oficial y regulación de su circulación para proteger su valor.
5.3. Promover recursos financieros para préstamos de última instancia a los bancos, evitando crisis de confianza y pánico financiero.
5.4. Promover acuerdos que faciliten el intercambio de mercancías y factores productivos (capital y trabajo) entre nacionales y de estos con personas, empresas y gobiernos extranjeros. Promover los mecanismos que eviten que estas facilidades supongan ejercicios de competencia desleal de productores extranjeros con los nacionales, a través de la aplicación de tasas y aranceles que compensen los subsidios que pudieran estar recibiendo los extranjeros (medidas anti dumping).
5.5. Regular y fiscalizar los sistemas de medición.
5.6. Regular, proteger y fiscalizar el aprovechamiento de la propiedad privada sin más limitaciones que las establecidas en la ley, especialmente lo relativo al aprovechamiento de marcas, licencias, patentes, derechos sobre innovaciones y otras formas de propiedad intelectual.

6) Los servicios de salud para la ciudadanía, especialmente:
6.1. El tratamiento de aguas (filtración y cloración) disponibles para consumo humano y el tratamiento de aguas servidas (especialmente en áreas urbanas).
6.2. Las actividades de prevención de enfermedades potencialmente epidémicas, como programas de vacunación, regulación de la disposición de agentes tóxicos, regulación y promoción de la clasificación, disposición, recolección y reciclaje de desechos sólidos.
6.3. Las labores de educación y prevención destinadas a evitar comportamientos nocivos para la salud (malnutrición, embarazo precoz, accidentes de tránsito vinculados con conductas temerarias o consumo de sustancias peligrosas, consumo de estupefacientes, entre otras).
6.4. La promoción del acceso igualitario en condiciones de buena calidad para todos los ciudadanos a la atención primaria en salud.
6.5. La subvención y promoción de servicios especializados y super especializados de salud.

7) La regulación y provisión de servicios educativos y culturales, especialmente:
7.1. Regulación y garantía de acceso a la educación preescolar y básica, dedicada a la socialización común y obligatoria de la ciudadanía y la generalización de ciertas capacidades vinculadas a múltiples interacciones culturales (leer, escribir, sumar, restar, multiplicar y dividir cualquier número) y conocimientos del entorno (naturaleza, medio social, expresión artística, idiomas alternativos y telemática).
7.2. Regular y ofrecer oportunidades educativas de formación media y de oficio, vinculadas estrechamente al mercado laboral y generadoras de condiciones para el acceso a actividades remuneradas de los jóvenes que se aproximan a la mayoría de edad.
7.3. Ofrecer servicios culturales y deportivos que faciliten el acceso a todos a prácticas interactivas física y emocionalmente saludables.

8) La construcción de grandes infraestructuras, especialmente:
8.1. Las vinculadas con el almacenamiento y distribución de agua potable.
8.2. Las vinculadas con el saneamiento de aguas servidas, especialmente en las grandes ciudades (circuitos de cloacas y plantas de tratamiento y reaprovechamiento).
8.3. Las vinculadas con las comunicaciones dentro del territorio y de los nacionales con los extranjeros (puentes, puertos, aeropuertos, vías férreas, túneles, carreteras urbanas e interurbanas, etc).
8.4. Las vinculadas con los planes estratégicos de defensa.
8.5. Las vinculadas con la previsión de desastres naturales (diques, canalizaciones, refugios, etc).
8.6. Las vinculadas con las prácticas culturales y deportivas masivas.

9) Protección de grupos vulnerables, especialmente:
9.1. Discapacitados físicos y mentales, promoviendo su acceso a tratamientos paliativos y correctivos, así como actividades de integración y reinserción. Eventualmente también su acceso a rentas que incrementen su autonomía para aquellos más desfavorecidos.
9.2. Protección, atención y cuidado para ancianos solos y enfermos desprotegidos.
9.3. Niños y adolescentes desprotegidos, para garantizar su acceso a alimentos, educación básica y salud hasta su sustentación básica.
9.4. Protección de minorías en grave riesgo de exclusión y/o agresión por razones de raza, credo, ideas políticas u otras.
9.5. Familias en condición de pobreza extrema, contribuyendo con medidas que les permita acceder a rentas de sustentación básica y acciones que estimulen su inserción productiva.

10) Promoción del acceso igualitario a todos los bienes y servicios básicos por parte de todos los ciudadanos, así como selección y promoción de los mejores talentos para estimular y promover su desenvolvimiento en los roles más necesarios para la sociedad (líderes políticos, educadores, jueces, militares, policías, personal asistencial, investigadores...) a través de incentivos y becas.

11) Generación de confianza para la promoción de la inversión, la producción y el empleo. Sin producción la sociedad no se sustenta a sí misma y se vuelven "no financiables" las actividades de gobierno, limitando su alcance, su calidad y, lo que resulta aún más común, estimulando a los gobernantes de turno a violar algunos de los principios básicos de administración eficiente (por ejemplo, fabricando dinero inflacionario o endeudando al país sin respaldo en inversiones productivas para generar los recursos que paguen el endeudamiento).

12) La promoción de investigaciones básicas en áreas de controversial exposición por parte de particulares, empresas y organizaciones no gubernamentales. La promoción de la investigación aplicada en áreas de beneficio potencial para el estado (por ejemplo, por liberar costos futuros en tratamientos de salud) y de toda la sociedad.

Aunque quepan imaginar centenares de funciones adicionales necesarias y quizá ya para muchos esta lista extralimite funciones (por aquello de las divergencias ideológicas) una lista sencilla de doce elementos sirve para evaluar funciones de gobierno. De hecho, si se quita la promoción del acceso al libre mercado y la protección de la propiedad privada, podrían servir de base a un gobierno socialista como el de Chávez. Ojalá los socialistas le reclamaran a su gobernante el cumplimiento de las funciones de gobierno. Muchas veces, a cuenta de cambiar el sistema, enfrentar el capitalismo, construir al hombre nuevo, luchar por la igualdad para todos o otros supuestos retos "urgentes" para la sociedad, se olvidan las funciones de gobierno y se reduce la calidad de vida de la gente y el potencial competitivo de sus emprendimientos.

Más adelante se abordarán áreas complementarias de intervención que pueden tener aún menos consenso que estas.

También se abordará el cómo de las acciones de gobierno, entendiendo que esto abre aún más el espacio de discusión ideológica.

lunes, 12 de diciembre de 2011

La suma de nosotros y el orgullo nacional

Luego de 13 años de esta nueva etapa en la vida del Monstruo, algunos reafirman sus convicciones aristocráticas con respecto al criterio del pueblo venezolano para elegir gobernante y reafirman su opinión en torno a formas de despotismo ilustrado, algunas profundamente bolviarianas, que devuelvan rumbo al país (o se lo den de inicio por creer que quizá nunca lo tuvo, no todos los aristócratistas son iguales).

Otras figuras de aristrocratismo piensan que el pueblo no está en condiciones de elegir por si mismo a alguien útil para mejorar el país pero, a diferencia de los anteriores, creen que ni siquiera debe saber que por ellos otros deciden y prefieren que la solución tenga apariencias democráticas. Anhelan el corporativismo político y la articulación de élites básicas con el Estado para construir un nuevo pacto de estabilidad, con elecciones que permitan la elección "sin sorpresas".

No olvidemos considerar también a la mala versión de los anteriores que simplemente prefiere hacer esto sin pacto y centrarse en el control del Estado desde una única gran élite plutocrática unipartidista (tipo PRI mejicano) o, para ser más realistas, unicaudillista (tipo chavismo venezolano), que el partido no es más que un canal más de repartición de prebendas clientelares. Las demás élites son prescindibles y la dualidad líder-pueblo es suficiente para perpetuar el tutelaje.

Lo que me llama la atención es la capacidad que tienen estas mismas personas para fortalecer su orgullo nacional a partir de cualquier detalle y recrear un imaginario de grandeza nacional a partir de una gesta del pasado histórico, o deportiva, artística, científica...Se trata de algo así como "...somos el mejor país del Mundo, que lástima que estábamos gobernados por Fulano..." o bien " lástima que estemos gobernados hoy por Mengano..."

Pocos comentan "...estoy cansado de mi condición nacional, mis compatriotas me cargan muy molesto, no es posible que hagan lecturas tan palurdas de su realidad, creo que estamos fregados y tendremos graves problemas para afrontar el futuro más allá del gobernante Zutano, porque el problema está en el conjunto de principios y valores que se desprenden de nuestros comportamientos cotidianos..." o bien "...quizá el país tenga futuro, pero si seguimos comportándonos así, lo estamos comprometiendo y no hago bien reafirmándole mi cariño al gentilicio que tan mayoritariamente veo equivocarse...", algo así como "...el pueblo está equivocado y se reafirma en una relación parasitaria, lo que demuestra sus problemas psíquicos, que de no resolverse continuarán llenándonos de vergüenza frente a otros, frente a nosotros mismos, frente a las generaciones porvenir..."

Al fin y al cabo la política consiste en la creación, divulgación, fortalecimiento y recreación de múltiples formas de esperanza, de tal modo que la gente asuma como propios los mensajes de sus líderes y participen de las iniciativas que estos les sugieren para impulsar algún proyecto. La esperanza de nación es su último aliento y vivirá mientras humanos vinculados al territorio y la cultura que la constituyen, logren reproducir esta esperanza a través de cualquier "escena" que contribuya a mejorar su autopercepción actual o potencial. Supongo que por ello, sin que parezca importar el tamaño y duración de los errores, nos regodeamos en nuestra miseria y hacemos fiesta casi sin cordura.

Si actuamos como nacionales y participamos del rumbo de este invento decimonónico llamado Venezuela, deberíamos ser más capaces de comprendernos y aceptarnos como comunidad, con sus borracheras, malandrerías, desórdenes, abusos y pérdidas de referentes sobre gestión pública (confundiendo, por ejemplo, gobierno con reparto de migajas rentistas y formalismos de pseudomodernidad empastelados con colores, cantos y sueños rancios de hombre nuevo),pero sin autocomplacencias, con vergüenza. Acepto a mis compatriotas y ser venezolano es, en buena medida, asumir que mi conducta es irresponsable, inmadura y que, además, tengo costumbres y prácticas culturales que me parecen despreciables (a mí, personaje de cualquier élite aparentemente modernizadora).

Si el pueblo es la suma de nosotros y nos motiva la nación, hacer nación es cambiar la perspectiva personal del ejercicio ciudadano y motivar a todos para que al sumarnos seamos un resultado mejor que el anterior. De resto, dejemos el orgullo, que nos hace perder coherencia.

Suena terriblemente artistocrático y seguramente no tiene viabilidad en términos de mercadotecnia política, pero en situaciones como la nuestra la simple coherencia es cada vez más una fuente referencial para fundar iniciativas de reconstrucción.

El reto para el liderazgo emergente es enorme. Lo estamos haciendo mal, no sólo los líderes, también los que los elegimos, aunque decirlo en este país no suena bien.

Si llamamos al orgullo, hagámoslo reafirmando lo que nos hace sentir orgullosos y lo que no, que no parezca que todo vale y que todos valemos. Qué bien me siento al ver a muchos de mis compatriotras levantarse de noche y trabajar todo el día con buen humor para llevar pan a los suyos (y a continuación...) que lamentable aquellos que se agarran de un cargo aunque no estén produciendo nada y se ponen una franela de color sólo para que le mantengan en nómina o el que se dice padre cuando no le para a sus hijos y gasta su dinero en fiesta y caña.

Un buen camino para rearmar el orgullo malgastado puede ser identificar errores, plantear con claridad cambios radicales en nuestra concepción de las relaciones Estado-Sociedad, auditar a cada líder que ofrezca más de lo mismo para aclararle que no vale todo en este juego. Y asumamos la vergüenza y el deshonor de la suma hoy.