En el 18 brumario, Marx parafrasea al Hegel que se refiere a la inevitable repetición de los hechos históricos, para añadir (Marx) que siempre suceden en una primera ocasión como tragedia y en la segunda como farsa.
Probablemente nuestros historiadores hayan dejado ya suficientemente claro, al menos todo lo claro que a la luz de las técnicas históricas puede dejarse algo, el carácter no revolucionario de nuestra gesta independentista. Probablemente Bolívar y muchos de nuestros próceres nacionales habían "inhalado" la droga de la primera revolución francesa y también la norteamericana. Desde este punto de vista, los procesos independentistas de principios del XIX fueron hijos todos de la revolución. Pero no cabe añadirles mucho más en términos revolucionarios (no al menos a los latinoamericanos), no crearon una nueva visión republicana, tal vez ni siquiera mejoraran las existentes. Probablemente es válido pensar que las ambiciones criollas se circunscribían a la toma de decisiones económicas y políticas, sin dejar de advertir el importante trasiego transformador de la institución republicana (aún reconociendo que en Latinoamérica más de uno se planteó por aquellos días la idea de una monarquía criolla).
Luego de eso y de los derramamientos de sangre para la constitución nacional que no cesarían hasta entrado el siglo XX, Venezuela no conoce otro proceso de cambio tan trascendental como la revolución populista adeca. Por primera vez el pueblo se constituye en sujeto protagonista de un movimiento político más o menos articulado y el campesinado en proceso de urbanización llega a cuestionar el estatus quo y el dominio militar y caudillista de la República.
No es el propósito de esta nota evaluar los alcances de ese proceso revolucionario (es mi humilde opinión que la humanidad sólo ha conocido dos revoluciones desde que existe el homo sapiens, la revolución neolítica y la revolución capitalista, en la que aún estamos inmersos) pero cabría ya hacer una valoración comparada con el proceso bolivariano chavista.
Ambos procesos vivieron las mismas contradicciones. Los líderes adecos se distanciaron del socialismo científico y pronto lo convirtieron en enemigo (sentando las bases de lo que los comunistas considerarían como traición al proceso histórico mismo) y orientando el movimiento como tendencia policlasista hacia el estado de derecho liberal tradicional. Chávez, por su parte, renegó de las ideas comunistas durante varios años (para algunos sólo ocultándolas por razones tácticas, para otros porque no había madurado aún su propia propuesta) para luego incorporarlas gradualmente a su discurso y orientar abiertamente su modelo a los ideales ejemplarizados por la Cuba castrista.
Quizá el bolivarianismo chavista no sea repetición histórica de los movimientos del 45 y más bien emulen entonces los de la Cuba del 58. Ambos antecedentes parecieran tener mayores visos de tragedia y, comparados con ambos, pareciera quedar la revolución chavista como farsa. Chávez acentúa el manejo mercantilista del petróleo para aprovechar sus rentas y financiar toda clase de exabruptos estatistas, sin considerar mayor transformación en las relaciones sociales de producción que la que se genere a partir de este mismo reparto. Si alguien de su mismo grupo le deja saber que han hecho multimillonarios a varios "revolucionarios" tal vez lo considere un costo especial del proceso o simplemente una mentira de la subversión burguesa.
Si los procesos históricos se repiten y si, según el mismo Marx, la primera vez suceden como tragedia y la segunda como farsa, somos entonces testigos excepcionales de uno de los actos más largos y repetitivos del teatro latinoamericano. Tal vez a algunos les quede como tranquilidad, precisamente, el hecho de que no se haya convertido, por los momentos, en tragedia.
viernes, 20 de noviembre de 2009
lunes, 9 de noviembre de 2009
La guerra por venir
Anuncios de guerra en boca de líderes y seguidores. "Cualquier batalla ideológica es mejor que la batalla de gobernar", piensan desde las mesetas del Estado enfermo. Si hubiese que hacer un inventario de políticas públicas (muchas aún activas) dirigidas intencionalmente a la derrota política de un adversario, a la polarización ideológica de los ciudadanos, a la orientación dogmática con recursos del Estado, la relación sería tan larga y dolorosa que dejaría poco espacio para la especulación.
Seguramente todos los estados nacionales y sus administradores eventuales utilizan sus poderes coyunturales para avanzar en la batalla política, muchas veces centrada más en la confrontación con los alternativos del poder que en la lucha por los avances del desarrollo en beneficio de los colectivos. Pero la diferencia entre nuestro monstruo enfermo y cualquier estado nacional, es que su debilidad le ha hecho perder cualquier perspectiva de diferenciación entre representación y omnipotencia, legitimidad y absolutismo.
Cuando se cambian las reglas competenciales del Estado para disminuir el poder de gestión de gobernadores y alcaldes electos, cuando se ordena a una compañía eléctrica que deje de actuar como agente recaudador de impuestos municipales porque el Alcalde dejó de ser del color del administrador nacional (dueño de la compañía eléctrica), tal vez las discusiones previas que originaron estas políticas llegaron a guardar ciertas formas básicas de política de Estado, por ejemplo: "...la irresponsabilidad sería no quitarles esas competencias, porque son ladrones de la cuarta república, antirevolucionarios, vendepatrias..."
Gobernar es tan complejo...Reducirlo a un ejercicio personalista del poder y pretender salir vivos del intento nos retrotrae históricamente como país y como sistema. Sólo la droga del petróleo permite semejante sandez. Sólo ese estimulante externo nos apertrecha para una fiesta continuada que sólo habrá de acabar, no ya en ratón como cualquier escapadita entre amigos, sino en emergencia hospitalaria con diversos síndromes que comprometerán la vida del enfermo, en este caso, de toda la Nación, que verá cuestionada su integridad y soberanía como nunca antes desde 1830.
La guerra por venir es una de los ciudadanos con su adicción y luego de los ciudadanos con su Estado-Monstruo. Sólo con la más exigente combinación de liderazgos y un grandísimo sacrificio estratégico colectivo, abandonaremos la mísera rendición a la droga nacional socialista rentista patrimonialista caudillista, para darle cabida a un proyecto de nación moderna.
Seguramente todos los estados nacionales y sus administradores eventuales utilizan sus poderes coyunturales para avanzar en la batalla política, muchas veces centrada más en la confrontación con los alternativos del poder que en la lucha por los avances del desarrollo en beneficio de los colectivos. Pero la diferencia entre nuestro monstruo enfermo y cualquier estado nacional, es que su debilidad le ha hecho perder cualquier perspectiva de diferenciación entre representación y omnipotencia, legitimidad y absolutismo.
Cuando se cambian las reglas competenciales del Estado para disminuir el poder de gestión de gobernadores y alcaldes electos, cuando se ordena a una compañía eléctrica que deje de actuar como agente recaudador de impuestos municipales porque el Alcalde dejó de ser del color del administrador nacional (dueño de la compañía eléctrica), tal vez las discusiones previas que originaron estas políticas llegaron a guardar ciertas formas básicas de política de Estado, por ejemplo: "...la irresponsabilidad sería no quitarles esas competencias, porque son ladrones de la cuarta república, antirevolucionarios, vendepatrias..."
Gobernar es tan complejo...Reducirlo a un ejercicio personalista del poder y pretender salir vivos del intento nos retrotrae históricamente como país y como sistema. Sólo la droga del petróleo permite semejante sandez. Sólo ese estimulante externo nos apertrecha para una fiesta continuada que sólo habrá de acabar, no ya en ratón como cualquier escapadita entre amigos, sino en emergencia hospitalaria con diversos síndromes que comprometerán la vida del enfermo, en este caso, de toda la Nación, que verá cuestionada su integridad y soberanía como nunca antes desde 1830.
La guerra por venir es una de los ciudadanos con su adicción y luego de los ciudadanos con su Estado-Monstruo. Sólo con la más exigente combinación de liderazgos y un grandísimo sacrificio estratégico colectivo, abandonaremos la mísera rendición a la droga nacional socialista rentista patrimonialista caudillista, para darle cabida a un proyecto de nación moderna.
lunes, 26 de octubre de 2009
Gestión compleja y vindicaciones socialistas
El Estado venezolano como problema no salta a la vista de todos y por tanto es poco lo que se puede esperar del comportamiento electoral nacional corriente. El Estado está enfermo pero su primera y más contaminante interacción es con los votantes venezolanos. El venezolano, desciudadanizado por décadas de desgobierno, sigue atendiendo cantos de sirena.
La gestión de cualquier crisis, aún más si tiene rasgos estructurales como la de este país, requiere la aplicación de unos principios mínimos de interacción compleja, requiere maximizar la capacidad de representación y, sin abusar de ella, utilizar el impulso del liderazgo para gestionar pequeños avances entre múltiples actores que pongan en marcha al país como un todo; para que, además, lo hagan como una máquinaria cuyo camino entusiasme a un buen grupo y resulte razonable para la mayoría, tolerable para otros, intolerable para prácticamente nadie. Esa es la complejidad que requiere gobierno. No es igual gobernar un cuartel o una hacienda. Aún menos si lo hacemos desde el plano de la peor de las ignorancias, la del que no sabe que no sabe.
Si además aportamos un discurso inmoderado y anunciamos las maravillas del mundo porvenir (el socialismo) sin considerar forma alguna de transición viable y, peor aún, sin considerar seriamente qué carácterísticas tiene ese nuevo mundo, el asunto tiene todos los ingredientes para que explote la olla.
El socialismo, como invento filosófico y económico marxista no tiene sentido ni aplicabilidad. Los estados nacionales que acogieron sus consignas se vieron en la angustiante tarea de inventar sus aplicaciones para resolver cotidianidades varias de la producción, la distribución, la inversión, el consumo, el ahorro, la innovación, la creatividad, la eficiencia...En general, es doloroso para cualquier gobernante socialista bien intencionado descubrir, por ejemplo, que no existe ciencia económica socialista y si hay que inventar una es riesgoso en términos de tiempo y recursos para la ciudadanía necesitada de respuestas.
Descubren (insisto, los bienintencionados, que no creo que sean los que hoy nos gobiernan) que las paradojas del salario, el sobretiempo, las vacaciones, las prestaciones sociales, la libre sindicación y otros asuntos típicos de la organización obrera, pasan por la asunción previa de su carácter profundamente capitalista, sin hablar de su estructura orgánica incrustada en el corazón del meollo social del valor (algo que depende de cada agente económico y su esquema de satisfacción de necesidades personales), el precio y las asignaciones sociales para satisfacer necesidades infinitas con recursos escasos.
Uno de los últimos que intentó inventar un modelo alternativo, Carlos Marx (aunque usando igual categorías como ingresos, salarios, producción, ahorro e inversión, porque clásico era él al fin y al cabo) fue superado y respondido en la fundamentación básica de su modelo por marginalistas contemporáneos a él mismo y, seguramente, murió conociendo sus modelos (los de aquellos) para descubrir las fallas en el propio.
Ciento cincuenta años después la ilusión vindicativa socialista aún campea en aldeas marginales del planeta. Se apodera sin dificultades de África y amenaza con el dominio político en América Latina. Son los últimos estertores de un fantasma, esta vez cierto, enfermo de retórica y vacío de estructura, pero aún capaz de convocar a muchos que se adhieren a las vindicaciones por considerar que ayudan mejor a enfrentar sus desdichas, sólo enjuagables a largo plazo con un ejercicio de ciudadanía que le ha sido adecuadamente negado.
El socialismo de los no pobres o de los cada vez menos pobres (chinos y rusos y algunos centroeuropeos) quedará cada vez más desdibujado por el pragmatismo de gobernantes que gestionan la complejidad y aprovechan, en la medida de lo posible, las reglas del sistema.
Para socialistas que financian sus fantasías (cual conserje dependiente de varias drogas) con esfuerzos productivos externos (trabajados fuera de su condominio-cuartel, de su condominio-hacienda) lo que queda es que los pocos obreros y empresarios que queden en pie en medio de sus bacanales, retomen una iniciativa de desintoxicación y ofrezcan alguna alternativa a los que siguen naciendo.
La gestión de cualquier crisis, aún más si tiene rasgos estructurales como la de este país, requiere la aplicación de unos principios mínimos de interacción compleja, requiere maximizar la capacidad de representación y, sin abusar de ella, utilizar el impulso del liderazgo para gestionar pequeños avances entre múltiples actores que pongan en marcha al país como un todo; para que, además, lo hagan como una máquinaria cuyo camino entusiasme a un buen grupo y resulte razonable para la mayoría, tolerable para otros, intolerable para prácticamente nadie. Esa es la complejidad que requiere gobierno. No es igual gobernar un cuartel o una hacienda. Aún menos si lo hacemos desde el plano de la peor de las ignorancias, la del que no sabe que no sabe.
Si además aportamos un discurso inmoderado y anunciamos las maravillas del mundo porvenir (el socialismo) sin considerar forma alguna de transición viable y, peor aún, sin considerar seriamente qué carácterísticas tiene ese nuevo mundo, el asunto tiene todos los ingredientes para que explote la olla.
El socialismo, como invento filosófico y económico marxista no tiene sentido ni aplicabilidad. Los estados nacionales que acogieron sus consignas se vieron en la angustiante tarea de inventar sus aplicaciones para resolver cotidianidades varias de la producción, la distribución, la inversión, el consumo, el ahorro, la innovación, la creatividad, la eficiencia...En general, es doloroso para cualquier gobernante socialista bien intencionado descubrir, por ejemplo, que no existe ciencia económica socialista y si hay que inventar una es riesgoso en términos de tiempo y recursos para la ciudadanía necesitada de respuestas.
Descubren (insisto, los bienintencionados, que no creo que sean los que hoy nos gobiernan) que las paradojas del salario, el sobretiempo, las vacaciones, las prestaciones sociales, la libre sindicación y otros asuntos típicos de la organización obrera, pasan por la asunción previa de su carácter profundamente capitalista, sin hablar de su estructura orgánica incrustada en el corazón del meollo social del valor (algo que depende de cada agente económico y su esquema de satisfacción de necesidades personales), el precio y las asignaciones sociales para satisfacer necesidades infinitas con recursos escasos.
Uno de los últimos que intentó inventar un modelo alternativo, Carlos Marx (aunque usando igual categorías como ingresos, salarios, producción, ahorro e inversión, porque clásico era él al fin y al cabo) fue superado y respondido en la fundamentación básica de su modelo por marginalistas contemporáneos a él mismo y, seguramente, murió conociendo sus modelos (los de aquellos) para descubrir las fallas en el propio.
Ciento cincuenta años después la ilusión vindicativa socialista aún campea en aldeas marginales del planeta. Se apodera sin dificultades de África y amenaza con el dominio político en América Latina. Son los últimos estertores de un fantasma, esta vez cierto, enfermo de retórica y vacío de estructura, pero aún capaz de convocar a muchos que se adhieren a las vindicaciones por considerar que ayudan mejor a enfrentar sus desdichas, sólo enjuagables a largo plazo con un ejercicio de ciudadanía que le ha sido adecuadamente negado.
El socialismo de los no pobres o de los cada vez menos pobres (chinos y rusos y algunos centroeuropeos) quedará cada vez más desdibujado por el pragmatismo de gobernantes que gestionan la complejidad y aprovechan, en la medida de lo posible, las reglas del sistema.
Para socialistas que financian sus fantasías (cual conserje dependiente de varias drogas) con esfuerzos productivos externos (trabajados fuera de su condominio-cuartel, de su condominio-hacienda) lo que queda es que los pocos obreros y empresarios que queden en pie en medio de sus bacanales, retomen una iniciativa de desintoxicación y ofrezcan alguna alternativa a los que siguen naciendo.
domingo, 6 de septiembre de 2009
Cultura y Nación en Venezuela
Los venezolanos tenemos antecedentes oblicuos en nuestra construcción nacional. Había indígenas americanos cuando llegaron los españoles y ellos trajeron luego esclavos africanos para trabajar. Medio mundo cruzado da lugar a una Latinoamérica desdibujada en el espejo. Venezuela, además, descubre fuentes de energía al final del ciclo que haría valer especialmente la energía.
Aquel mundo de humanos transgenizados se enfrenta a reglas universales humanas: mejor más fácil. Mejor sin mayor esfuerzo. Bueno tener lo que otros no tienen y valoran. Viva la fiesta.
Otros evolucionan y despliegan su conocimiento (valor universal de la evolución primate humana) para controlar el medio, para aprovechar ventajas y prosperar. Prosperar en entornos siempre difíciles es ley básica, fácilmente universalizable.
Pero aún más básico es disfrutar de un entorno propicio. El humano primitivo, si descubriera un mar de alimento y goce, sin costos, lo aprovecharía hasta saciarse. Si no se agota rápidamente, sus hijos nacerían y crecerían con la creencia de que la vida es fácil.
El rentismo es una condición conocida por el hombre. Por poco usual no es menos conocida. Es una aspiración humana básica, aún en los que se crían y educan bajo conceptos de aprovechamiento productivo.
Explicarle a un venezolano que, dado el conocimiento actual de su condición humana, su pobreza está vinculada a su capacidad de hacer y saber hacer, no es sencillo. No en medio de la fiesta.
Venezuela es relegable. Está claro. No ayuda. Bebe whisky y disfruta ilusiones de hombre nuevo, ni siquiera aquel viejo surgido del barbudo alemán que creyó explicar la historia humana a partir del esfuerzo y propuso construir con esos principios (los mismos de los que habrían de construir la economía clásica) una sociedad de hombres nuevos. No. Tal vez eso perdure un poco más. En Venezuela, el rezago será brutal porque sueña gracias al efecto de la droga.
El futuro de la nación y la cultura venezolana, de por sí condicionada por la evolución global de estos conceptos, está condicionada por su capacidad de sobreponerse cuanto antes a las resacas que le dejan su borrachera y comenzar a reconocer su adicción y trabajando para iniciar una nueva vida post dependiente.
Tal vez el Dios que le dio el acceso a la droga rentista, le haya dado también otras condiciones para superar su adicción.
Aquel mundo de humanos transgenizados se enfrenta a reglas universales humanas: mejor más fácil. Mejor sin mayor esfuerzo. Bueno tener lo que otros no tienen y valoran. Viva la fiesta.
Otros evolucionan y despliegan su conocimiento (valor universal de la evolución primate humana) para controlar el medio, para aprovechar ventajas y prosperar. Prosperar en entornos siempre difíciles es ley básica, fácilmente universalizable.
Pero aún más básico es disfrutar de un entorno propicio. El humano primitivo, si descubriera un mar de alimento y goce, sin costos, lo aprovecharía hasta saciarse. Si no se agota rápidamente, sus hijos nacerían y crecerían con la creencia de que la vida es fácil.
El rentismo es una condición conocida por el hombre. Por poco usual no es menos conocida. Es una aspiración humana básica, aún en los que se crían y educan bajo conceptos de aprovechamiento productivo.
Explicarle a un venezolano que, dado el conocimiento actual de su condición humana, su pobreza está vinculada a su capacidad de hacer y saber hacer, no es sencillo. No en medio de la fiesta.
Venezuela es relegable. Está claro. No ayuda. Bebe whisky y disfruta ilusiones de hombre nuevo, ni siquiera aquel viejo surgido del barbudo alemán que creyó explicar la historia humana a partir del esfuerzo y propuso construir con esos principios (los mismos de los que habrían de construir la economía clásica) una sociedad de hombres nuevos. No. Tal vez eso perdure un poco más. En Venezuela, el rezago será brutal porque sueña gracias al efecto de la droga.
El futuro de la nación y la cultura venezolana, de por sí condicionada por la evolución global de estos conceptos, está condicionada por su capacidad de sobreponerse cuanto antes a las resacas que le dejan su borrachera y comenzar a reconocer su adicción y trabajando para iniciar una nueva vida post dependiente.
Tal vez el Dios que le dio el acceso a la droga rentista, le haya dado también otras condiciones para superar su adicción.
La Nación: de mi barrio y poco más
Hasta hace poco mi motivación liberal me llevaba, saludablemente, a cuestionar cualquier principio homogeneizador. Sin embargo, cada vez más, me siento urgido a esgrimir argumentos universalistas, a promover una forma de ser humano y terrestre, a enfrentar cualquier principio doctrinario que pretenda abocarse derechos precarios.
No voy a definir derechos precarios. No aquí ni ahora. Escribo ahora para enfrentar, quizá con más emoción que auténtico saber, el nacionalismo, cualquiera. Pocas doctrinas hacen tanto daño, desde la izquierda y desde la derecha.
Nací en Maracaibo, Venezuela, hijo de vasca y canario. Escribo esto desde Buenos Aires y luego de un partido de fútbol (Argentina Brasil)que exacerba aquí los sentimientos patrios, de por sí fuertes.
No creo en nacionalismo alguno, creo que hacen daño los nacionalismos. Recientemente vi una noticia sobre un congreso internacional de astronomía enfocado en las posibilidades de identificar vida en otros planetas. En la entrevista a su presidente, un catalán, ubica en dos o tres décadas la posibilidad de encontrar definitivamente vida en otros planetas.
Estamos en un patio. Nos revolvemos en él como lo haría cualquier primate. Pero la humanidad, como concepto, requiere superar la estrechez nacional para encontrar espacios de universalización aún mayores que los logrados. Lo local puede ser promovido y motivado, pero con el impuesto presupuestado (como el iva) de no limitar ciertas condiciones primarias y universales en nuestra génesis y proyección.
Así, el barrio, la comarca, debe ser el espacio único de nuestro apego terrestre. Luego de eso, la nación...UHMMM Sí, tal vez la comarca de comarcas, algo de la cultura que nos une y nos hace diferentes a...OTROS HUMANOS. Pero con preponderancia humana. Sin graves distinciones entre Senegal y Menphis, entre Tokio y Guadalajara (da igual si la de México o la de España)sin trabas al estatus vital terrestre (que no debiera ser tampoco muy estricto, porque llegarán OTROS...).
La ideología del desarrollo es la de la Tierra como todo y nosotros como parte. Sólo así la sustentabilidad tiene sentido. El aire de todos. El agua de todos. Pero también las empresas de todos y el gobierno de todos.
Me siento primario y prehistórico planteando esto. Seguro será un lugar común pronto.
No voy a definir derechos precarios. No aquí ni ahora. Escribo ahora para enfrentar, quizá con más emoción que auténtico saber, el nacionalismo, cualquiera. Pocas doctrinas hacen tanto daño, desde la izquierda y desde la derecha.
Nací en Maracaibo, Venezuela, hijo de vasca y canario. Escribo esto desde Buenos Aires y luego de un partido de fútbol (Argentina Brasil)que exacerba aquí los sentimientos patrios, de por sí fuertes.
No creo en nacionalismo alguno, creo que hacen daño los nacionalismos. Recientemente vi una noticia sobre un congreso internacional de astronomía enfocado en las posibilidades de identificar vida en otros planetas. En la entrevista a su presidente, un catalán, ubica en dos o tres décadas la posibilidad de encontrar definitivamente vida en otros planetas.
Estamos en un patio. Nos revolvemos en él como lo haría cualquier primate. Pero la humanidad, como concepto, requiere superar la estrechez nacional para encontrar espacios de universalización aún mayores que los logrados. Lo local puede ser promovido y motivado, pero con el impuesto presupuestado (como el iva) de no limitar ciertas condiciones primarias y universales en nuestra génesis y proyección.
Así, el barrio, la comarca, debe ser el espacio único de nuestro apego terrestre. Luego de eso, la nación...UHMMM Sí, tal vez la comarca de comarcas, algo de la cultura que nos une y nos hace diferentes a...OTROS HUMANOS. Pero con preponderancia humana. Sin graves distinciones entre Senegal y Menphis, entre Tokio y Guadalajara (da igual si la de México o la de España)sin trabas al estatus vital terrestre (que no debiera ser tampoco muy estricto, porque llegarán OTROS...).
La ideología del desarrollo es la de la Tierra como todo y nosotros como parte. Sólo así la sustentabilidad tiene sentido. El aire de todos. El agua de todos. Pero también las empresas de todos y el gobierno de todos.
Me siento primario y prehistórico planteando esto. Seguro será un lugar común pronto.
domingo, 21 de junio de 2009
Dime con quien andas y te diré quien eres
En el típico discurso de izquierda revolucionaria, el progreso de la humanidad es limitado por fuerzas reaccionarias que impiden elevar el bienestar colectivo y extender un manto de nueva ciudadanía a los habitantes del Mundo, casi siempre motivados por los más perversos intereses de clase, afanosamente enredados en la maraña institucional burguesa surgida a partir de los estados nación post feudales.
El progreso, la emancipación de la mujer, del obrero, la lucha contra las injusticias, desigualdades y contra todos los principios y valores que traen la oscuridad a las vidas humanas, que limitan su libertad y criterio, que cercenan sus potencialidades, son parte de un ideario de por sí contradictorio, pero que además se enfrenta a terribles desequilibrios discursivos internos, cuando se requiere construir "la dictadura del proletariado".
Traer a colación este tema es hoy pertinente por las alianzas estratégicas que propicia este tragicómico régimen revolucionario de izquierda que nos vende el Mago de Sabaneta. El asunto pareciera ir más allá de las alianzas coyunturales contra el imperio del mal, tan diabólico, pensará Chávez, que utiliza ahora a un líder negro para representarle ante el mundo y, bien se sabe que, siendo negro, debemos considerarle bueno, al igual que los indígenas americanos, por sufrir tanto en manos de los blancos. Además con ese nombre, Barak Hussein, con ese origen humilde, con esos modales y ese porte, esa manera de hablarle a los más humildes...total, una idea tan diabólica que sólo podía ser gringa y que ahora se une a su larga lista de pesadillas y desvelos.
Pero cabría preguntarse ¿qué es lo que une a la izquierda latinoamericana con las ideas conservadoras de Admadineyad en Irán? ¿Qué parte de lo que propone este señor para su pueblo es defendible en el ámbito de una sociedad latinoamericana? No me refiero, siquiera, a una sociedad moderna, bajo el entendido de que Chávez y sus ideas son abiertamente antimodernas, pero ¿cómo se le vende a un venezolano el conjunto de valores que nos hacen establecer una alianza tan profunda?
Alguno pudiera responder que sólo es coyuntura política. Intereses globales de enfrentamiento al capitalismo buscan reñidas alianzas con el único propósito de aunar fuerzas. Pero no es así. Chávez, en el fondo, coincide más con este líder iraní y su régimen que con el presidente mexicano, o con el colombiano, con la chilena, tal vez incluso más que con el brasileño. Viendo ese régimen, en el ojo de huracán político de oriente medio, próximo a dotarse de armamento nuclear, con un líder insustituible (Jamenei) y un Consejo Revolucionario por encima de cualquier esfuerzo electoral, Chávez ve su sueño de modelo nacionalista y anti imperialista.
Además hacen sus propias bicicletas, el vehículo que, junto a la mula, habrá de sustituir el afán consumista del automóvil. Detestan el whisky y otras espirituosas de origen aristocrático, tan demandadas por los afines a su régimen que comprometen su imagen. Sin duda tienen una civilización milenaria y una potente religión respaldando sus acciones para limitar los derechos de la mujer, de los homosexuales, de los herejes ¿y que son sino herejes los antirevolucionarios, antibolivarianos y antivenezolanos que no le apoyan en esta Venezuela? y hasta eso debe ser objeto de su envidia, porque aquí su propio control no da para tanto.
Pobre izquierda venezolana, que de hueca, obsoleta, rentista y absurda, por proteger el único interés ilegítimo que perdura desde el nacimiento de la República en nuestra tierra (la privatización perversa de lo público a través de la administración caudillesca de las rentas estatales) le da la vuelta al espectro ideológico y se alía con un régimen conservador teocrático.
Vergüenza que se une a la que deben estar sufriendo en su tumba aquellos líderes sindicales de izquierda, muchos de ellos insobornables, que construyeron con su sacrificio en las primeras décadas del siglo pasado, un esquema de relaciones laborales moderno para la COL, que se extendería luego a todo el país, para que venga este señor a derrumbarlo de un zarpazo, además con cancioncitas de Alí Primera y fervor marxista. Lo que hay que ver.
Como dice un periodista venezolano, citando a un dramaturgo alemán, la historia se repite, pero como nadie la escucha, hay que volver a contarla.
El progreso, la emancipación de la mujer, del obrero, la lucha contra las injusticias, desigualdades y contra todos los principios y valores que traen la oscuridad a las vidas humanas, que limitan su libertad y criterio, que cercenan sus potencialidades, son parte de un ideario de por sí contradictorio, pero que además se enfrenta a terribles desequilibrios discursivos internos, cuando se requiere construir "la dictadura del proletariado".
Traer a colación este tema es hoy pertinente por las alianzas estratégicas que propicia este tragicómico régimen revolucionario de izquierda que nos vende el Mago de Sabaneta. El asunto pareciera ir más allá de las alianzas coyunturales contra el imperio del mal, tan diabólico, pensará Chávez, que utiliza ahora a un líder negro para representarle ante el mundo y, bien se sabe que, siendo negro, debemos considerarle bueno, al igual que los indígenas americanos, por sufrir tanto en manos de los blancos. Además con ese nombre, Barak Hussein, con ese origen humilde, con esos modales y ese porte, esa manera de hablarle a los más humildes...total, una idea tan diabólica que sólo podía ser gringa y que ahora se une a su larga lista de pesadillas y desvelos.
Pero cabría preguntarse ¿qué es lo que une a la izquierda latinoamericana con las ideas conservadoras de Admadineyad en Irán? ¿Qué parte de lo que propone este señor para su pueblo es defendible en el ámbito de una sociedad latinoamericana? No me refiero, siquiera, a una sociedad moderna, bajo el entendido de que Chávez y sus ideas son abiertamente antimodernas, pero ¿cómo se le vende a un venezolano el conjunto de valores que nos hacen establecer una alianza tan profunda?
Alguno pudiera responder que sólo es coyuntura política. Intereses globales de enfrentamiento al capitalismo buscan reñidas alianzas con el único propósito de aunar fuerzas. Pero no es así. Chávez, en el fondo, coincide más con este líder iraní y su régimen que con el presidente mexicano, o con el colombiano, con la chilena, tal vez incluso más que con el brasileño. Viendo ese régimen, en el ojo de huracán político de oriente medio, próximo a dotarse de armamento nuclear, con un líder insustituible (Jamenei) y un Consejo Revolucionario por encima de cualquier esfuerzo electoral, Chávez ve su sueño de modelo nacionalista y anti imperialista.
Además hacen sus propias bicicletas, el vehículo que, junto a la mula, habrá de sustituir el afán consumista del automóvil. Detestan el whisky y otras espirituosas de origen aristocrático, tan demandadas por los afines a su régimen que comprometen su imagen. Sin duda tienen una civilización milenaria y una potente religión respaldando sus acciones para limitar los derechos de la mujer, de los homosexuales, de los herejes ¿y que son sino herejes los antirevolucionarios, antibolivarianos y antivenezolanos que no le apoyan en esta Venezuela? y hasta eso debe ser objeto de su envidia, porque aquí su propio control no da para tanto.
Pobre izquierda venezolana, que de hueca, obsoleta, rentista y absurda, por proteger el único interés ilegítimo que perdura desde el nacimiento de la República en nuestra tierra (la privatización perversa de lo público a través de la administración caudillesca de las rentas estatales) le da la vuelta al espectro ideológico y se alía con un régimen conservador teocrático.
Vergüenza que se une a la que deben estar sufriendo en su tumba aquellos líderes sindicales de izquierda, muchos de ellos insobornables, que construyeron con su sacrificio en las primeras décadas del siglo pasado, un esquema de relaciones laborales moderno para la COL, que se extendería luego a todo el país, para que venga este señor a derrumbarlo de un zarpazo, además con cancioncitas de Alí Primera y fervor marxista. Lo que hay que ver.
Como dice un periodista venezolano, citando a un dramaturgo alemán, la historia se repite, pero como nadie la escucha, hay que volver a contarla.
sábado, 11 de abril de 2009
Degradación y renovación
Cada vez es más frecuente cierto espacio de desencuentro con algunos compañeros de discusión, por discrepancias con respecto al rol del pueblo venezolano frente a las situaciones que vive el país. Sin ahondar en ninguna herida concreta, soy de los que piensa que debemos ver (vernos) cada vez más como el grupo desordenado, caprichoso, algo mediocre y sólo puntual y minoritariamente productivo que somos, que se ha convertido en mayoría, activa o silente, tras décadas acumuladas de crisis en el país.
Varios gobernantes han hecho sus campañas y construyen sus discursos sobre la base de cierta recuperación en la autoestima colectiva, autoreforzando sus logros efectivos o potenciales para mejorar el orgullo de llevar el gentilicio nacional...Supongo que estará en los libritos básicos de marketing electoral, pero algunos antivalores hace años que ganan espacio en la interacción social cotidiana: el acceso inmediato al consumo sin que prive prioridad alguna, ir más deprisa que otros, aplicar más atajos para evadir reglas, menos autocontrol y cierto brote sicótico y violento para enfrentar casi todo, ya sea la posmodernidad rentista o la simple proximidad excesiva de un hijo de vecino, se han convertido en reglas de valoración que pendulan en la emocionalidad colectiva casi sin rechazo formal ni informal.
La degradación avanza a pasos agigantados en la patria de Andrés Bello. Tal vez los sistemas de comunicación pública oficial, asombrosos en su linealidad, deban ser comparados con los esfuerzos privados a través de ciertos medios más críticos con el gobierno, pero esa discusión pierde de perspectiva el hecho simple de que todos los ciudadanos financiamos la acción pública, hasta en esta Venezuela rentista donde le cedimos la postestad al Estado de liquidar nuestro patrimonio, pero no sólo debemos reclamar gobiernos eficaces para atender los problemas de la gente; debemos exigir medios públicos en los que su imparcialidad sea y parecezca mayor que la propia de cualquier particular, del que utiliza sus propios recursos para convencer a quien quiera de lo que quiera.
No se trata de un hecho aíslado. El Jefe máximo ha fortalecido la idea caudillista del poder y no entiende que existan personas que utilicen recursos de su propiedad (de la del Estado) para hacerle oposición. Recentraliza lo que haga falta y usa los medios del Estado como órganos de propaganda para la promoción de un proyecto político que ha estirado de manera grotesca los alcances de las mismas reglas fundamentales que él diseñara y que, como suele suceder, ya no son suficientemente "coherentes" con su proyecto personal.
Pero aún más grave es el hecho de que las "otras élites" del país, las que no estén tan directa y vulgarmente conectadas y comprometidas con los vasos sanguíneos que distribuyen el maná, no contribuyan de manera precisa para identificar los alcances que deben ser corregidos y para motivar a los líderes políticos emergentes a formarse como futuros gobernantes.
La formación técnica para gobernar y la formación política de calle que reciben nuestros jóvenes gobernantes es patética. Te acercas a una comunidad, en medio de un acto político regularmente organizado por las propias fuerzas partidistas, regularmente bajo el argumento de ciertas contrapartidas que nutren, inevitablemente, una perspectiva de participación clientelar hacia los convocados y, casi siempre, te das un baño de masas desprovisto de cualquier iniciativa de diálogo coherente, espacio de interacción casi condenado a servir simplemente como estímulo a a la "sensibilización" hacia el liderazgo promotor, que a partir de entonces ansiará aún más el acceso al maná rentístico a través de cualquier espacio gubernamental, como vía principal para "satisfacer" las necesidades de la gente (satisfacer las necesidades de la gente; hasta mis alumnos de ciencias políticas responden abiertamente que la función del gobierno es esa, así, sin más explicación ni precisión; se extrañan entonces cuando les pregunto cuál será la oficina que satisface necesidades sexuales, por poner un ejemplo, que en verdad espero que no lo tome para sí mismo algún gobernante del régimen) y llevar así "sonrisas" a tantos y tantos hogares con carencias importantes. No es que sea mala la sensibilidad, es vital para el desempeño de un líder político y más aún en funciones de gobierno, pero válgame simplemente la duda de que encuentre en nuestros candidatos alternativos un espacio para hacer con ella algo útil.
Venezuela requiere mejorar drásticamente su capacidad de gobierno. Necesita reformar agresivamente sus organizaciones de servicio público y motivar movilizaciones masivas para activar rumbos compartidos en políticas públicas que nos posicionen en los grandes temas de construcción ciudadana. Cuanto antes. La pérdida de ciudadanía atenta contra los logros y plazos más agresivos. No se puede ser gobernante, ni líder de nada, sin hablar técnicamente de administración de justicia, seguridad de personas y bienes, empresarialidad y propiedad privada, estabilización, empleo, productividad y competitividad, formación para el trabajo, infraestructura de servicios públicos vinculados a la vivienda y sus alrededores, producción y la inversión capitalizadora que la hace posible, entre otros temas que exigen del servidor público cierta forma de apostolado político y magia dirigencial para abordar los retos tecnocráticos de gobierno en todos los espacios de la vida pública del país. Bien por el líder que esté pensando en ella al tiempo que acrecienta su capital político, pero no es suficiente. Tenemos que trabajar con más gente.
La renovación tiene que llegar. A todos. Pero especialmente a los que quieran ser alternativa de poder. No más improvisación. No más juego con lo público. Reformemos para construir el Estado necesario y esperemos que cinco o diez años de sistemático ejemplo, permitan encauzar los demonios colectivos.
Algunos trabajan para salir de un régimen oprobioso, personalista y centralizador, obsoleto y manirroto, débil y grandilocuente. Todos deberíamos alternativamente trabajar en convencernos de que aún no sabemos a dónde queremos ir, más allá de dos o tres lugares comunes. Que, además, no es suficiente que lo sepan dos o tres. Que olvidamos hasta como contárselo a otros y los otros olvidaron los mecanismos para comprometer su fe en un proyecto de sociedad dónde no les toque repartición de nada, sólo esfuerzo, coherencia, seguridad para ganarse la vida, esperanza para que los hijos se la puedan ganar mejor y compromiso para que las injusticias más graves sean atendidas por el Estado como prioritarias para evitar continuar el sinsentido.
Varios gobernantes han hecho sus campañas y construyen sus discursos sobre la base de cierta recuperación en la autoestima colectiva, autoreforzando sus logros efectivos o potenciales para mejorar el orgullo de llevar el gentilicio nacional...Supongo que estará en los libritos básicos de marketing electoral, pero algunos antivalores hace años que ganan espacio en la interacción social cotidiana: el acceso inmediato al consumo sin que prive prioridad alguna, ir más deprisa que otros, aplicar más atajos para evadir reglas, menos autocontrol y cierto brote sicótico y violento para enfrentar casi todo, ya sea la posmodernidad rentista o la simple proximidad excesiva de un hijo de vecino, se han convertido en reglas de valoración que pendulan en la emocionalidad colectiva casi sin rechazo formal ni informal.
La degradación avanza a pasos agigantados en la patria de Andrés Bello. Tal vez los sistemas de comunicación pública oficial, asombrosos en su linealidad, deban ser comparados con los esfuerzos privados a través de ciertos medios más críticos con el gobierno, pero esa discusión pierde de perspectiva el hecho simple de que todos los ciudadanos financiamos la acción pública, hasta en esta Venezuela rentista donde le cedimos la postestad al Estado de liquidar nuestro patrimonio, pero no sólo debemos reclamar gobiernos eficaces para atender los problemas de la gente; debemos exigir medios públicos en los que su imparcialidad sea y parecezca mayor que la propia de cualquier particular, del que utiliza sus propios recursos para convencer a quien quiera de lo que quiera.
No se trata de un hecho aíslado. El Jefe máximo ha fortalecido la idea caudillista del poder y no entiende que existan personas que utilicen recursos de su propiedad (de la del Estado) para hacerle oposición. Recentraliza lo que haga falta y usa los medios del Estado como órganos de propaganda para la promoción de un proyecto político que ha estirado de manera grotesca los alcances de las mismas reglas fundamentales que él diseñara y que, como suele suceder, ya no son suficientemente "coherentes" con su proyecto personal.
Pero aún más grave es el hecho de que las "otras élites" del país, las que no estén tan directa y vulgarmente conectadas y comprometidas con los vasos sanguíneos que distribuyen el maná, no contribuyan de manera precisa para identificar los alcances que deben ser corregidos y para motivar a los líderes políticos emergentes a formarse como futuros gobernantes.
La formación técnica para gobernar y la formación política de calle que reciben nuestros jóvenes gobernantes es patética. Te acercas a una comunidad, en medio de un acto político regularmente organizado por las propias fuerzas partidistas, regularmente bajo el argumento de ciertas contrapartidas que nutren, inevitablemente, una perspectiva de participación clientelar hacia los convocados y, casi siempre, te das un baño de masas desprovisto de cualquier iniciativa de diálogo coherente, espacio de interacción casi condenado a servir simplemente como estímulo a a la "sensibilización" hacia el liderazgo promotor, que a partir de entonces ansiará aún más el acceso al maná rentístico a través de cualquier espacio gubernamental, como vía principal para "satisfacer" las necesidades de la gente (satisfacer las necesidades de la gente; hasta mis alumnos de ciencias políticas responden abiertamente que la función del gobierno es esa, así, sin más explicación ni precisión; se extrañan entonces cuando les pregunto cuál será la oficina que satisface necesidades sexuales, por poner un ejemplo, que en verdad espero que no lo tome para sí mismo algún gobernante del régimen) y llevar así "sonrisas" a tantos y tantos hogares con carencias importantes. No es que sea mala la sensibilidad, es vital para el desempeño de un líder político y más aún en funciones de gobierno, pero válgame simplemente la duda de que encuentre en nuestros candidatos alternativos un espacio para hacer con ella algo útil.
Venezuela requiere mejorar drásticamente su capacidad de gobierno. Necesita reformar agresivamente sus organizaciones de servicio público y motivar movilizaciones masivas para activar rumbos compartidos en políticas públicas que nos posicionen en los grandes temas de construcción ciudadana. Cuanto antes. La pérdida de ciudadanía atenta contra los logros y plazos más agresivos. No se puede ser gobernante, ni líder de nada, sin hablar técnicamente de administración de justicia, seguridad de personas y bienes, empresarialidad y propiedad privada, estabilización, empleo, productividad y competitividad, formación para el trabajo, infraestructura de servicios públicos vinculados a la vivienda y sus alrededores, producción y la inversión capitalizadora que la hace posible, entre otros temas que exigen del servidor público cierta forma de apostolado político y magia dirigencial para abordar los retos tecnocráticos de gobierno en todos los espacios de la vida pública del país. Bien por el líder que esté pensando en ella al tiempo que acrecienta su capital político, pero no es suficiente. Tenemos que trabajar con más gente.
La renovación tiene que llegar. A todos. Pero especialmente a los que quieran ser alternativa de poder. No más improvisación. No más juego con lo público. Reformemos para construir el Estado necesario y esperemos que cinco o diez años de sistemático ejemplo, permitan encauzar los demonios colectivos.
Algunos trabajan para salir de un régimen oprobioso, personalista y centralizador, obsoleto y manirroto, débil y grandilocuente. Todos deberíamos alternativamente trabajar en convencernos de que aún no sabemos a dónde queremos ir, más allá de dos o tres lugares comunes. Que, además, no es suficiente que lo sepan dos o tres. Que olvidamos hasta como contárselo a otros y los otros olvidaron los mecanismos para comprometer su fe en un proyecto de sociedad dónde no les toque repartición de nada, sólo esfuerzo, coherencia, seguridad para ganarse la vida, esperanza para que los hijos se la puedan ganar mejor y compromiso para que las injusticias más graves sean atendidas por el Estado como prioritarias para evitar continuar el sinsentido.
lunes, 5 de enero de 2009
¿Qué reformas para Venezuela?
El tema de la reforma del Estado (el complejo tratamiento que requiere nuestro Monstruo para que asuma sus funciones básicas y se enfoque en ofrecer más y mejores servicios públicos para la gente, garantizar la seguridad de personas y bienes, mejorar el acceso a la justicia, desarrollar infraestructuras y promover la actividad emprendedora e innovadora en todas las áreas para la reconstrucción del tejido social y económico del país) tiene múltiples variantes desde las diferentes orientaciones ideológicas, la calibración del liderazgo político partidista y, gracias a cada coyuntura, la manera de interpretar los nuevos "posibles" que podrían ofrecerse, con mayor o menor aceptación, al imaginario colectivo nacional.
Empezando por los dos últimos puntos, no será fácil reconstruir la dinámica comunicacional entre líderes de diferentes ámbitos (especialmente políticos) y un pueblo golpeado emocionalmente por uno de los mayores fiascos de la historia republicana, tal vez con muchos venezolanos (y extranjeros) aún "exitados" por el proceso y creyentes de que el "líder máximo de la revolución mundial" no pudo completar su misión divina por las conjuras malintencionadas de sus enemigos; tal vez otros decididos a violentarse como respuesta a lo que podrían considerar un intolerable retroceso en alguna de sus proyecciones. Esta reconstrucción durará muchos años, pero fallar en sus principales alcances sería muy doloroso para la ya frágil estabilidad republicana. Cualquier propuesta de reforma requiere un proceso de interacción comunicacional planificada, sector por sector, actor por actor. Explicar, explicar y reexplicar con coherencia una, diez y cien veces ayudará a que grandes mayorías procesen su frustración sin violencia.
Sobre la capacidad del liderazgo político partidista para estructurar discursos estimulantes sin ceder a las falacias populistas, el reto es aún enorme. Si se requiere explicar, explicar y volver a explicar, no sólo falla la dinámica de interacciones comunicacionales con las bases populares por su rechazo a la modernidad, también porque el mismo liderazgo no ha consolidado un discurso modernizador suficientemente estimulante y coherente. Diez o doce años de antipolítica oficial, de linealidades del tipo: "nueva historia-país, líder, pueblo" u otras semejantes, han dejado poco espacio para la reforma del diálogo entre élites y grandes grupos desposeídos y desciudadanizados. La dinámica chavista ha provocado el fortalecimiento de liderazgos con muchos rasgos semejantes a los del temido líder, en aquellos que labran su futuro político desde la barrera opositora: populistas, reforzadores de la ignorancia, no cuentan con herramientas para constituirse en alternativa modernizadora, no tanto por no ser capaces de proponer un modelo alternativo coherente, más por no comprenderlo y asimilarlo como propio a través de las múltiples versiones intelectuales que están disponibles entre sus propios aliados.
Algunos han transitado el desierto con mejor aprovechamiento. Algunos líderes locales de las elecciones celebradas el 23/11/08 ganaron o estuvieron a punto de ganar en espacios tradicionalmente chavistas y lo hicieron a través de propuestas centradas en la gestión pública efectiva como respuesta para la gente. Posiblemente se nutrieron del descontento popular por una gestión chavista desastrosa, pero para ellos se augura un futuro mucho más prometedor en su liderazgo.
Sin el diálogo entre élites y bases populares no habrá alternativa modernizadora en Venezuela. Sin embargo, ambos estratos deben comprender que los más ligeros principios de acuerdo no garantizan nada si no se traslada al consciente individual y colectivo la necesidad de comenzar a adecuar al Monstruo para que cumpla sus funciones. El nivel de consciencia debe ser mucho mayor, porque el Monstruo ha enraizado flujos y tejidos en todos los procesos y niveles, para que su eventual modificación (curación) no se haga sin afectar negativamente muchos beneficiarios de esos flujos y tejidos. Por ejemplo, habrá organizaciones empresariales comprometidas con la enfermedad del monstruo y abiertamente contrarias a su curación. En otro ejemplo, los últimos 30 años han supuesto el acceso a diferentes formas de servicio público (funcionariado público bajo diferentes modalidades de relación y niveles de formalidad) decenas de miles de personas que, posiblemente, no superarían los mínimos requisitos de ingreso de un concurso para proveer cargos en la administración pública; ellos y sus familias posiblemente no consideren felizmente cualquier medida de curación que afecte su actual situación.
Por eso la Reforma Institucional debe ser la más inteligente y proactiva gesta modernizadora del liderazgo político en los próximos 20 años. A continuación se describen, 10 propuestas de reforma, concentradas en su capacidad de transformar las características del Estado y sus capacidades institucionales, aunque también se abordan los temas específicos de políticas públicas que un Estado más o menos eficaz y eficiente podría poner en práctica para facilitarle a Venezuela el acceso al desarrollo.
1) Se requiere en Venezuela adaptar gradualmente al Estado para mejorar su equilibrio entre capacidades de gestión y su financiamiento, basado en alícuotas a partir de la productividad nacional. Es decir, el financiamiento del Estado venezolano debe restringirse más o menos estructuralmente, a los ingresos provenientes de impuestos derivados de actividades productivas no rentísticas. Eso abre una brecha enorme desde dos puntos de vista:
1.a) por el ingreso, libera recursos provenientes del esfuerzo productivo extranjero que hoy en día son consumidos a través del gasto público. ¿Cuál es el mejor destino para estos recursos? Pues diversos tipos de fondos, de rango constitucional, dedicados a los siguientes fines: a) estabilización contracíclica, b) capitalización física (infraestructura y tecnología), c) Ajustes provocados por la reforma institucional, d)fallas de compensación intergeneracional a un necesario sistema de pensiones y e) capitalización humana y equipamiento para la investigación e innovación.
1.b) por el gasto, compromete severamente la capacidad de mantener una administración pública masivamente ineficaz, centralizada, cargada de peso burocrático ineficiente. Por ello, la administración pública nacional debe ser profundamente reestructurada hasta adaptarla a la estructura y dinámica que pueda ser financiada con la productividad nacional.
Posiblemente sea esta una de las medidas más duras y difíciles de tomar para el tratamiento del monstruo. Se trata de un shock (que puede ser gradualizado) para abordar la necesaria adaptación del aparato estatal a las capacidades de financiamiento social productivo de dicho aparato. Si Venezuela no cuenta con empresas y trabajadores que, con su esfuerzo productivo, generen producto y renta suficiente para financiar las actividades de un Estado con múltiples retos de gestión, no habremos logrado transformar la relación parasitaria del monstruo para con la sociedad y su patrimonio.
Para que un proceso de reestructuración de esta magnitud sea viable, se requiere activar una dinámica que permita la gradual reducción de las actividades del Estado en aquellas áreas que no se vinculan con servicios públicos fundamentales y cambiar también la manera en la que se aborda la producción de dichos servicios públicos. En el apartado siguiente se aborda esta reforma.
2)Los cambios en la estructura político administrativa del gobierno, para promover:
2.a) La recuperación de una carrera de servicio civil altamente profesionalizada, separando su regulación a través de una referencia de rango constitucional y su respectiva Ley Orgánica que quede abiertamente diferenciada de la Ley del Trabajo.
2.b) La apertura de los servicios a los ciudadanos a partir de múltiples ofertas, reorientando el enfoque para subsidiar la demanda y reducir al mínimo necesario los monopolios estatales.
2.c) La simplificación administrativa a todos los niveles, facilitando su accesibilidad y controlando sus mejoras a partir de la opinión de los usuarios.
2.d) La agresiva descentralización de la oferta de servicios en todas las áreas de la administración pública diferentes a defensa, grandes infraestructuras, ciencia y tecnología, ambiente, metrología, sistemas de dirección y coordinación de políticas públicas, así como cualquier otra función que requiera por razones de eficacia y eficiencia un amplio soporte centralizado (por ejemplo, algunas áreas de seguridad ciudadana y salud).
2.e) La conversión de las organizaciones ministeriales nacionales en las unidades de control y servicio de más alta profesionalización y con mayor concentración del conocimiento de todo el país. El Ministerio de Salud o el de Educación probablemente no requieran una estructura superior a 8 ó 10 mil funcionarios administrativos y 20 ó 30 mil funcionarios operacionales adicionales, en funciones de seguimiento, control, auditoría, entrenamiento y coordinación, la mayor parte de ellos asignados a oficinas en el interior del país. La Administración Pública Nacional debe constituirse en un cuerpo de élite al servicio del crecimiento y desarrollo profesional de las administraciones públicas descentralizadas, empeñado en elevar la accesibilidad y calidad de los servicios, especialmente de la educación.
2.f) Si la mayor parte de los servicios públicos han sido descentralizados, al mismo tiempo que se promueve la máxima profesionalización del servicio público, entonces las leyes que regulan los procesos de descentralización, deben establecer los mecanismos necesarios para que dichos procesos de profesionalización y burocratización cualitativa, comiencen a establecerse también en la administración pública descentralizada ¿Cómo? Condicionando el acceso a los recursos con parámetros de resultados evaluados por la gente y con parámetros de planeación, formulación y ejecución de calidad.
3) Promover la máxima profesionalización y autonomía de los órganos de justicia, maximizando su capacidad de ofrecer cuentas por resultados y ampliando la capacidad para extender y agilizar el acceso al servicio para todos los venezolanos. Ello implica, complementariamente:
3.a) Profesionalizar el servicio de acusación y defensa pública.
3.b) Descentralizar la operación de justicia.
3.c) Fortalecer los sistemas de soporte técnico de procesos (policía técnica, soporte informativo, soporte administrativo, etc.)
3.d) Fortalecer las infraestructuras de acceso público a la justicia.
3.e) Desarrollar campañas informativas para recuperar la confianza ciudadana en la administración de justicia.
3.f) Fortalecer los sistemas de recluimiento preventivo y definitivo.
4)El fortalecimiento de lo público a partir de la ciudad, articulando desde el nivel nacional todo el esfuerzo de planeación urbana descentralizada que conduzca a la creación sistemática de espacios de interacción pública no privatizados. La creación de ciudadanía pasará por elevar masivamente la accesibilidad a servicios educativos, deportivos, recreativos y culturales de óptima calidad.
5)Generar un sistema autónomo de contraloría y auditoría operacional y administrativa pública, centrado en la mejora de los estándares de servicio y en el establecimiento de un sistema nacional de indicadores para el seguimiento de la gestión pública.
6)Promover el crecimiento económico productivo a partir de políticas de oferta, desregulando el funcionamiento general de la economía y maximizando su capacidad de inserción externa, promoviendo que las institucionalidad se concentre en:
6.a) Una legislación laboral que promueva el empleo y controle los aspectos básicos de una relación obrero-patronal para evitar su degradación: protección de la salud del trabajdor, jornada, salario, vacaciones, suspensiones, agrupación y sindicalización; facilitación para el ingreso y egreso de trabajadores.
6.b) Una legislación que cree un sistema confiable de ahorro público privado para financiar la jubilación de todos los trabajadores.
6.c) Una legislación que facilite la creación y desarrollo de empresas productivas, simplificando los trámites para su creación, organización y funcionamiento.
6.d) Una legislación que facilite la inversión y su aprovechamiento, a través del desarrollo del mercado de capitales.
6.e) Una legislación que promueva la productividad, competitividad y capacidades exportadoras nacionales.
6.f) Un conjunto de esfuerzos públicos destinados a la integración máxima posible a nivel regional andino y latinoamericano para el mejor aprovechamiento de las sinergias potenciales para afrontar la competitividad global.
7)Promover la sinceración y liberación de macro y micro precios en todos los bienes y servicios de la república, sean de producción pública o privada. Las excepciones a esta regla, incluyen, entre otras:
7.a) Bienes y servicios públicos fundamentales: defensa nacional, acceso a la infraestructura pública básica (cloacas, vialidad urbana equipada y aseada, alumbrado público, parques y jardines públicos con mantenimiento, instalaciones deportivas públicas con mantenimiento) fuentes públicas de agua, seguridad pública, seguridad vial y protección civil, justicia en todos sus niveles y servicios; acceso al sistema electoral; educación preescolar, básica y de oficio; atención primaria en salud, control epidemiológico y sanitario (vacunaciones, fumigaciones, limpieza y desmalezamiento de áreas públicas, etc.); atención de emergencias naturales.
7.b)Apoyo del ciudadano al funcionamiento del Estado: servicios vinculados con la recaudación impositiva, aporte de datos para los sistemas públicos de información estadística, apoyo en jornadas electorales, apoyo al sistema de justicia.
Ello no impide que el Estado diseñe sistemas de compensación centrado en subsidios a la demanda por razones de protección social o de promoción económica (por ejemplo en áreas como gas y electricidad domésticas o industriales, agua potable, transporte público, acceso a la educación superior, comunicaciones en zonas remotas, acceso a tecnología y financiamiento en clústers productivos, entre otras)
8)Promover los equilibrios macroeconómicos fundamentales, evitando los déficits públicos y aún más su monetarización, para fortalecer la moneda y minimizar la inflación.
9)Promover un plan masivo de creación de empleo, centrado en cuatro grandes grupos de actividad, no todas generadoras de compromisos estables de financiamiento corriente de origen estatal:
9.a) Creación y mantenimiento especial de grandes infraestructuras.
9.b) Creación de un plan especial de construcción y remodelación de viviendas.
9.c) Creación de facilidades especiales para el desarrollo del turismo.
9.d) Creación y desarrollo de un sistema de incentivos para la promoción de iniciativas emprendedoras.
10)Promover la ciudadanización progresiva del habitante de Venezuela (más allá de las condiciones básicas para facilitar su actividad emprendedora, el acceso a empleo y a viviendas con servicios, así como el reacondicionamiento general de los espacios públicos de convivencia en las ciudades), creando un sistema nacional para la formación de oficios y utilizando todos los medios para mejorar sistemáticamente el acceso a la cultura por parte de todos.
Más adelante, trataremos más en profundidad cada una de estas medidas.
Empezando por los dos últimos puntos, no será fácil reconstruir la dinámica comunicacional entre líderes de diferentes ámbitos (especialmente políticos) y un pueblo golpeado emocionalmente por uno de los mayores fiascos de la historia republicana, tal vez con muchos venezolanos (y extranjeros) aún "exitados" por el proceso y creyentes de que el "líder máximo de la revolución mundial" no pudo completar su misión divina por las conjuras malintencionadas de sus enemigos; tal vez otros decididos a violentarse como respuesta a lo que podrían considerar un intolerable retroceso en alguna de sus proyecciones. Esta reconstrucción durará muchos años, pero fallar en sus principales alcances sería muy doloroso para la ya frágil estabilidad republicana. Cualquier propuesta de reforma requiere un proceso de interacción comunicacional planificada, sector por sector, actor por actor. Explicar, explicar y reexplicar con coherencia una, diez y cien veces ayudará a que grandes mayorías procesen su frustración sin violencia.
Sobre la capacidad del liderazgo político partidista para estructurar discursos estimulantes sin ceder a las falacias populistas, el reto es aún enorme. Si se requiere explicar, explicar y volver a explicar, no sólo falla la dinámica de interacciones comunicacionales con las bases populares por su rechazo a la modernidad, también porque el mismo liderazgo no ha consolidado un discurso modernizador suficientemente estimulante y coherente. Diez o doce años de antipolítica oficial, de linealidades del tipo: "nueva historia-país, líder, pueblo" u otras semejantes, han dejado poco espacio para la reforma del diálogo entre élites y grandes grupos desposeídos y desciudadanizados. La dinámica chavista ha provocado el fortalecimiento de liderazgos con muchos rasgos semejantes a los del temido líder, en aquellos que labran su futuro político desde la barrera opositora: populistas, reforzadores de la ignorancia, no cuentan con herramientas para constituirse en alternativa modernizadora, no tanto por no ser capaces de proponer un modelo alternativo coherente, más por no comprenderlo y asimilarlo como propio a través de las múltiples versiones intelectuales que están disponibles entre sus propios aliados.
Algunos han transitado el desierto con mejor aprovechamiento. Algunos líderes locales de las elecciones celebradas el 23/11/08 ganaron o estuvieron a punto de ganar en espacios tradicionalmente chavistas y lo hicieron a través de propuestas centradas en la gestión pública efectiva como respuesta para la gente. Posiblemente se nutrieron del descontento popular por una gestión chavista desastrosa, pero para ellos se augura un futuro mucho más prometedor en su liderazgo.
Sin el diálogo entre élites y bases populares no habrá alternativa modernizadora en Venezuela. Sin embargo, ambos estratos deben comprender que los más ligeros principios de acuerdo no garantizan nada si no se traslada al consciente individual y colectivo la necesidad de comenzar a adecuar al Monstruo para que cumpla sus funciones. El nivel de consciencia debe ser mucho mayor, porque el Monstruo ha enraizado flujos y tejidos en todos los procesos y niveles, para que su eventual modificación (curación) no se haga sin afectar negativamente muchos beneficiarios de esos flujos y tejidos. Por ejemplo, habrá organizaciones empresariales comprometidas con la enfermedad del monstruo y abiertamente contrarias a su curación. En otro ejemplo, los últimos 30 años han supuesto el acceso a diferentes formas de servicio público (funcionariado público bajo diferentes modalidades de relación y niveles de formalidad) decenas de miles de personas que, posiblemente, no superarían los mínimos requisitos de ingreso de un concurso para proveer cargos en la administración pública; ellos y sus familias posiblemente no consideren felizmente cualquier medida de curación que afecte su actual situación.
Por eso la Reforma Institucional debe ser la más inteligente y proactiva gesta modernizadora del liderazgo político en los próximos 20 años. A continuación se describen, 10 propuestas de reforma, concentradas en su capacidad de transformar las características del Estado y sus capacidades institucionales, aunque también se abordan los temas específicos de políticas públicas que un Estado más o menos eficaz y eficiente podría poner en práctica para facilitarle a Venezuela el acceso al desarrollo.
1) Se requiere en Venezuela adaptar gradualmente al Estado para mejorar su equilibrio entre capacidades de gestión y su financiamiento, basado en alícuotas a partir de la productividad nacional. Es decir, el financiamiento del Estado venezolano debe restringirse más o menos estructuralmente, a los ingresos provenientes de impuestos derivados de actividades productivas no rentísticas. Eso abre una brecha enorme desde dos puntos de vista:
1.a) por el ingreso, libera recursos provenientes del esfuerzo productivo extranjero que hoy en día son consumidos a través del gasto público. ¿Cuál es el mejor destino para estos recursos? Pues diversos tipos de fondos, de rango constitucional, dedicados a los siguientes fines: a) estabilización contracíclica, b) capitalización física (infraestructura y tecnología), c) Ajustes provocados por la reforma institucional, d)fallas de compensación intergeneracional a un necesario sistema de pensiones y e) capitalización humana y equipamiento para la investigación e innovación.
1.b) por el gasto, compromete severamente la capacidad de mantener una administración pública masivamente ineficaz, centralizada, cargada de peso burocrático ineficiente. Por ello, la administración pública nacional debe ser profundamente reestructurada hasta adaptarla a la estructura y dinámica que pueda ser financiada con la productividad nacional.
Posiblemente sea esta una de las medidas más duras y difíciles de tomar para el tratamiento del monstruo. Se trata de un shock (que puede ser gradualizado) para abordar la necesaria adaptación del aparato estatal a las capacidades de financiamiento social productivo de dicho aparato. Si Venezuela no cuenta con empresas y trabajadores que, con su esfuerzo productivo, generen producto y renta suficiente para financiar las actividades de un Estado con múltiples retos de gestión, no habremos logrado transformar la relación parasitaria del monstruo para con la sociedad y su patrimonio.
Para que un proceso de reestructuración de esta magnitud sea viable, se requiere activar una dinámica que permita la gradual reducción de las actividades del Estado en aquellas áreas que no se vinculan con servicios públicos fundamentales y cambiar también la manera en la que se aborda la producción de dichos servicios públicos. En el apartado siguiente se aborda esta reforma.
2)Los cambios en la estructura político administrativa del gobierno, para promover:
2.a) La recuperación de una carrera de servicio civil altamente profesionalizada, separando su regulación a través de una referencia de rango constitucional y su respectiva Ley Orgánica que quede abiertamente diferenciada de la Ley del Trabajo.
2.b) La apertura de los servicios a los ciudadanos a partir de múltiples ofertas, reorientando el enfoque para subsidiar la demanda y reducir al mínimo necesario los monopolios estatales.
2.c) La simplificación administrativa a todos los niveles, facilitando su accesibilidad y controlando sus mejoras a partir de la opinión de los usuarios.
2.d) La agresiva descentralización de la oferta de servicios en todas las áreas de la administración pública diferentes a defensa, grandes infraestructuras, ciencia y tecnología, ambiente, metrología, sistemas de dirección y coordinación de políticas públicas, así como cualquier otra función que requiera por razones de eficacia y eficiencia un amplio soporte centralizado (por ejemplo, algunas áreas de seguridad ciudadana y salud).
2.e) La conversión de las organizaciones ministeriales nacionales en las unidades de control y servicio de más alta profesionalización y con mayor concentración del conocimiento de todo el país. El Ministerio de Salud o el de Educación probablemente no requieran una estructura superior a 8 ó 10 mil funcionarios administrativos y 20 ó 30 mil funcionarios operacionales adicionales, en funciones de seguimiento, control, auditoría, entrenamiento y coordinación, la mayor parte de ellos asignados a oficinas en el interior del país. La Administración Pública Nacional debe constituirse en un cuerpo de élite al servicio del crecimiento y desarrollo profesional de las administraciones públicas descentralizadas, empeñado en elevar la accesibilidad y calidad de los servicios, especialmente de la educación.
2.f) Si la mayor parte de los servicios públicos han sido descentralizados, al mismo tiempo que se promueve la máxima profesionalización del servicio público, entonces las leyes que regulan los procesos de descentralización, deben establecer los mecanismos necesarios para que dichos procesos de profesionalización y burocratización cualitativa, comiencen a establecerse también en la administración pública descentralizada ¿Cómo? Condicionando el acceso a los recursos con parámetros de resultados evaluados por la gente y con parámetros de planeación, formulación y ejecución de calidad.
3) Promover la máxima profesionalización y autonomía de los órganos de justicia, maximizando su capacidad de ofrecer cuentas por resultados y ampliando la capacidad para extender y agilizar el acceso al servicio para todos los venezolanos. Ello implica, complementariamente:
3.a) Profesionalizar el servicio de acusación y defensa pública.
3.b) Descentralizar la operación de justicia.
3.c) Fortalecer los sistemas de soporte técnico de procesos (policía técnica, soporte informativo, soporte administrativo, etc.)
3.d) Fortalecer las infraestructuras de acceso público a la justicia.
3.e) Desarrollar campañas informativas para recuperar la confianza ciudadana en la administración de justicia.
3.f) Fortalecer los sistemas de recluimiento preventivo y definitivo.
4)El fortalecimiento de lo público a partir de la ciudad, articulando desde el nivel nacional todo el esfuerzo de planeación urbana descentralizada que conduzca a la creación sistemática de espacios de interacción pública no privatizados. La creación de ciudadanía pasará por elevar masivamente la accesibilidad a servicios educativos, deportivos, recreativos y culturales de óptima calidad.
5)Generar un sistema autónomo de contraloría y auditoría operacional y administrativa pública, centrado en la mejora de los estándares de servicio y en el establecimiento de un sistema nacional de indicadores para el seguimiento de la gestión pública.
6)Promover el crecimiento económico productivo a partir de políticas de oferta, desregulando el funcionamiento general de la economía y maximizando su capacidad de inserción externa, promoviendo que las institucionalidad se concentre en:
6.a) Una legislación laboral que promueva el empleo y controle los aspectos básicos de una relación obrero-patronal para evitar su degradación: protección de la salud del trabajdor, jornada, salario, vacaciones, suspensiones, agrupación y sindicalización; facilitación para el ingreso y egreso de trabajadores.
6.b) Una legislación que cree un sistema confiable de ahorro público privado para financiar la jubilación de todos los trabajadores.
6.c) Una legislación que facilite la creación y desarrollo de empresas productivas, simplificando los trámites para su creación, organización y funcionamiento.
6.d) Una legislación que facilite la inversión y su aprovechamiento, a través del desarrollo del mercado de capitales.
6.e) Una legislación que promueva la productividad, competitividad y capacidades exportadoras nacionales.
6.f) Un conjunto de esfuerzos públicos destinados a la integración máxima posible a nivel regional andino y latinoamericano para el mejor aprovechamiento de las sinergias potenciales para afrontar la competitividad global.
7)Promover la sinceración y liberación de macro y micro precios en todos los bienes y servicios de la república, sean de producción pública o privada. Las excepciones a esta regla, incluyen, entre otras:
7.a) Bienes y servicios públicos fundamentales: defensa nacional, acceso a la infraestructura pública básica (cloacas, vialidad urbana equipada y aseada, alumbrado público, parques y jardines públicos con mantenimiento, instalaciones deportivas públicas con mantenimiento) fuentes públicas de agua, seguridad pública, seguridad vial y protección civil, justicia en todos sus niveles y servicios; acceso al sistema electoral; educación preescolar, básica y de oficio; atención primaria en salud, control epidemiológico y sanitario (vacunaciones, fumigaciones, limpieza y desmalezamiento de áreas públicas, etc.); atención de emergencias naturales.
7.b)Apoyo del ciudadano al funcionamiento del Estado: servicios vinculados con la recaudación impositiva, aporte de datos para los sistemas públicos de información estadística, apoyo en jornadas electorales, apoyo al sistema de justicia.
Ello no impide que el Estado diseñe sistemas de compensación centrado en subsidios a la demanda por razones de protección social o de promoción económica (por ejemplo en áreas como gas y electricidad domésticas o industriales, agua potable, transporte público, acceso a la educación superior, comunicaciones en zonas remotas, acceso a tecnología y financiamiento en clústers productivos, entre otras)
8)Promover los equilibrios macroeconómicos fundamentales, evitando los déficits públicos y aún más su monetarización, para fortalecer la moneda y minimizar la inflación.
9)Promover un plan masivo de creación de empleo, centrado en cuatro grandes grupos de actividad, no todas generadoras de compromisos estables de financiamiento corriente de origen estatal:
9.a) Creación y mantenimiento especial de grandes infraestructuras.
9.b) Creación de un plan especial de construcción y remodelación de viviendas.
9.c) Creación de facilidades especiales para el desarrollo del turismo.
9.d) Creación y desarrollo de un sistema de incentivos para la promoción de iniciativas emprendedoras.
10)Promover la ciudadanización progresiva del habitante de Venezuela (más allá de las condiciones básicas para facilitar su actividad emprendedora, el acceso a empleo y a viviendas con servicios, así como el reacondicionamiento general de los espacios públicos de convivencia en las ciudades), creando un sistema nacional para la formación de oficios y utilizando todos los medios para mejorar sistemáticamente el acceso a la cultura por parte de todos.
Más adelante, trataremos más en profundidad cada una de estas medidas.
domingo, 4 de enero de 2009
La importancia del Estado
Algunos liberales consideran que el Estado invade a la sociedad en Venezuela, limitando sus potencialidades, complicando sus iniciativas. Aunque resulte obvio, tal vez cabría disentir sobre el enfoque del problema. Porque la intervención malsana, equivocada, manirrota del Estado venezolano en múltiples asuntos, sólo nos puede confundir con respecto al verdadero problema al que nos enfrentamos. El mayor problema que ha venido consolidándose en el país es la desaparición gradual del Estado, al menos de un Estado razonable, medianamente enfocado en ofrecer algunos bienes y servicios fundamentales a los venezolanos.
La deriva radical, en clave bélica y comunista, sólo esconde la debilidad del régimen chavista para gobernar, para resolver problemas, para producir una burocracia mínimamente eficaz. Ya ni siquiera cabe esperar su mejora, porque el tratamiento que ha decidido el Mago de Sabaneta es desestructurar aún más lo poco que queda de la institucionalidad republicana, bajo el acomodaticio argumento revolucionario, para enfrentar su declive con alguna ventaja de campo.
Para otras repúblicas en este y en otros países, quedará esta historia como base confirmadora de un viejo aprendizaje humano. Los problemas colectivos, los que requieren voluntades, técnicas y recursos, demandan consensos y, al día de hoy, el mayor reflejo de consensos es el mismo Estado Nación. Poco fresco, anticuado, cuestionado, para algunos moribundo, pero extrañado, especialmente por los más débiles, allá donde los autoritarismos huyen de la realidad para alimentar los egos.
El reto para mantener vivo a un país como Venezuela pasará por grandísimos esfuerzos de reforma institucional para que recupere su capacidad de cohesionar una sociedad en torno a un territorio y un futuro. De momento, no hay modo de establecer control de daños.
La deriva radical, en clave bélica y comunista, sólo esconde la debilidad del régimen chavista para gobernar, para resolver problemas, para producir una burocracia mínimamente eficaz. Ya ni siquiera cabe esperar su mejora, porque el tratamiento que ha decidido el Mago de Sabaneta es desestructurar aún más lo poco que queda de la institucionalidad republicana, bajo el acomodaticio argumento revolucionario, para enfrentar su declive con alguna ventaja de campo.
Para otras repúblicas en este y en otros países, quedará esta historia como base confirmadora de un viejo aprendizaje humano. Los problemas colectivos, los que requieren voluntades, técnicas y recursos, demandan consensos y, al día de hoy, el mayor reflejo de consensos es el mismo Estado Nación. Poco fresco, anticuado, cuestionado, para algunos moribundo, pero extrañado, especialmente por los más débiles, allá donde los autoritarismos huyen de la realidad para alimentar los egos.
El reto para mantener vivo a un país como Venezuela pasará por grandísimos esfuerzos de reforma institucional para que recupere su capacidad de cohesionar una sociedad en torno a un territorio y un futuro. De momento, no hay modo de establecer control de daños.