En la primera parte de este artículo se justificaban las funciones primarias de un gobierno moderno: defensa, seguridad, orden público, administración de justicia, protección del patrimonio natural y cultural, mantenimiento de áreas y bienes públicos, producción de ciertos bienes y servicios económicos (protección del libre acceso al mercado, moneda, préstamos de última instancia para los bancos, acuerdos para la promoción del comercio con otras naciones y medidas anti dumping para compensar subsidios extranjeros sobre su producción nacional, regulación de pesos y medidas, protección de la propiedad privada); servicios de salud (suministro de agua potable y tratamiento de aguas servidas, prevención de enfermedades a través del saneamiento, la vacunación y la educación, promoción del acceso igualitario a la atención primaria y promoción de servicios especializados y super especializados de atención médica); la regulación y promoción de servicios educativos y culturales (garantías de acceso a la educación preescolar y básica para promover prácticas socializadoras, incremento sistemática de oportunidades de formación de oficio, promoción de servicios culturales y deportivos); la planeación y construcción de grandes infraestructuras, la atención a grupos vulnerables, la promoción del acceso igualitario para todos a bienes y servicios públicos al tiempo que se incentivan los talentos y capacidades más importantes para lo público en la sociedad; generación de confianza para la producción, inversión e innovación y, por último, la promoción de investigaciones básicas y aplicadas.
Es una larga lista. Está llena de actividades muy complejas (por sus requerimientos técnicos, organizacionales, financieros, materiales, humanos...también por las dificultades políticas para su diseño, financiamiento y administración) pero no es una lista acabada. En esta segunda entrega se abrirá un inciso para responder cuestiones que pueden surgir como duda al plantearse el reto de definir funciones de gobierno, como paso previo para establecer parámetros que permitan evaluar la calidad de su provisión.
Uno de los aspectos que vale la pena anticipar guarda relación con el asunto del financiamiento. Y es que, para muchos, decidir a qué cosas debe o no dedicarse un gobierno incluye, casi sin límites, todo lo que se les ocurra a la hora de hacer feliz a la gente. Pero un gobierno es un aparato organizacional humano, diseñado (bien o mal) y armado (bien o mal) con infraestructuras, tecnologías, recursos materiales, financieros, humanos...Es decir, un gobierno es un conjunto de emprendimientos sociales para brindar bienes y servicios. En términos políticos, ideológicos, históricos, filosóficos, antropológicos o legales puede ser muchas otras cosas diferentes, pero para efectos del punto que se tocará en esta nota, el gobierno es también un conjunto de organismos, institutos, empresas, fundaciones que deben producir y, para hacerlo, necesitan recursos.
¿Quién provee estos recursos para el funcionamiento del gobierno, sean cuales sean sus ocupaciones, sea cual sea la calidad y la satisfacción que proveen? Los ciudadanos. Son los ciudadanos los que pagan la cuenta, siempre (o casi siempre, más adelante en esta misma nota veremos que una excepción se presenta en las economías rentistas e intentaremos explicarlo) y, por lo tanto, cabe imaginar que los ciudadanos se pregunten qué se hace con su dinero.
Las empresas, los trabajadores producen bienes y servicios y pagan impuestos para financiar actividades que, por diversas razones, no se buscan en condiciones normales de competencia en el mercado. No es lógico esperar que los ciudadanos limpien su casa, su patio y, además, continúen la limpieza más allá de la acera, hacia la calle, la avenida, la plaza...Y si no lo hace cada ciudadano ¿quién lo hace? No parece lógico tampoco que un particular limpie la plaza y cobre a los que la visitan por sus servicios.
El gobierno brinda servicios cuya provisión de su parte puede ser justificada de diversas maneras (incluidas razones político ideológicas). Sin embargo, no cabe duda que siempre que se trate de un proceso de producción, habrá costos y se requerirá su financiamiento, para lo cual la sociedad deberá laborar y producir con excedentes suficientes para financiar cualquier tarea productiva que decidamos asignarle al gobierno.
Por lo tanto, si un gobierno decidiese que todos sus ciudadanos merecen un determinado bien o servicio, supongamos, una renta mínima vitalicia (es decir, una asignación por parte del gobierno de una cierta cantidad de dinero, por ejemplo, 100 unidades monetarias mensuales) es claro que la sociedad debería producir bienes y servicios competitivos en el mercado para generar excedentes que le permitiesen pagar al gobierno impuestos para financiar este bien o servicio.
Resulta obvio también que si el gobierno quiere trasladar 100 unidades monetarias a cada particular, entonces deberá recibir más de 100 unidades monetarias para poder hacerlo ¿por qué? Porque el gobierno es una organización cuyos procesos productivos tienen costos. Los funcionarios deben ser remunerados y los demás insumos productivos rentados. Así, cada esfuerzo público que nos parezca útil hacer en cualquier área, implica, necesariamente, una asignación de recursos por parte de la sociedad, que deben incluir, el financiamiento del costo fijo del aparataje del Estado. Es decir, si la sociedad es la que paga el funcionamiento del gobierno, cabe también preguntarse si algunos de los bienes o servicios que espera que produzcan deben ser satisfechos a través de esta regla de producción: PARTICULARES PRODUCEN--> UNA PARTE DE LO PRODUCIDO SE TRASLADA AL GOBIERNO COMO RENTA IMPOSITIVA--> EL GOBIERNO PRODUCE BIENES Y SERVICIOS PARA EL DISFRUTE DE LOS PARTICULARES.
Así, podría el gobierno plantearse la producción de automóviles para los particulares (obsérvese que no están en la lista inicial de bienes y servicios a ser producidos por el gobierno). El particular deberá ofrecer al gobierno, recursos por un valor mayor a los costos variables de producción de cada vehículo, para asegurar el funcionamiento del aparataje organizacional vinculado con este proceso productivo. Ahora bien, el particular podría preguntarse: "Si hay doce o quince corporaciones privadas compitiendo entre sí para ofrecer centenares de alternativas en términos de productos en el mercado automotriz, con gran variedad de cilindradas, formas, colores...¿Para qué usar al gobierno en este fin? ¿lo hará mejor, con mayor calidad, eficacia y eficiencia, es decir, mejor y a menor costo? ¿Será que existe la posibilidad de que el gobierno se distraiga de otras graves funciones - ver la lista - por dedicarse a producir autos?
Desde el punto de vista del aparato del Estado también surgirían dudas. Si los particulares desean vehículos y llegasen a la conclusión que, para incrementar la suma de felicidad que les provee el gobierno, debe ofrecerles vehículos, el gobierno debe atender las siguientes preguntas: "¿Cuál es el equipamiento básico que debemos incorporar a estos vehículos?¿qué tan variados y potentes los haremos? ¿Los entregaremos sin contrapartida monetaria, es decir, sin que medie precio en la transacción? Si es así ¿cómo decidiremos las cantidades a producir de cada modelo y de qué modo lo asignaremos a sus usuarios finales? Si reclamaremos una contrapartida ¿cuál sería? ¿La equivalente al costo medio y marginal de producción? ¿Alguna por debajo de este costo, es decir, con subsidio? En caso de subsidio, está claro que este subsidio competiría en términos de asignación con cualquier otro bien o servicio público ¿es razonable que el subsidio de autos compita con vacunas, por ejemplo? Si lo ofrecemos a costos reales, ¿lograremos ser competitivos en el mercado, para que nuestros autos no salgan al final más caros que los de las empresas privadas? ¿Cuánto invertiríamos en innovación para mantener esa competitividad? ¿Qué tan bien remuneraríamos a nuestros creativos, gerentes y directivos? No son dudas superfluas.
Todo esto puede parecer una tontería para el que conozca principios elementales de administración o economía, incluso para un padre de familia o una jefa de hogar que no completó educación básica. Pero muchos estudiantes de pregrado y postgrado lo olvidan al referirse a funciones necesarias de gobierno y al expresar su deseo porque el gobierno actúe brindando estos o aquellos servicios.
Cabe esperar que la ecuación básica de producción para bienes y servicios de gobierno esté siempre presente a la hora de evaluar, con más o menos entusiasmo, la necesidad de incorporar más cosas en la lista.
Por último, antes de comentar sobre la excepción a la regla del financiamiento, una referencia inevitable. Hasta ahora nos hemos referido en sentido genérico a la cuestión del financiamiento, al costo implícito en cada actividad estatal y a la dificultad para que el gobierno compita en saludables condiciones con privados para la producción de ciertos bienes y servicios. Pero cabe traer a colación las dificultades gerenciales y directivas que involucra la administración del Estado. Por estas limitaciones, los bienes y servicios públicos no suelen alcanzar el nivel competitivo de bienes y servicios similares en el sector privado. Por ello, debemos ser aún más estrictos a la hora de construir la lista de funciones que le asignamos al gobierno. Porque deben tratarse de bienes y servicios de gran necesidad social, no provistos de forma convencional y competitiva por los privados, cuyo costo pueda ser alto, pero mida nuestro interés como sociedad por dotarnos de estos bienes y servicios, inevitablemente costosos. Vacunar niños, sin que medie precio alguno, es una actividad costosa, pero los beneficios sociales que derivan de esta actividad o, mejor planteado, los costos sociales que evita, son de tal magnitud que la carga tributaria que los financia nos mide como ciudadanos, nos dice cuáles son nuestras prioridades. LA LISTA es, en definitiva, una relación caracterizadora de nuestra interpretación social de lo público, es una definición de quiénes somos.
Por otro lado, países como Venezuela han perdido esta conexión. Sus ciudadanos están idiotizados por el vaho de un Monstruo pernicioso, que les ha hecho olvidar el origen y sentido de las funciones de gobierno, que les ha vendido la ilusión de que todo puede y debe ser satisfecho por el gobierno, que magnánimo y justiciero a un tiempo, ofrecerá vida de primer mundo a sus ciudadanos simplemente por el hecho de haber nacido donde nacieron.
¿Pero cómo pueden los ciudadanos de un país creer semejante patraña? Ah, resulta que tuvieron la suerte (algunos creen que la desgracia) de haber nacido sobre recursos que las otras sociedades del planeta valoran más allá de su simple costo productivo, generando un plus especulativo en el precio que se traslada como renta a su propietario. En el caso de Venezuela, en un acto de aparente justificación racional y moderna, esa propiedad está condicionada a la administración por parte del gobierno. Años de actividad administradora de las propiedades rentísticas de sus ciudadanos, terminaron confeccionando el semblante actual del Monstruo Venezolano. Está podrido de poder omnímodo y cree realmente que puede y debe llevar justicia y bienestar a sus desposeídos ciudadanos, que nunca parecen tener la mayoría de edad para decidir sobre sus propiedades. Pero como es el Estado el administrador rentista, como la renta llega como esfuerzo ajeno (internacional) y no llega a pagar esfuerzo productivo nacional, el rico es uno solo, el Estado y su administrador de turno, el gobierno. Se trata además de una riqueza mercantilista, no capitalista. El Estado rico no lo es por su talante productivo, por innovar ofreciendo bienes y servicios de gran valor agregado a las demás sociedades del planeta, por acumular conocimientos sobre su perfil competitivo. No. De hecho ataca cualquier cosa que parezca capitalismo. No le interesa la productividad. Todo lo que suene a capitalismo le parece podrido. Los ricos que pueda haber en la sociedad, están mediatizados, igual que los pobres (la mayoría) por la relación con este superpropietario. Se ha roto la ecuación básica que impone racionalidad a LA LISTA. Por ello, la lista de un país como Venezuela incluye bienes y servicios como: habitaciones en hoteles cinco estrellas, decenas de bancos, compañías telefónicas, compañías de transporte, almacenamiento, autos, neveras y un largo etcétera.
No es raro que, además, los bienes y servicios de la lista básica, los surgidos por auténtica necesidad de la sociedad para con su gobierno, estén siendo gravemente desatendid0s. ¿Hasta donde la enfermedad social que sustenta el Monstruo en sus ciudadanos a través de su vaho rentista será capaz de sostener este mal sueño de premodernidad? Quien sabe. Mientras, el Mundo trabaja arduamente por dotarse de gobiernos poderosos y flexibles para atender más y mejor las necesidades que demandan sus ciudadanos. Eso, dentro de las limitaciones estructurales del sistema de fraccionamientos político territoriales y culturales que llamamos naciones. La sustentabilidad aún es un tema en formación y casi nadie está listo ideológicamente para superar el Estado-Nación. Además, de aceptarlo, se convertirá en una amenaza para sus conciudadanos nacionales, que podrían castigarle por ello.
miércoles, 28 de diciembre de 2011
sábado, 17 de diciembre de 2011
Los deberes de gobierno (I)
Aunque se trata de algo que ya ha sido abordado en este blog, llegando los últimos días de este año 2011, fechas que provocan ejercicios de balance, creo que el primer paso de cualquier balance supone decidir qué es lo que debe incluirse en cada plato de la balanza de un Gobierno.
La idea no es de allí saltar a lo bueno y lo malo que puede haber hecho el Monstruo en los últimos tiempos, es decir, con Chávez de piloto, que ya he comentado lo suficiente la parodia quijotesca de creerse montado en un purasangre sin evidenciar al pollino enfermo. Hacer ese balance es harto difícil, porque Chávez decidió que no sólo no debíamos aspirar del Monstruo el paso y el trote sostenido que nos trajera buenas funciones de gobierno, bienes y servicios públicos de calidad para la gente, sino que además este piloto le pidió al Monstruo que se dirigiese hacia el cielo, que levantase vuelo para ofrecer bienestar y justicia aquí y en resto del Mundo, que enfrentase a los monstruos que otros llamaban molinos y le encumbrase como el chapulín colorado del nuevo desarrollo socialista bolivariano del sur (voy a dejar de añadirle elementos al título del piloto..) sin evidenciar, al tiempo, que el pollino poco se movía y que las naves espaciales que creía ver con cañones de luz fulgurante como amenaza no eran tales y alrededor del asno sólo había toneles rotos, basura y miseria. En definitiva, dejemos que el balance superficial lo haga cada quien y uno más denso y técnico ya estará siendo elaborado por equipos de trabajo de gente seria que aún tiene este país.
Pero valorar qué cosas deben incorporarse al plato bueno de la balanza de gobierno es la ambición de este artículo. Está dedicado a venezolanos que pueden tener dudas al respecto y será decepcionante para aquellos que, disfrutando de un gobierno mínimamente ocupado en estos asuntos, consideran normal que se aborden con seriedad, más frustrante aún para los que tienen la esperanza de que sus gobiernos se conviertan en chapulines, capitanes américa, súper lópez o sandokanes para enfrentar las injusticias en sus patios, sin considerar las dificultades típicas de un ejercicio de representación política en sistemas democráticos para ejercer las muy complejas y ambiciosas funciones de gobierno.
Como asunto previo vale aclarar que se hará un tratamiento genérico de las funciones y se supondrá su aplicación a cualquier estado-nación (porque ese sigue siendo el referente principal de las acciones de gobierno) del mundo en vías de desarrollo, pero también se abordarán dilemas típicos de esta gestión para Venezuela, que no es un estado-nación normal, porque sabemos que su sociedad tiene una enfermedad difícilmente contagiosa (a muchos les gustaría) llamada estatismo-rentismo, caracterizada porque el estado no financia sus actividades sacando los recursos de los bolsillos de sus ciudadanos, como en cualquier estado-nación, pues recibe transferencias de trabajo-valor constituido por otros en el extranjero, que pagan la liquidación de un patrimonio que los nacionales olvidaron como propio (porque desde que tienen memoria y antes, fue propiedad del Monstruo o de sus ancestros). Esta enfermedad condiciona algunos de los planteamientos de este "debe ser" funcional y se abrirán matices para especificar acciones de gobierno vinculadas a los problemas y situaciones que ha generado esta enfermedad en la sociedad y en la maquinaria que produce los bienes y servicios (el estado-nación enfermo, nuestro Monstruo Venezolano).
1) El primer grupo de funciones que deben servir para evaluar un gobierno son las de defensa. No es casual su posición en la lista. Las funciones de defensa territorial y grupal están estrechamente vinculadas con el origen mismo del estado, en los albores del neolítico. No tiene sentido pensar en un gobierno nacional cuyas funciones no incluyan proteger sus dominios y a sus ciudadanos de agresiones externas. No voy a profundizar en este grupo, pero como función de gobierno, no cabe duda que ha sufrido importantes modificaciones con el transcurrir de los tiempos y hoy en día va más allá de tener centinelas y patrullas vinculados a una fortificación fronteriza. La inteligencia de estado es un área en constante revisión y sus mecanismos de desenvolvimiento están sujetos a fuertes presiones competitivas en un entorno cada vez más global.
2) El segundo grupo de funciones son las de seguridad, orden público y administración de justicia. Seguramente es, con mucho, la más importante de las funcionalidades del estado y sus bienes y servicios típicos tienen el más alto valor agregado de lo público frente a la sociedad. Porque el estado debe garantizar la vida de sus ciudadanos y promover los mecanismos de convivencia que permitan la mayor suma de libertad posible para sus ciudadanos. En este grupo se centra la mayor parte de la discusión ideológica. El motivo es el concepto de justicia, que hace referencia a principios y valores establecidos como normas y protegidos por el estado, sin que pueda aclararse mucho desde las ciencias y técnicas de gobierno qué tan justa o injusta pueden ser las normas, que siempre se relativizan en función del interés de los particulares. Sin embargo, las ciencias y técnicas de gobierno pueden hacer un aporte modesto y relativamente sencillo para este grupo de funciones del estado: medir sistemática e históricamente sus resultados. Es un principio básico de gestión efectiva. Por ejemplo, si a través de alguna ley y sus mecanismos de administración se pretende generar riqueza y empleo (es decir, una ley que desarrolla políticas económicas) y luego de años de su aplicación, los indicadores que pretendía afectar no han mejorado, quizá han empeorado, cabe preguntarse si la ley (o sus mecanismos de administración) estarán errados. Quizá caben algunas afirmaciones generales sin entrar en el tema ideológico. Por ejemplo, si un estado no garantiza que sus ciudadanos no pierdan la vida a manos de otros (haciendo que un evento en el que un ciudadano la pierda por intención de otro se convierta en objeto especial de atención, interés, planificación y acción efectiva) está claro que está fallando en este grupo. Pareciera inevitable hablar de tareas de vigilancia y prevención del delito. Otros servicios típicos vinculados con la administración de justicia incluyen la reclusión y reeducación de los transgresores.
3) Regulaciones y acciones fiscalizadoras y penales para proteger el patrimonio natural y arquitectónico de carácter público, para evitar los usos y abusos que deterioren estos recursos o limiten su disfrute actual y futuro por parte de los ciudadanos.
4) Labores de mantenimiento y servicio preventivo y reparador para las áreas públicas, así como para sus infraestructuras y equipamientos.
5)Un quinto grupo de tareas guarda relación con bienes y servicios públicos de carácter económico (sin considerar las tareas de recolección de recursos para el funcionamiento del estado, es decir, la función tributaria):
5.1. Promoción del libre acceso al mercado por parte de los particulares para ofrecer y demandar bienes y servicios, así como promover la restricción a las prácticas monopólicas por parte de cualquier particular o empresa oferente de bienes y servicios.
5.2. Provisión de moneda oficial y regulación de su circulación para proteger su valor.
5.3. Promover recursos financieros para préstamos de última instancia a los bancos, evitando crisis de confianza y pánico financiero.
5.4. Promover acuerdos que faciliten el intercambio de mercancías y factores productivos (capital y trabajo) entre nacionales y de estos con personas, empresas y gobiernos extranjeros. Promover los mecanismos que eviten que estas facilidades supongan ejercicios de competencia desleal de productores extranjeros con los nacionales, a través de la aplicación de tasas y aranceles que compensen los subsidios que pudieran estar recibiendo los extranjeros (medidas anti dumping).
5.5. Regular y fiscalizar los sistemas de medición.
5.6. Regular, proteger y fiscalizar el aprovechamiento de la propiedad privada sin más limitaciones que las establecidas en la ley, especialmente lo relativo al aprovechamiento de marcas, licencias, patentes, derechos sobre innovaciones y otras formas de propiedad intelectual.
6) Los servicios de salud para la ciudadanía, especialmente:
6.1. El tratamiento de aguas (filtración y cloración) disponibles para consumo humano y el tratamiento de aguas servidas (especialmente en áreas urbanas).
6.2. Las actividades de prevención de enfermedades potencialmente epidémicas, como programas de vacunación, regulación de la disposición de agentes tóxicos, regulación y promoción de la clasificación, disposición, recolección y reciclaje de desechos sólidos.
6.3. Las labores de educación y prevención destinadas a evitar comportamientos nocivos para la salud (malnutrición, embarazo precoz, accidentes de tránsito vinculados con conductas temerarias o consumo de sustancias peligrosas, consumo de estupefacientes, entre otras).
6.4. La promoción del acceso igualitario en condiciones de buena calidad para todos los ciudadanos a la atención primaria en salud.
6.5. La subvención y promoción de servicios especializados y super especializados de salud.
7) La regulación y provisión de servicios educativos y culturales, especialmente:
7.1. Regulación y garantía de acceso a la educación preescolar y básica, dedicada a la socialización común y obligatoria de la ciudadanía y la generalización de ciertas capacidades vinculadas a múltiples interacciones culturales (leer, escribir, sumar, restar, multiplicar y dividir cualquier número) y conocimientos del entorno (naturaleza, medio social, expresión artística, idiomas alternativos y telemática).
7.2. Regular y ofrecer oportunidades educativas de formación media y de oficio, vinculadas estrechamente al mercado laboral y generadoras de condiciones para el acceso a actividades remuneradas de los jóvenes que se aproximan a la mayoría de edad.
7.3. Ofrecer servicios culturales y deportivos que faciliten el acceso a todos a prácticas interactivas física y emocionalmente saludables.
8) La construcción de grandes infraestructuras, especialmente:
8.1. Las vinculadas con el almacenamiento y distribución de agua potable.
8.2. Las vinculadas con el saneamiento de aguas servidas, especialmente en las grandes ciudades (circuitos de cloacas y plantas de tratamiento y reaprovechamiento).
8.3. Las vinculadas con las comunicaciones dentro del territorio y de los nacionales con los extranjeros (puentes, puertos, aeropuertos, vías férreas, túneles, carreteras urbanas e interurbanas, etc).
8.4. Las vinculadas con los planes estratégicos de defensa.
8.5. Las vinculadas con la previsión de desastres naturales (diques, canalizaciones, refugios, etc).
8.6. Las vinculadas con las prácticas culturales y deportivas masivas.
9) Protección de grupos vulnerables, especialmente:
9.1. Discapacitados físicos y mentales, promoviendo su acceso a tratamientos paliativos y correctivos, así como actividades de integración y reinserción. Eventualmente también su acceso a rentas que incrementen su autonomía para aquellos más desfavorecidos.
9.2. Protección, atención y cuidado para ancianos solos y enfermos desprotegidos.
9.3. Niños y adolescentes desprotegidos, para garantizar su acceso a alimentos, educación básica y salud hasta su sustentación básica.
9.4. Protección de minorías en grave riesgo de exclusión y/o agresión por razones de raza, credo, ideas políticas u otras.
9.5. Familias en condición de pobreza extrema, contribuyendo con medidas que les permita acceder a rentas de sustentación básica y acciones que estimulen su inserción productiva.
10) Promoción del acceso igualitario a todos los bienes y servicios básicos por parte de todos los ciudadanos, así como selección y promoción de los mejores talentos para estimular y promover su desenvolvimiento en los roles más necesarios para la sociedad (líderes políticos, educadores, jueces, militares, policías, personal asistencial, investigadores...) a través de incentivos y becas.
11) Generación de confianza para la promoción de la inversión, la producción y el empleo. Sin producción la sociedad no se sustenta a sí misma y se vuelven "no financiables" las actividades de gobierno, limitando su alcance, su calidad y, lo que resulta aún más común, estimulando a los gobernantes de turno a violar algunos de los principios básicos de administración eficiente (por ejemplo, fabricando dinero inflacionario o endeudando al país sin respaldo en inversiones productivas para generar los recursos que paguen el endeudamiento).
12) La promoción de investigaciones básicas en áreas de controversial exposición por parte de particulares, empresas y organizaciones no gubernamentales. La promoción de la investigación aplicada en áreas de beneficio potencial para el estado (por ejemplo, por liberar costos futuros en tratamientos de salud) y de toda la sociedad.
Aunque quepan imaginar centenares de funciones adicionales necesarias y quizá ya para muchos esta lista extralimite funciones (por aquello de las divergencias ideológicas) una lista sencilla de doce elementos sirve para evaluar funciones de gobierno. De hecho, si se quita la promoción del acceso al libre mercado y la protección de la propiedad privada, podrían servir de base a un gobierno socialista como el de Chávez. Ojalá los socialistas le reclamaran a su gobernante el cumplimiento de las funciones de gobierno. Muchas veces, a cuenta de cambiar el sistema, enfrentar el capitalismo, construir al hombre nuevo, luchar por la igualdad para todos o otros supuestos retos "urgentes" para la sociedad, se olvidan las funciones de gobierno y se reduce la calidad de vida de la gente y el potencial competitivo de sus emprendimientos.
Más adelante se abordarán áreas complementarias de intervención que pueden tener aún menos consenso que estas.
También se abordará el cómo de las acciones de gobierno, entendiendo que esto abre aún más el espacio de discusión ideológica.
La idea no es de allí saltar a lo bueno y lo malo que puede haber hecho el Monstruo en los últimos tiempos, es decir, con Chávez de piloto, que ya he comentado lo suficiente la parodia quijotesca de creerse montado en un purasangre sin evidenciar al pollino enfermo. Hacer ese balance es harto difícil, porque Chávez decidió que no sólo no debíamos aspirar del Monstruo el paso y el trote sostenido que nos trajera buenas funciones de gobierno, bienes y servicios públicos de calidad para la gente, sino que además este piloto le pidió al Monstruo que se dirigiese hacia el cielo, que levantase vuelo para ofrecer bienestar y justicia aquí y en resto del Mundo, que enfrentase a los monstruos que otros llamaban molinos y le encumbrase como el chapulín colorado del nuevo desarrollo socialista bolivariano del sur (voy a dejar de añadirle elementos al título del piloto..) sin evidenciar, al tiempo, que el pollino poco se movía y que las naves espaciales que creía ver con cañones de luz fulgurante como amenaza no eran tales y alrededor del asno sólo había toneles rotos, basura y miseria. En definitiva, dejemos que el balance superficial lo haga cada quien y uno más denso y técnico ya estará siendo elaborado por equipos de trabajo de gente seria que aún tiene este país.
Pero valorar qué cosas deben incorporarse al plato bueno de la balanza de gobierno es la ambición de este artículo. Está dedicado a venezolanos que pueden tener dudas al respecto y será decepcionante para aquellos que, disfrutando de un gobierno mínimamente ocupado en estos asuntos, consideran normal que se aborden con seriedad, más frustrante aún para los que tienen la esperanza de que sus gobiernos se conviertan en chapulines, capitanes américa, súper lópez o sandokanes para enfrentar las injusticias en sus patios, sin considerar las dificultades típicas de un ejercicio de representación política en sistemas democráticos para ejercer las muy complejas y ambiciosas funciones de gobierno.
Como asunto previo vale aclarar que se hará un tratamiento genérico de las funciones y se supondrá su aplicación a cualquier estado-nación (porque ese sigue siendo el referente principal de las acciones de gobierno) del mundo en vías de desarrollo, pero también se abordarán dilemas típicos de esta gestión para Venezuela, que no es un estado-nación normal, porque sabemos que su sociedad tiene una enfermedad difícilmente contagiosa (a muchos les gustaría) llamada estatismo-rentismo, caracterizada porque el estado no financia sus actividades sacando los recursos de los bolsillos de sus ciudadanos, como en cualquier estado-nación, pues recibe transferencias de trabajo-valor constituido por otros en el extranjero, que pagan la liquidación de un patrimonio que los nacionales olvidaron como propio (porque desde que tienen memoria y antes, fue propiedad del Monstruo o de sus ancestros). Esta enfermedad condiciona algunos de los planteamientos de este "debe ser" funcional y se abrirán matices para especificar acciones de gobierno vinculadas a los problemas y situaciones que ha generado esta enfermedad en la sociedad y en la maquinaria que produce los bienes y servicios (el estado-nación enfermo, nuestro Monstruo Venezolano).
1) El primer grupo de funciones que deben servir para evaluar un gobierno son las de defensa. No es casual su posición en la lista. Las funciones de defensa territorial y grupal están estrechamente vinculadas con el origen mismo del estado, en los albores del neolítico. No tiene sentido pensar en un gobierno nacional cuyas funciones no incluyan proteger sus dominios y a sus ciudadanos de agresiones externas. No voy a profundizar en este grupo, pero como función de gobierno, no cabe duda que ha sufrido importantes modificaciones con el transcurrir de los tiempos y hoy en día va más allá de tener centinelas y patrullas vinculados a una fortificación fronteriza. La inteligencia de estado es un área en constante revisión y sus mecanismos de desenvolvimiento están sujetos a fuertes presiones competitivas en un entorno cada vez más global.
2) El segundo grupo de funciones son las de seguridad, orden público y administración de justicia. Seguramente es, con mucho, la más importante de las funcionalidades del estado y sus bienes y servicios típicos tienen el más alto valor agregado de lo público frente a la sociedad. Porque el estado debe garantizar la vida de sus ciudadanos y promover los mecanismos de convivencia que permitan la mayor suma de libertad posible para sus ciudadanos. En este grupo se centra la mayor parte de la discusión ideológica. El motivo es el concepto de justicia, que hace referencia a principios y valores establecidos como normas y protegidos por el estado, sin que pueda aclararse mucho desde las ciencias y técnicas de gobierno qué tan justa o injusta pueden ser las normas, que siempre se relativizan en función del interés de los particulares. Sin embargo, las ciencias y técnicas de gobierno pueden hacer un aporte modesto y relativamente sencillo para este grupo de funciones del estado: medir sistemática e históricamente sus resultados. Es un principio básico de gestión efectiva. Por ejemplo, si a través de alguna ley y sus mecanismos de administración se pretende generar riqueza y empleo (es decir, una ley que desarrolla políticas económicas) y luego de años de su aplicación, los indicadores que pretendía afectar no han mejorado, quizá han empeorado, cabe preguntarse si la ley (o sus mecanismos de administración) estarán errados. Quizá caben algunas afirmaciones generales sin entrar en el tema ideológico. Por ejemplo, si un estado no garantiza que sus ciudadanos no pierdan la vida a manos de otros (haciendo que un evento en el que un ciudadano la pierda por intención de otro se convierta en objeto especial de atención, interés, planificación y acción efectiva) está claro que está fallando en este grupo. Pareciera inevitable hablar de tareas de vigilancia y prevención del delito. Otros servicios típicos vinculados con la administración de justicia incluyen la reclusión y reeducación de los transgresores.
3) Regulaciones y acciones fiscalizadoras y penales para proteger el patrimonio natural y arquitectónico de carácter público, para evitar los usos y abusos que deterioren estos recursos o limiten su disfrute actual y futuro por parte de los ciudadanos.
4) Labores de mantenimiento y servicio preventivo y reparador para las áreas públicas, así como para sus infraestructuras y equipamientos.
5)Un quinto grupo de tareas guarda relación con bienes y servicios públicos de carácter económico (sin considerar las tareas de recolección de recursos para el funcionamiento del estado, es decir, la función tributaria):
5.1. Promoción del libre acceso al mercado por parte de los particulares para ofrecer y demandar bienes y servicios, así como promover la restricción a las prácticas monopólicas por parte de cualquier particular o empresa oferente de bienes y servicios.
5.2. Provisión de moneda oficial y regulación de su circulación para proteger su valor.
5.3. Promover recursos financieros para préstamos de última instancia a los bancos, evitando crisis de confianza y pánico financiero.
5.4. Promover acuerdos que faciliten el intercambio de mercancías y factores productivos (capital y trabajo) entre nacionales y de estos con personas, empresas y gobiernos extranjeros. Promover los mecanismos que eviten que estas facilidades supongan ejercicios de competencia desleal de productores extranjeros con los nacionales, a través de la aplicación de tasas y aranceles que compensen los subsidios que pudieran estar recibiendo los extranjeros (medidas anti dumping).
5.5. Regular y fiscalizar los sistemas de medición.
5.6. Regular, proteger y fiscalizar el aprovechamiento de la propiedad privada sin más limitaciones que las establecidas en la ley, especialmente lo relativo al aprovechamiento de marcas, licencias, patentes, derechos sobre innovaciones y otras formas de propiedad intelectual.
6) Los servicios de salud para la ciudadanía, especialmente:
6.1. El tratamiento de aguas (filtración y cloración) disponibles para consumo humano y el tratamiento de aguas servidas (especialmente en áreas urbanas).
6.2. Las actividades de prevención de enfermedades potencialmente epidémicas, como programas de vacunación, regulación de la disposición de agentes tóxicos, regulación y promoción de la clasificación, disposición, recolección y reciclaje de desechos sólidos.
6.3. Las labores de educación y prevención destinadas a evitar comportamientos nocivos para la salud (malnutrición, embarazo precoz, accidentes de tránsito vinculados con conductas temerarias o consumo de sustancias peligrosas, consumo de estupefacientes, entre otras).
6.4. La promoción del acceso igualitario en condiciones de buena calidad para todos los ciudadanos a la atención primaria en salud.
6.5. La subvención y promoción de servicios especializados y super especializados de salud.
7) La regulación y provisión de servicios educativos y culturales, especialmente:
7.1. Regulación y garantía de acceso a la educación preescolar y básica, dedicada a la socialización común y obligatoria de la ciudadanía y la generalización de ciertas capacidades vinculadas a múltiples interacciones culturales (leer, escribir, sumar, restar, multiplicar y dividir cualquier número) y conocimientos del entorno (naturaleza, medio social, expresión artística, idiomas alternativos y telemática).
7.2. Regular y ofrecer oportunidades educativas de formación media y de oficio, vinculadas estrechamente al mercado laboral y generadoras de condiciones para el acceso a actividades remuneradas de los jóvenes que se aproximan a la mayoría de edad.
7.3. Ofrecer servicios culturales y deportivos que faciliten el acceso a todos a prácticas interactivas física y emocionalmente saludables.
8) La construcción de grandes infraestructuras, especialmente:
8.1. Las vinculadas con el almacenamiento y distribución de agua potable.
8.2. Las vinculadas con el saneamiento de aguas servidas, especialmente en las grandes ciudades (circuitos de cloacas y plantas de tratamiento y reaprovechamiento).
8.3. Las vinculadas con las comunicaciones dentro del territorio y de los nacionales con los extranjeros (puentes, puertos, aeropuertos, vías férreas, túneles, carreteras urbanas e interurbanas, etc).
8.4. Las vinculadas con los planes estratégicos de defensa.
8.5. Las vinculadas con la previsión de desastres naturales (diques, canalizaciones, refugios, etc).
8.6. Las vinculadas con las prácticas culturales y deportivas masivas.
9) Protección de grupos vulnerables, especialmente:
9.1. Discapacitados físicos y mentales, promoviendo su acceso a tratamientos paliativos y correctivos, así como actividades de integración y reinserción. Eventualmente también su acceso a rentas que incrementen su autonomía para aquellos más desfavorecidos.
9.2. Protección, atención y cuidado para ancianos solos y enfermos desprotegidos.
9.3. Niños y adolescentes desprotegidos, para garantizar su acceso a alimentos, educación básica y salud hasta su sustentación básica.
9.4. Protección de minorías en grave riesgo de exclusión y/o agresión por razones de raza, credo, ideas políticas u otras.
9.5. Familias en condición de pobreza extrema, contribuyendo con medidas que les permita acceder a rentas de sustentación básica y acciones que estimulen su inserción productiva.
10) Promoción del acceso igualitario a todos los bienes y servicios básicos por parte de todos los ciudadanos, así como selección y promoción de los mejores talentos para estimular y promover su desenvolvimiento en los roles más necesarios para la sociedad (líderes políticos, educadores, jueces, militares, policías, personal asistencial, investigadores...) a través de incentivos y becas.
11) Generación de confianza para la promoción de la inversión, la producción y el empleo. Sin producción la sociedad no se sustenta a sí misma y se vuelven "no financiables" las actividades de gobierno, limitando su alcance, su calidad y, lo que resulta aún más común, estimulando a los gobernantes de turno a violar algunos de los principios básicos de administración eficiente (por ejemplo, fabricando dinero inflacionario o endeudando al país sin respaldo en inversiones productivas para generar los recursos que paguen el endeudamiento).
12) La promoción de investigaciones básicas en áreas de controversial exposición por parte de particulares, empresas y organizaciones no gubernamentales. La promoción de la investigación aplicada en áreas de beneficio potencial para el estado (por ejemplo, por liberar costos futuros en tratamientos de salud) y de toda la sociedad.
Aunque quepan imaginar centenares de funciones adicionales necesarias y quizá ya para muchos esta lista extralimite funciones (por aquello de las divergencias ideológicas) una lista sencilla de doce elementos sirve para evaluar funciones de gobierno. De hecho, si se quita la promoción del acceso al libre mercado y la protección de la propiedad privada, podrían servir de base a un gobierno socialista como el de Chávez. Ojalá los socialistas le reclamaran a su gobernante el cumplimiento de las funciones de gobierno. Muchas veces, a cuenta de cambiar el sistema, enfrentar el capitalismo, construir al hombre nuevo, luchar por la igualdad para todos o otros supuestos retos "urgentes" para la sociedad, se olvidan las funciones de gobierno y se reduce la calidad de vida de la gente y el potencial competitivo de sus emprendimientos.
Más adelante se abordarán áreas complementarias de intervención que pueden tener aún menos consenso que estas.
También se abordará el cómo de las acciones de gobierno, entendiendo que esto abre aún más el espacio de discusión ideológica.
lunes, 12 de diciembre de 2011
La suma de nosotros y el orgullo nacional
Luego de 13 años de esta nueva etapa en la vida del Monstruo, algunos reafirman sus convicciones aristocráticas con respecto al criterio del pueblo venezolano para elegir gobernante y reafirman su opinión en torno a formas de despotismo ilustrado, algunas profundamente bolviarianas, que devuelvan rumbo al país (o se lo den de inicio por creer que quizá nunca lo tuvo, no todos los aristócratistas son iguales).
Otras figuras de aristrocratismo piensan que el pueblo no está en condiciones de elegir por si mismo a alguien útil para mejorar el país pero, a diferencia de los anteriores, creen que ni siquiera debe saber que por ellos otros deciden y prefieren que la solución tenga apariencias democráticas. Anhelan el corporativismo político y la articulación de élites básicas con el Estado para construir un nuevo pacto de estabilidad, con elecciones que permitan la elección "sin sorpresas".
No olvidemos considerar también a la mala versión de los anteriores que simplemente prefiere hacer esto sin pacto y centrarse en el control del Estado desde una única gran élite plutocrática unipartidista (tipo PRI mejicano) o, para ser más realistas, unicaudillista (tipo chavismo venezolano), que el partido no es más que un canal más de repartición de prebendas clientelares. Las demás élites son prescindibles y la dualidad líder-pueblo es suficiente para perpetuar el tutelaje.
Lo que me llama la atención es la capacidad que tienen estas mismas personas para fortalecer su orgullo nacional a partir de cualquier detalle y recrear un imaginario de grandeza nacional a partir de una gesta del pasado histórico, o deportiva, artística, científica...Se trata de algo así como "...somos el mejor país del Mundo, que lástima que estábamos gobernados por Fulano..." o bien " lástima que estemos gobernados hoy por Mengano..."
Pocos comentan "...estoy cansado de mi condición nacional, mis compatriotas me cargan muy molesto, no es posible que hagan lecturas tan palurdas de su realidad, creo que estamos fregados y tendremos graves problemas para afrontar el futuro más allá del gobernante Zutano, porque el problema está en el conjunto de principios y valores que se desprenden de nuestros comportamientos cotidianos..." o bien "...quizá el país tenga futuro, pero si seguimos comportándonos así, lo estamos comprometiendo y no hago bien reafirmándole mi cariño al gentilicio que tan mayoritariamente veo equivocarse...", algo así como "...el pueblo está equivocado y se reafirma en una relación parasitaria, lo que demuestra sus problemas psíquicos, que de no resolverse continuarán llenándonos de vergüenza frente a otros, frente a nosotros mismos, frente a las generaciones porvenir..."
Al fin y al cabo la política consiste en la creación, divulgación, fortalecimiento y recreación de múltiples formas de esperanza, de tal modo que la gente asuma como propios los mensajes de sus líderes y participen de las iniciativas que estos les sugieren para impulsar algún proyecto. La esperanza de nación es su último aliento y vivirá mientras humanos vinculados al territorio y la cultura que la constituyen, logren reproducir esta esperanza a través de cualquier "escena" que contribuya a mejorar su autopercepción actual o potencial. Supongo que por ello, sin que parezca importar el tamaño y duración de los errores, nos regodeamos en nuestra miseria y hacemos fiesta casi sin cordura.
Si actuamos como nacionales y participamos del rumbo de este invento decimonónico llamado Venezuela, deberíamos ser más capaces de comprendernos y aceptarnos como comunidad, con sus borracheras, malandrerías, desórdenes, abusos y pérdidas de referentes sobre gestión pública (confundiendo, por ejemplo, gobierno con reparto de migajas rentistas y formalismos de pseudomodernidad empastelados con colores, cantos y sueños rancios de hombre nuevo),pero sin autocomplacencias, con vergüenza. Acepto a mis compatriotas y ser venezolano es, en buena medida, asumir que mi conducta es irresponsable, inmadura y que, además, tengo costumbres y prácticas culturales que me parecen despreciables (a mí, personaje de cualquier élite aparentemente modernizadora).
Si el pueblo es la suma de nosotros y nos motiva la nación, hacer nación es cambiar la perspectiva personal del ejercicio ciudadano y motivar a todos para que al sumarnos seamos un resultado mejor que el anterior. De resto, dejemos el orgullo, que nos hace perder coherencia.
Suena terriblemente artistocrático y seguramente no tiene viabilidad en términos de mercadotecnia política, pero en situaciones como la nuestra la simple coherencia es cada vez más una fuente referencial para fundar iniciativas de reconstrucción.
El reto para el liderazgo emergente es enorme. Lo estamos haciendo mal, no sólo los líderes, también los que los elegimos, aunque decirlo en este país no suena bien.
Si llamamos al orgullo, hagámoslo reafirmando lo que nos hace sentir orgullosos y lo que no, que no parezca que todo vale y que todos valemos. Qué bien me siento al ver a muchos de mis compatriotras levantarse de noche y trabajar todo el día con buen humor para llevar pan a los suyos (y a continuación...) que lamentable aquellos que se agarran de un cargo aunque no estén produciendo nada y se ponen una franela de color sólo para que le mantengan en nómina o el que se dice padre cuando no le para a sus hijos y gasta su dinero en fiesta y caña.
Un buen camino para rearmar el orgullo malgastado puede ser identificar errores, plantear con claridad cambios radicales en nuestra concepción de las relaciones Estado-Sociedad, auditar a cada líder que ofrezca más de lo mismo para aclararle que no vale todo en este juego. Y asumamos la vergüenza y el deshonor de la suma hoy.
Otras figuras de aristrocratismo piensan que el pueblo no está en condiciones de elegir por si mismo a alguien útil para mejorar el país pero, a diferencia de los anteriores, creen que ni siquiera debe saber que por ellos otros deciden y prefieren que la solución tenga apariencias democráticas. Anhelan el corporativismo político y la articulación de élites básicas con el Estado para construir un nuevo pacto de estabilidad, con elecciones que permitan la elección "sin sorpresas".
No olvidemos considerar también a la mala versión de los anteriores que simplemente prefiere hacer esto sin pacto y centrarse en el control del Estado desde una única gran élite plutocrática unipartidista (tipo PRI mejicano) o, para ser más realistas, unicaudillista (tipo chavismo venezolano), que el partido no es más que un canal más de repartición de prebendas clientelares. Las demás élites son prescindibles y la dualidad líder-pueblo es suficiente para perpetuar el tutelaje.
Lo que me llama la atención es la capacidad que tienen estas mismas personas para fortalecer su orgullo nacional a partir de cualquier detalle y recrear un imaginario de grandeza nacional a partir de una gesta del pasado histórico, o deportiva, artística, científica...Se trata de algo así como "...somos el mejor país del Mundo, que lástima que estábamos gobernados por Fulano..." o bien " lástima que estemos gobernados hoy por Mengano..."
Pocos comentan "...estoy cansado de mi condición nacional, mis compatriotas me cargan muy molesto, no es posible que hagan lecturas tan palurdas de su realidad, creo que estamos fregados y tendremos graves problemas para afrontar el futuro más allá del gobernante Zutano, porque el problema está en el conjunto de principios y valores que se desprenden de nuestros comportamientos cotidianos..." o bien "...quizá el país tenga futuro, pero si seguimos comportándonos así, lo estamos comprometiendo y no hago bien reafirmándole mi cariño al gentilicio que tan mayoritariamente veo equivocarse...", algo así como "...el pueblo está equivocado y se reafirma en una relación parasitaria, lo que demuestra sus problemas psíquicos, que de no resolverse continuarán llenándonos de vergüenza frente a otros, frente a nosotros mismos, frente a las generaciones porvenir..."
Al fin y al cabo la política consiste en la creación, divulgación, fortalecimiento y recreación de múltiples formas de esperanza, de tal modo que la gente asuma como propios los mensajes de sus líderes y participen de las iniciativas que estos les sugieren para impulsar algún proyecto. La esperanza de nación es su último aliento y vivirá mientras humanos vinculados al territorio y la cultura que la constituyen, logren reproducir esta esperanza a través de cualquier "escena" que contribuya a mejorar su autopercepción actual o potencial. Supongo que por ello, sin que parezca importar el tamaño y duración de los errores, nos regodeamos en nuestra miseria y hacemos fiesta casi sin cordura.
Si actuamos como nacionales y participamos del rumbo de este invento decimonónico llamado Venezuela, deberíamos ser más capaces de comprendernos y aceptarnos como comunidad, con sus borracheras, malandrerías, desórdenes, abusos y pérdidas de referentes sobre gestión pública (confundiendo, por ejemplo, gobierno con reparto de migajas rentistas y formalismos de pseudomodernidad empastelados con colores, cantos y sueños rancios de hombre nuevo),pero sin autocomplacencias, con vergüenza. Acepto a mis compatriotas y ser venezolano es, en buena medida, asumir que mi conducta es irresponsable, inmadura y que, además, tengo costumbres y prácticas culturales que me parecen despreciables (a mí, personaje de cualquier élite aparentemente modernizadora).
Si el pueblo es la suma de nosotros y nos motiva la nación, hacer nación es cambiar la perspectiva personal del ejercicio ciudadano y motivar a todos para que al sumarnos seamos un resultado mejor que el anterior. De resto, dejemos el orgullo, que nos hace perder coherencia.
Suena terriblemente artistocrático y seguramente no tiene viabilidad en términos de mercadotecnia política, pero en situaciones como la nuestra la simple coherencia es cada vez más una fuente referencial para fundar iniciativas de reconstrucción.
El reto para el liderazgo emergente es enorme. Lo estamos haciendo mal, no sólo los líderes, también los que los elegimos, aunque decirlo en este país no suena bien.
Si llamamos al orgullo, hagámoslo reafirmando lo que nos hace sentir orgullosos y lo que no, que no parezca que todo vale y que todos valemos. Qué bien me siento al ver a muchos de mis compatriotras levantarse de noche y trabajar todo el día con buen humor para llevar pan a los suyos (y a continuación...) que lamentable aquellos que se agarran de un cargo aunque no estén produciendo nada y se ponen una franela de color sólo para que le mantengan en nómina o el que se dice padre cuando no le para a sus hijos y gasta su dinero en fiesta y caña.
Un buen camino para rearmar el orgullo malgastado puede ser identificar errores, plantear con claridad cambios radicales en nuestra concepción de las relaciones Estado-Sociedad, auditar a cada líder que ofrezca más de lo mismo para aclararle que no vale todo en este juego. Y asumamos la vergüenza y el deshonor de la suma hoy.
martes, 29 de noviembre de 2011
Capitalismo, mercantilismo, socialismo, poder nacional y sustentabilidad
Desde que el capitalismo mundial entró en su etapa más reciente de crisis, con altos niveles de pérdida de confianza y graves repercusiones sobre la economía real (sobre la inversión, la producción y el empleo), el líder de la revolución venezolana ha esgrimido el argumento de esta crisis para fortalecer su discurso anti capitalista y la necesidad de su alternativa socialista.
También en espacios académicos y medios de comunicación globales se extienden las reflexiones y protestas que anticipan la necesidad de un viraje político en el planeta, que podría resumirse en los siguientes términos: "...mayor control sobre los mercados (valga decir que, al hacerlo, se de da carácter de actor a un complejo sistema de interacciones humanas que no toma decisiones de actor, aunque puede que para algunos tenga claros representantes, por ejemplo, la banca) y nuevas políticas públicas que hagan énfasis en favorecer a los desfavorecidos, generar empleo para los más jóvenes, reducir la especulación financiera..."
Al Monstruo Venezolano (su estado enfermo) nunca le gustó el capitalismo. Apenas toleró cierta dinámica de emprendimiento privado venezolano en torno a si mismo, a sus ramificaciones empresariales estatales en ámbitos como la energía, los servicios, la industria, el agro...(mejor detener la relación y simplemente decir, emprendimientos estatales en todos los ámbitos, porque el estado venezolano se ha metido a empresario en todas las áreas) que ocasionalmente forjaron espacios de renovación en los esquemas de modernización institucional que parecían comprometer su vetusto reinado mercantilista, aunque la ilusión de algunos grupos intelctuales, clases medias crecientes y pequeñas bases populares, pareciera haberse reducido para dar pie a la conciencia general del país caudillista y patrimonialista.
En Venezuela predomina el mercantilismo. Nuestro caudillo ocasional (por su poder discrecional sobre lo que sucede en el resto de la sociedad y, sobre todo, por su poder para repartir según sus criterio la riqueza de toda la sociedad) y sus subditos que somos todos los que anhelamos acceder a alguna de las prebendas ocasionales que nos da una buena relación con este semi-rey, damos la espalda a la modernidad. La complejidad, el emprendimiento como base de la necesaria creación de riqueza, la protección de derechos necesaria para la innovación y la acumulación sin la cual no se generan ventajas competitivas globales que permitan esgrimir el argumento de la soberanía (y, con un poco de suerte y valentía, ejercerla) y la educación centrada en la creación de ciudadanía, protección de la diversidad, generación de capacidades para el trabajo y ampliación del marco general de libertades, no ha sido la ruta abordada por los que, desde su más tierna juventud, han aprovechado la educación gratuita para pegarse al monstruo y ya no soltarlo, carrera política de por medio, o movilización militar, que el Monstruo sabe de líderes que aparentan fuerza y liderazgo para la transformación desde la herramienta armada, cegados igual por el vaho que les impide ver en perspectiva su más íntima y radical dependencia y sumisión.
Ahora la ruta es el socialismo. Al principio de este gobierno se hablaba de sustituir el petróleo, de espacios productivos, de industria e innovación propias. Pero en un momento dado, al abandonar posibilidades políticas más innnovadoras, menos blanco y negro, al agarrarse de laa obsoleta solución del hombre nuevo socialista, la dependencia fue clara incluso para los más borrachos de poder y comenzó a hablarse de "socialismo petrolero" de "precio justo para el petróleo (el más alto, cartelizado y especulativo posible)" y "darle a los venezolanos lo que se merecen..." ante la casi imposibilidad de que se lo ganen trabajando (por algunas fallitas de diseño, el Estado y los proyectos comunitarios no generan empleo de calidad para todos...).
La gente duda del capitalismo. No haré ningún alegato en su defensa. Es mi opinión que se renovará con bríos y nos seguirá ofreciendo alternativas para producir más y mejores bienes y servicios para satisfacer necesidades infinitas de los seres humanos, mezclándose con decenas de articulaciones políticas de izquierda, derecha y centro. La sustentabilidad humana puede estar ciertamente comprometida. Al culpar al capitalismo pienso en náufragos que viajan a la deriva porque su nave deteriorada pareciera no darles el rumbo deseado y, en venganza, deciden destruirla.
Pocos hablan de los problemas políticos del nacionalismo, por citar un ejemplo político institucional. De las limitaciones crecientes para darle cabida a un tratamiento adecuado a nuestros problemas ambientales y sociales (de dimensión global) sin superar este marco restrictivo de la territorialidad en los grupos humanos. Muchos que se definen progresistas atacan abiertamente la globalización y la ven como una amenaza de grandes centros de poder (naciones o empresas multinacionales) a formas alternativas de desarrollo nacional. Las opciones políticas no sufren innovaciones al mismo ritmo de los bienes y servicios en el mercado. Es más, suele ser un área de coincidencia de intereses entre países ricos y pobres. El capitalismo deja de tener interés si está en juego la nacionalidad, la imagen arcaica, primitiva, del poder territorial en oposición a los humanos extranjeros (porque toda afirmación nacional es, casi inevitablemente, violenta y xenófoba).
Ciertamente el mundo está en crisis. La sustentabilidad de la especie humana y del planeta que habita está comprometida. Pero no cabe duda que mercantilismo, socialismo y poder nacional no son fuentes de solución. Ojalá todo lo que estamos viviendo sirva, aún a costa de enormes sufrimientos y pérdidas de oportunidades, para aprender.
También en espacios académicos y medios de comunicación globales se extienden las reflexiones y protestas que anticipan la necesidad de un viraje político en el planeta, que podría resumirse en los siguientes términos: "...mayor control sobre los mercados (valga decir que, al hacerlo, se de da carácter de actor a un complejo sistema de interacciones humanas que no toma decisiones de actor, aunque puede que para algunos tenga claros representantes, por ejemplo, la banca) y nuevas políticas públicas que hagan énfasis en favorecer a los desfavorecidos, generar empleo para los más jóvenes, reducir la especulación financiera..."
Al Monstruo Venezolano (su estado enfermo) nunca le gustó el capitalismo. Apenas toleró cierta dinámica de emprendimiento privado venezolano en torno a si mismo, a sus ramificaciones empresariales estatales en ámbitos como la energía, los servicios, la industria, el agro...(mejor detener la relación y simplemente decir, emprendimientos estatales en todos los ámbitos, porque el estado venezolano se ha metido a empresario en todas las áreas) que ocasionalmente forjaron espacios de renovación en los esquemas de modernización institucional que parecían comprometer su vetusto reinado mercantilista, aunque la ilusión de algunos grupos intelctuales, clases medias crecientes y pequeñas bases populares, pareciera haberse reducido para dar pie a la conciencia general del país caudillista y patrimonialista.
En Venezuela predomina el mercantilismo. Nuestro caudillo ocasional (por su poder discrecional sobre lo que sucede en el resto de la sociedad y, sobre todo, por su poder para repartir según sus criterio la riqueza de toda la sociedad) y sus subditos que somos todos los que anhelamos acceder a alguna de las prebendas ocasionales que nos da una buena relación con este semi-rey, damos la espalda a la modernidad. La complejidad, el emprendimiento como base de la necesaria creación de riqueza, la protección de derechos necesaria para la innovación y la acumulación sin la cual no se generan ventajas competitivas globales que permitan esgrimir el argumento de la soberanía (y, con un poco de suerte y valentía, ejercerla) y la educación centrada en la creación de ciudadanía, protección de la diversidad, generación de capacidades para el trabajo y ampliación del marco general de libertades, no ha sido la ruta abordada por los que, desde su más tierna juventud, han aprovechado la educación gratuita para pegarse al monstruo y ya no soltarlo, carrera política de por medio, o movilización militar, que el Monstruo sabe de líderes que aparentan fuerza y liderazgo para la transformación desde la herramienta armada, cegados igual por el vaho que les impide ver en perspectiva su más íntima y radical dependencia y sumisión.
Ahora la ruta es el socialismo. Al principio de este gobierno se hablaba de sustituir el petróleo, de espacios productivos, de industria e innovación propias. Pero en un momento dado, al abandonar posibilidades políticas más innnovadoras, menos blanco y negro, al agarrarse de laa obsoleta solución del hombre nuevo socialista, la dependencia fue clara incluso para los más borrachos de poder y comenzó a hablarse de "socialismo petrolero" de "precio justo para el petróleo (el más alto, cartelizado y especulativo posible)" y "darle a los venezolanos lo que se merecen..." ante la casi imposibilidad de que se lo ganen trabajando (por algunas fallitas de diseño, el Estado y los proyectos comunitarios no generan empleo de calidad para todos...).
La gente duda del capitalismo. No haré ningún alegato en su defensa. Es mi opinión que se renovará con bríos y nos seguirá ofreciendo alternativas para producir más y mejores bienes y servicios para satisfacer necesidades infinitas de los seres humanos, mezclándose con decenas de articulaciones políticas de izquierda, derecha y centro. La sustentabilidad humana puede estar ciertamente comprometida. Al culpar al capitalismo pienso en náufragos que viajan a la deriva porque su nave deteriorada pareciera no darles el rumbo deseado y, en venganza, deciden destruirla.
Pocos hablan de los problemas políticos del nacionalismo, por citar un ejemplo político institucional. De las limitaciones crecientes para darle cabida a un tratamiento adecuado a nuestros problemas ambientales y sociales (de dimensión global) sin superar este marco restrictivo de la territorialidad en los grupos humanos. Muchos que se definen progresistas atacan abiertamente la globalización y la ven como una amenaza de grandes centros de poder (naciones o empresas multinacionales) a formas alternativas de desarrollo nacional. Las opciones políticas no sufren innovaciones al mismo ritmo de los bienes y servicios en el mercado. Es más, suele ser un área de coincidencia de intereses entre países ricos y pobres. El capitalismo deja de tener interés si está en juego la nacionalidad, la imagen arcaica, primitiva, del poder territorial en oposición a los humanos extranjeros (porque toda afirmación nacional es, casi inevitablemente, violenta y xenófoba).
Ciertamente el mundo está en crisis. La sustentabilidad de la especie humana y del planeta que habita está comprometida. Pero no cabe duda que mercantilismo, socialismo y poder nacional no son fuentes de solución. Ojalá todo lo que estamos viviendo sirva, aún a costa de enormes sufrimientos y pérdidas de oportunidades, para aprender.
jueves, 11 de agosto de 2011
Mercantilismo petrolero internacional para el ingreso, socialismo estatizador y caudillista para el gasto
Venezuela es un país enfermo, contaminado por el vaho de su Estado enfermo. Tuvo un sueño de modernidad que quedó truncado por élites económicas, sociales, culturales, civiles y militares que se olvidaron de la compleja tarea de hacer país y sucumbieron a la droga del monstruo y la repartición.
Hoy, un caudillo premoderno nos anuncia la buena nueva. Es el socialismo. En el pasado, allí donde se puso en práctica, no fue útil para levantar los sistemas productivos, por lo que la producción y el esfuerzo colectivo quedan como simples arengas, la práctica cotidiana sigue siendo el reparto.
Lo curioso es que este sistema de reparto, ahora llamado revolución socialista, que se jacta de ser una alternativa al capitalismo "en grave crisis", en general ha visto agudizar la dependencia petrolera y los cambios culturales que promueve se basan en la vieja formula de distribuir renta, que todos sabemos alimenta primariamente a las élites plutocráticas vinculadas al régimen (antes de turno, ahora cada vez más taciturno y sin turno).
¿Y qué es la renta? Para algunos es sinónimo de ingreso, de hecho lo ven como justo dada nuestra condición (nacional, aunque no individual) de propietarios del recurso.
Pero la renta no es ingreso. Un ingreso que remunere actividad nacional productiva sería muy saludable y lógico motivo de orgullo nacional. Pero la renta llega por la liquidación patrimonial de un recurso natural finito, no renovable y la mayor parte del ingreso corresponde a una remuneración ajena al esfuerzo productivo. La renta llega porque el mercado más volátil y especulativo del Mundo, el de los commodities y sus futuros, es la base del desenvolvimiento económico de este país.
El Profesor Ingeniero Económico, gran sabio de la planificación, alaba la capacidad de Venezuela para avanzar hacia el socialissmo mientras el capitalismo está en crisis. Las facturas diarias que emite PDVSA ahora tienen colores rojos y eso cambia todo.
No es sólo el ingeniero económico. En días de descalabro financiero global, su Jefe, el mismo Piloto del Monstruo, ahora ve con orgullo que la bolsa venezolana no ha caído mientras las de Nueva York, Londres, Paris y el resto de las capitales europeas, se desploma. Nadie le ha dicho que él mismo terminó de liquidar la maltrecha bolsa venezolana de la que ahora pareciera sentirse orgulloso (como también siente orgullo de que PDVSA patrocine con varios millones de dólares las carreras de formula 1), una Bolsa que nunca reflejó más que un pequeño mercado porque la mayor parte de las empresas con potencialidad para captar inversión no lo pueden hacer legalmente y que las demás no lo hacen por falta de confianza. La bolsa venezolana no mide nada, no negocia nada, no es indicador de nada y, gracias a eso, no tuvo el privilegio de caerse, como tampoco podrá crecer, negociar bonos hipotecarios, acciones de compañías petroleras o de bancos que ahora son del Estado.
Al Piloto y al Ingeniero pareciera irles bien en su viaje a la grupa del Monstruo. Parecieran querer seguir allí muchos años. Llegan a creer que se la están comiendo y que esté país es ahora mejor, más próspero y justo. Total, están repartiendo con socialismo lo que nos transfiere la sociedad laboriosa del Mundo con mercantilismo, negados además a la idea de aprovechar esa renta para constituir capitales, reunir capacidades humanas y tecnológicas, convocar iniciativas y crear alternativas al mercantilismo, que no pueden ser otras que las de un desarrollo capitalista saludable, con gente cada vez más preparada para competir, para crear, para innovar, incluso para gestionar aquellos bienes y servicios que el Estado debería garantizar y que, en este extraño país, quedan en arengas, leyes e imaginarios institucionales, pero que la gran mayoría de los venezolanos, sabemos que no sólo no son garantizados, sino que son cotidianamente violentados (la vida, la integridad física, la propiedad sobre los bienes, la infraestructura pública, los servicios domésticos, la salud y educación de calidad, la justicia...).
Años de mercantilismo económico sin construcción de capitalismo, mezclados con sistemas populistas de conciliación para el reparto de la renta, han dado paso a mercantilismo económico sin construcción de capitalismo, mezclado con populismo socialista super estatizante para el reparto de la renta. Todo, supuestamente, por culpa de un capitalismo que, aparentemente renqueante en el Mundo, a nosotros sólo nos ha llegado en esporádicas visitas y en el empeño contracorriente de algunos loables emprendedores que enaltecen el gentilicio y su condición de verdaderos empresarios. Su ejemplo, como el de funcionarios honestos y productivos, artistas e inventores, gente laboriosa y bienintencionada que produce soluciones de sol a sol, no han sido suficiente frente al asalto al Estado, el único receptor del maná mercantilista, la base de la adicción del Monstruo y sus engordados administradores.
Algo no anda bien en el Alma del pueblo venezolano. Años de droga parecieran estar afectando algo más que el humor, la iniciativa, el liderazgo, pareciera que comenzamos a ofrecer manifestaciones claras de rechazar la modernidad y continuar la alucinación cotidiana del faraonismo rentista.
Hoy, un caudillo premoderno nos anuncia la buena nueva. Es el socialismo. En el pasado, allí donde se puso en práctica, no fue útil para levantar los sistemas productivos, por lo que la producción y el esfuerzo colectivo quedan como simples arengas, la práctica cotidiana sigue siendo el reparto.
Lo curioso es que este sistema de reparto, ahora llamado revolución socialista, que se jacta de ser una alternativa al capitalismo "en grave crisis", en general ha visto agudizar la dependencia petrolera y los cambios culturales que promueve se basan en la vieja formula de distribuir renta, que todos sabemos alimenta primariamente a las élites plutocráticas vinculadas al régimen (antes de turno, ahora cada vez más taciturno y sin turno).
¿Y qué es la renta? Para algunos es sinónimo de ingreso, de hecho lo ven como justo dada nuestra condición (nacional, aunque no individual) de propietarios del recurso.
Pero la renta no es ingreso. Un ingreso que remunere actividad nacional productiva sería muy saludable y lógico motivo de orgullo nacional. Pero la renta llega por la liquidación patrimonial de un recurso natural finito, no renovable y la mayor parte del ingreso corresponde a una remuneración ajena al esfuerzo productivo. La renta llega porque el mercado más volátil y especulativo del Mundo, el de los commodities y sus futuros, es la base del desenvolvimiento económico de este país.
El Profesor Ingeniero Económico, gran sabio de la planificación, alaba la capacidad de Venezuela para avanzar hacia el socialissmo mientras el capitalismo está en crisis. Las facturas diarias que emite PDVSA ahora tienen colores rojos y eso cambia todo.
No es sólo el ingeniero económico. En días de descalabro financiero global, su Jefe, el mismo Piloto del Monstruo, ahora ve con orgullo que la bolsa venezolana no ha caído mientras las de Nueva York, Londres, Paris y el resto de las capitales europeas, se desploma. Nadie le ha dicho que él mismo terminó de liquidar la maltrecha bolsa venezolana de la que ahora pareciera sentirse orgulloso (como también siente orgullo de que PDVSA patrocine con varios millones de dólares las carreras de formula 1), una Bolsa que nunca reflejó más que un pequeño mercado porque la mayor parte de las empresas con potencialidad para captar inversión no lo pueden hacer legalmente y que las demás no lo hacen por falta de confianza. La bolsa venezolana no mide nada, no negocia nada, no es indicador de nada y, gracias a eso, no tuvo el privilegio de caerse, como tampoco podrá crecer, negociar bonos hipotecarios, acciones de compañías petroleras o de bancos que ahora son del Estado.
Al Piloto y al Ingeniero pareciera irles bien en su viaje a la grupa del Monstruo. Parecieran querer seguir allí muchos años. Llegan a creer que se la están comiendo y que esté país es ahora mejor, más próspero y justo. Total, están repartiendo con socialismo lo que nos transfiere la sociedad laboriosa del Mundo con mercantilismo, negados además a la idea de aprovechar esa renta para constituir capitales, reunir capacidades humanas y tecnológicas, convocar iniciativas y crear alternativas al mercantilismo, que no pueden ser otras que las de un desarrollo capitalista saludable, con gente cada vez más preparada para competir, para crear, para innovar, incluso para gestionar aquellos bienes y servicios que el Estado debería garantizar y que, en este extraño país, quedan en arengas, leyes e imaginarios institucionales, pero que la gran mayoría de los venezolanos, sabemos que no sólo no son garantizados, sino que son cotidianamente violentados (la vida, la integridad física, la propiedad sobre los bienes, la infraestructura pública, los servicios domésticos, la salud y educación de calidad, la justicia...).
Años de mercantilismo económico sin construcción de capitalismo, mezclados con sistemas populistas de conciliación para el reparto de la renta, han dado paso a mercantilismo económico sin construcción de capitalismo, mezclado con populismo socialista super estatizante para el reparto de la renta. Todo, supuestamente, por culpa de un capitalismo que, aparentemente renqueante en el Mundo, a nosotros sólo nos ha llegado en esporádicas visitas y en el empeño contracorriente de algunos loables emprendedores que enaltecen el gentilicio y su condición de verdaderos empresarios. Su ejemplo, como el de funcionarios honestos y productivos, artistas e inventores, gente laboriosa y bienintencionada que produce soluciones de sol a sol, no han sido suficiente frente al asalto al Estado, el único receptor del maná mercantilista, la base de la adicción del Monstruo y sus engordados administradores.
Algo no anda bien en el Alma del pueblo venezolano. Años de droga parecieran estar afectando algo más que el humor, la iniciativa, el liderazgo, pareciera que comenzamos a ofrecer manifestaciones claras de rechazar la modernidad y continuar la alucinación cotidiana del faraonismo rentista.
viernes, 1 de julio de 2011
El otro cáncer también requiere tratamiento
El piloto tiene cáncer. Con gran carga melodramática, él y sus colaboradores inmediatos dan cuenta de lo que filtraban hace semanas algunos periodistas ajenos al régimen.
El monstruo no se inmuta por la noticia. El mismo ya no distingue sus tumores de sus sanos tejidos. Se arrastra en su propio fango, porque hace muchos que la agilidad sólo queda para las fotos en algún desfile militar. El monstruo venezolano, el Estado enfermo de droga rentista, vestido y enjoyado de grandes patrimonios, domiciliado en ranchos de premodernidad mientras incorpora a su cuerpo bancos, hoteles y supermercados, mientras consume tecnologías de avanzada para salir mejor en las fotos, lleva con tranquilidad su propio cáncer, aún en las áreas tumorales necrosadas que ya no recuerdan función pública alguna al servicio de la gente.
Gobierno y oposición anhelan al líder y la política de retórica que garantiza. El vicepresidente ha ofrecido un discurso, con todo el gabinete reunido, unos de pie tras él, cual séquito en el exilio (ya dijo su líder en el discurso desde la Habana, "...aquí, desde la patria grande", como si exiliado estuviese el país entero que no disfruta del privilegio de "los mejores médicos del mundo" en ese rincón del Caribe), algunos sentados porque no cabían en la toma, discurso vicepresidencial del que cabe destacar el llamado a continuar "garantizando" los derechos de los venezolanos ¿¿¿¿¿?????? Es decir, le esperamos Jefe, para que todo continúe tan bien como hasta ahora.
El Estado enfermo no se hace eco del tumulto. Hace años que la gente para él forma parte de un paisaje difícil de precisar, integrado a su propia convalecencia, protagonista de muchos de sus desvaríos. El monstruo no se mueve mucho. Si lo hiciera aún podría hacer daño a más de un desprevenido...El monstruo se relaja y descansa, mantiene su influjo fétido y narcótico sobre los que se acercan a chupar de sus entrañas y sobre cualquiera que esté cerca. Escucha voces, algunos llantos...Algo debe pasar en la grupa con el piloto, llega a percibir una inquietud que no le resulta del todo extraña: parece miedo... Él ya no sabe lo que es miedo. Hace años llegó a sentirlo y recuerda como se motivó a mover el cuerpo, reducir la grasa, revisar el funcionamiento de algunos órganos. Pero poco duraban aquellos tratamientos. Pronto regresaba a su soporífera existencia y abandonaba cualquier pretensión de actividad. Algunos de los que le hablan al oído, privilegio de algunos a los que no se ha molestado en destruir, le cuentan de antiguas funciones, de relaciones teóricas entre estado y ciudadanía y quien sabe cuantas cosas más. Recuerdos tristes de un pasado alegre, mi gente. Parece mentira. Los recuerdos de su juventud aún persisten, la fortaleza de sus músculos aún está marcada en su memoria. Alguna vez sirvió a la sociedad que hoy le sirve ¿o quizá sólo lo leyó en alguna novela o lo vio en una película? Da igual. Los líderes humanos que se le acercan, no lo hacen para desarrollar aquella funcionalidad, no aspiran a sanear sus heridas y plantear algún tratamiento profundo contra sus males. Le miran, ambicionan su grupa y el brillo de sus ojos les deja en evidencia, da igual si lo que quieren es construir la justicia a través del nacional socialismo de izquierda o de derecha, desde la socialdemocracia o el socialcristianismo. Todos quieren jugar el viejo juego de "repartir para todos" y él sabe que eso es lo único que se necesita para que prospere su relación.
¿Cuál es el cáncer que yo tengo? se pregunta el monstruo. Ha escuchado muchos rumores, incluso de expertos en salud de estados. Bah...da igual. Soy imprescindible para una sociedad que no se entiende a si misma sin una figura paterna que compense sus carencias afectivas. Sin un líder repartidor que les traiga lo que necesitan. Algunos incluso creen que la clave está en el Piloto... Normalmente todos los pilotos se lo creen, pero lo curioso aquí, en el corral de este Monstruo, es que aquí muchos también lo creen luego de muchos años, algunos aún sin necesidad de pegarse y chupar de sus fluidos. Igual sucedía hace 100 años, cuando él era un bebé.
Las imágenes se superponen. Muchos lloran los males del piloto. El mundo se nos cae encima. El nuevo líder puede fallar y con él se irían millones de esperanzas. No pareciera destacable la muerte y el pillaje cotidianos en este patio llamado Venezuela. Pocos conceden importancia a la carencia total de Estado en áreas donde se requiere urgentemente de orden y servicios públicos. Típicos mundos paralelos en este "viaje" de droga dura en el que vive la sociedad venezolana.
¿Y dónde está el piloto? se preguntan algunos...Es una película. No importa. El Monstruo sólo requiere piloto por esas formalidades que tanto agradan a los humanos. Pero ni siquiera debe preocuparse por ello. Candidatos repartidores sobran. Se pelean por el puesto. Larga vida a nuestro monstruo con todo y su cáncer.
El monstruo no se inmuta por la noticia. El mismo ya no distingue sus tumores de sus sanos tejidos. Se arrastra en su propio fango, porque hace muchos que la agilidad sólo queda para las fotos en algún desfile militar. El monstruo venezolano, el Estado enfermo de droga rentista, vestido y enjoyado de grandes patrimonios, domiciliado en ranchos de premodernidad mientras incorpora a su cuerpo bancos, hoteles y supermercados, mientras consume tecnologías de avanzada para salir mejor en las fotos, lleva con tranquilidad su propio cáncer, aún en las áreas tumorales necrosadas que ya no recuerdan función pública alguna al servicio de la gente.
Gobierno y oposición anhelan al líder y la política de retórica que garantiza. El vicepresidente ha ofrecido un discurso, con todo el gabinete reunido, unos de pie tras él, cual séquito en el exilio (ya dijo su líder en el discurso desde la Habana, "...aquí, desde la patria grande", como si exiliado estuviese el país entero que no disfruta del privilegio de "los mejores médicos del mundo" en ese rincón del Caribe), algunos sentados porque no cabían en la toma, discurso vicepresidencial del que cabe destacar el llamado a continuar "garantizando" los derechos de los venezolanos ¿¿¿¿¿?????? Es decir, le esperamos Jefe, para que todo continúe tan bien como hasta ahora.
El Estado enfermo no se hace eco del tumulto. Hace años que la gente para él forma parte de un paisaje difícil de precisar, integrado a su propia convalecencia, protagonista de muchos de sus desvaríos. El monstruo no se mueve mucho. Si lo hiciera aún podría hacer daño a más de un desprevenido...El monstruo se relaja y descansa, mantiene su influjo fétido y narcótico sobre los que se acercan a chupar de sus entrañas y sobre cualquiera que esté cerca. Escucha voces, algunos llantos...Algo debe pasar en la grupa con el piloto, llega a percibir una inquietud que no le resulta del todo extraña: parece miedo... Él ya no sabe lo que es miedo. Hace años llegó a sentirlo y recuerda como se motivó a mover el cuerpo, reducir la grasa, revisar el funcionamiento de algunos órganos. Pero poco duraban aquellos tratamientos. Pronto regresaba a su soporífera existencia y abandonaba cualquier pretensión de actividad. Algunos de los que le hablan al oído, privilegio de algunos a los que no se ha molestado en destruir, le cuentan de antiguas funciones, de relaciones teóricas entre estado y ciudadanía y quien sabe cuantas cosas más. Recuerdos tristes de un pasado alegre, mi gente. Parece mentira. Los recuerdos de su juventud aún persisten, la fortaleza de sus músculos aún está marcada en su memoria. Alguna vez sirvió a la sociedad que hoy le sirve ¿o quizá sólo lo leyó en alguna novela o lo vio en una película? Da igual. Los líderes humanos que se le acercan, no lo hacen para desarrollar aquella funcionalidad, no aspiran a sanear sus heridas y plantear algún tratamiento profundo contra sus males. Le miran, ambicionan su grupa y el brillo de sus ojos les deja en evidencia, da igual si lo que quieren es construir la justicia a través del nacional socialismo de izquierda o de derecha, desde la socialdemocracia o el socialcristianismo. Todos quieren jugar el viejo juego de "repartir para todos" y él sabe que eso es lo único que se necesita para que prospere su relación.
¿Cuál es el cáncer que yo tengo? se pregunta el monstruo. Ha escuchado muchos rumores, incluso de expertos en salud de estados. Bah...da igual. Soy imprescindible para una sociedad que no se entiende a si misma sin una figura paterna que compense sus carencias afectivas. Sin un líder repartidor que les traiga lo que necesitan. Algunos incluso creen que la clave está en el Piloto... Normalmente todos los pilotos se lo creen, pero lo curioso aquí, en el corral de este Monstruo, es que aquí muchos también lo creen luego de muchos años, algunos aún sin necesidad de pegarse y chupar de sus fluidos. Igual sucedía hace 100 años, cuando él era un bebé.
Las imágenes se superponen. Muchos lloran los males del piloto. El mundo se nos cae encima. El nuevo líder puede fallar y con él se irían millones de esperanzas. No pareciera destacable la muerte y el pillaje cotidianos en este patio llamado Venezuela. Pocos conceden importancia a la carencia total de Estado en áreas donde se requiere urgentemente de orden y servicios públicos. Típicos mundos paralelos en este "viaje" de droga dura en el que vive la sociedad venezolana.
¿Y dónde está el piloto? se preguntan algunos...Es una película. No importa. El Monstruo sólo requiere piloto por esas formalidades que tanto agradan a los humanos. Pero ni siquiera debe preocuparse por ello. Candidatos repartidores sobran. Se pelean por el puesto. Larga vida a nuestro monstruo con todo y su cáncer.
miércoles, 22 de junio de 2011
El verdadero conflicto ideológico: gobernar o no
Uno de los principales problemas de un gobierno que se autodenomina revolucionario se presenta en la contradicción inherente a ambos conceptos "gobierno y revolución". El gobierno es una formación tecnopolítica que, desde el imaginario colectivo --por no referirnos a la ciencia como fuente de respuestas-- se encarga de resolver problemas difíciles del colectivo social que convive en el marco de un estado nación. Por su parte, la revolución quiere romper con todo el status quo para construir una nueva sociedad, diseñando y promoviendo nuevas pautas de comportamiento que desechen el capitalismo y faciliten la asunción de una nueva época de la humanidad, con hombres y mujeres de pensamiento nuevo.
No tengo un conocimiento profundo de cómo sucedió todo en la revolución cubana o la yugoslava o la china, por hablar de algunos ejemplos de revoluciones socialistas. Me refiero a que no estoy seguro cuál fue la auténtica dimensión de esta contradicción para estas sociedades. Apenas he tenido el privilegio de conversar con cubanos que salieron de la isla y guardan una imagen dolorosa de su exilio, muy poco cubano involucrado estrechamente con las cotidianidades de la isla habla con completa libertad de su realidad y, si llegase a hacerlo, más temprano que tarde enfrenta problemas con su gobierno.
Estas conversaciones pudiesen incorporar sesgos excesivos para describir mi interés en ese proceso de gradual sustitución de referencias típicas de gobierno, aunque en todos los casos imagino que cualquier sensación de soledad por parte de la ciudadanía se correspondió rápidamente con la violencia implícita en los procesos de control del poder por parte de estos regímenes "libertarios" que relacionan de manera más o menos sencilla el proceso de liberación popular con las prácticas más férreas de dominación y autoritarismo.
El gobierno en Venezuela, tras 12 años de despilfarro en una de las más intensas y largas fases de ingresos rentísticos, se ha dado a la tarea de intentar controlar la sociedad, dedicando ingentes recursos públicos para sustituir la producción de bienes y servicios privados por empresas estatales que rara vez alcanzan una funcionalidad diferente a la de la gran mayoría de los organismos públicos venezolanos (negligentes y caóticos, ajenos a la ciudadanía, endogámicos entre poderes y basados en prácticas premodernas de compadrazgo y compinchería) mientras la inseguridad, la violencia, la inflación, las carencias de vivienda, agua e inversión y empleo de calidad agotan cualquier expectativa de desarrollo.
Por eso los conflictos ideológicos de Venezuela no son los típicos de la modernidad. No hay discusión en Venezuela sobre productividad, seguridad social, competitividad, infraestructuras, innovación, calidad de la educación, comportamiento ciudadano... Al grito de "muerte al oligarca" un nuevo caudillo populista logra de inicio ciertas ondas de simpatía cuasi infantil en casi todos y, tras 12 años de desgobierno, se conforma con la simpatía forzada de los que usufructan la renta bajo amenaza de corte y, también, de aquellos, no pocos, que luego de tres períodos de antiguo gobierno, son capaces de relamerse sus heridas (poco importa ya cuándo y cómo surgieron) y renovar sus esperanzas, sobre la promesas de casas, la amenaza de los gringos o cualquiera de las múltiples fuentes de motivación que aún salen de la chistera, en medio de la borrachera de recursos y en el marco de la pérdida de seriedad sistemática de las funciones de "GOBIERNO".
Es cierto que este régimen no nos engaña. Su empeño es que no haya gobierno. Ofrece privatización del poder para abordar una forma de vida muy parecida al absolutismo postmedieval, con un rey que reparte dádivas desde su posesión cuasitotal (él percibe la renta) y un sistema mercantilista que sostiene temporalmente lo insostenible.
Nuestra interacción ciudadana debería iniciarse por reclamar opciones políticas de gobierno y casi ninguna opción puede considerarse sin ofrecer alternativas de tratamiento para el Monstruo (el estado venezolano enfermo). Chávez es sólo larga y dolorosa coyuntura de cuya resaca aún no es fácil calcular las consecuencias.
No tengo un conocimiento profundo de cómo sucedió todo en la revolución cubana o la yugoslava o la china, por hablar de algunos ejemplos de revoluciones socialistas. Me refiero a que no estoy seguro cuál fue la auténtica dimensión de esta contradicción para estas sociedades. Apenas he tenido el privilegio de conversar con cubanos que salieron de la isla y guardan una imagen dolorosa de su exilio, muy poco cubano involucrado estrechamente con las cotidianidades de la isla habla con completa libertad de su realidad y, si llegase a hacerlo, más temprano que tarde enfrenta problemas con su gobierno.
Estas conversaciones pudiesen incorporar sesgos excesivos para describir mi interés en ese proceso de gradual sustitución de referencias típicas de gobierno, aunque en todos los casos imagino que cualquier sensación de soledad por parte de la ciudadanía se correspondió rápidamente con la violencia implícita en los procesos de control del poder por parte de estos regímenes "libertarios" que relacionan de manera más o menos sencilla el proceso de liberación popular con las prácticas más férreas de dominación y autoritarismo.
El gobierno en Venezuela, tras 12 años de despilfarro en una de las más intensas y largas fases de ingresos rentísticos, se ha dado a la tarea de intentar controlar la sociedad, dedicando ingentes recursos públicos para sustituir la producción de bienes y servicios privados por empresas estatales que rara vez alcanzan una funcionalidad diferente a la de la gran mayoría de los organismos públicos venezolanos (negligentes y caóticos, ajenos a la ciudadanía, endogámicos entre poderes y basados en prácticas premodernas de compadrazgo y compinchería) mientras la inseguridad, la violencia, la inflación, las carencias de vivienda, agua e inversión y empleo de calidad agotan cualquier expectativa de desarrollo.
Por eso los conflictos ideológicos de Venezuela no son los típicos de la modernidad. No hay discusión en Venezuela sobre productividad, seguridad social, competitividad, infraestructuras, innovación, calidad de la educación, comportamiento ciudadano... Al grito de "muerte al oligarca" un nuevo caudillo populista logra de inicio ciertas ondas de simpatía cuasi infantil en casi todos y, tras 12 años de desgobierno, se conforma con la simpatía forzada de los que usufructan la renta bajo amenaza de corte y, también, de aquellos, no pocos, que luego de tres períodos de antiguo gobierno, son capaces de relamerse sus heridas (poco importa ya cuándo y cómo surgieron) y renovar sus esperanzas, sobre la promesas de casas, la amenaza de los gringos o cualquiera de las múltiples fuentes de motivación que aún salen de la chistera, en medio de la borrachera de recursos y en el marco de la pérdida de seriedad sistemática de las funciones de "GOBIERNO".
Es cierto que este régimen no nos engaña. Su empeño es que no haya gobierno. Ofrece privatización del poder para abordar una forma de vida muy parecida al absolutismo postmedieval, con un rey que reparte dádivas desde su posesión cuasitotal (él percibe la renta) y un sistema mercantilista que sostiene temporalmente lo insostenible.
Nuestra interacción ciudadana debería iniciarse por reclamar opciones políticas de gobierno y casi ninguna opción puede considerarse sin ofrecer alternativas de tratamiento para el Monstruo (el estado venezolano enfermo). Chávez es sólo larga y dolorosa coyuntura de cuya resaca aún no es fácil calcular las consecuencias.
lunes, 28 de febrero de 2011
Efectividad, innovación, estado y revolución
El estado-nación tiene responsabilidades que han venido consolidándose desde su surgimiento a finales de la edad media. El tránsito inicial de estos compromisos durante el absolutismo dejaba pocos espacios para una relación desde el gobernante al gobernado y sólo el primero podía hacer uso y abuso de su poder casi sin ningún límite. Sin embargo, prosperaba gradualmente la idea de que todo rey, por más absoluto y divino que fuera, debía promover los mecanismos para que su pueblo considerase justificado su accionar, para aceptar su vasallaje. Debía demostrar algún tipo de criterio moral para la administración de justicia, de tal modo que sus actos discrecionales e injustos se compensaran para que la sociedad justificara su dependencia política y emocional, aunque también se utilizase para ello la violencia.
Luego de la revolución francesa, este concepto se haría más patente al crecer el concepto de pueblo como ente orgánico capaz de asumir operaciones concretas, inclusive la de juzgar y condenar al rey, bajo la justificación de un conjunto de principios y valores de orden natural o surgidos a través de alguna forma de liberación mental de las mayorías. Más adelante la revolución industrial impulsaría las transformaciones en el mercantilismo y, con éstas, los cambios políticos que permitirían el avance de las democracias occidentales y el progresivo desarrollo de derechos para la gente a partir de las funciones del estado, incluyendo los vinculados con la salud y la enfermedad, los de género, los derivados de la relación de trabajo, los de minorías, etcétera. Tampoco este proceso estuvo desprovisto de violencia.
El estado se perfecciona en el cumplimiento de ciertos servicios y sufre pruebas de fuego para construir un sistema impositivo más agresivo y progresivo (en su capacidad de recibir de cada vez más contribuyentes y más proporción de sus rentas) en favor de bienes y servicios que cobran trascendencia para la sociedad más allá de la seguridad y la justicia, por ejemplo, la educación masiva. Hace apenas dos siglos imaginar en cualquier lugar del planeta que el estado tendría responsabilidades para la educación básica de las grandes mayorías podía resultar casi un mal chiste, una sandez.
Aunque se trata de un desarrollo muy reciente (contemporáneo al capitalismo) de la economía de excedentes que domina la humanidad desde el neolítico, su impacto cultural es enorme y la mayoría de los habitantes del planeta consideran razonable que el estado les garantice (o al menos tenga la intención de hacerlo) seguridad externa e interna, acceso más o menos igualitario a la justicia, remedios generales para los quebrantos de salud y promoción de sus actitudes sociales y aptitudes productivas a través de algún sistema de educación. También se asume que el estado se encarga de las más exigentes infraestructuras y de la regulación de los mercados allá donde la concurrencia libre y competente no parezca la norma general para la construcción de oferta (asumiendo incluso funciones concretas para enfrentar los monopolios). Aunque no los reclame de igual modo toda la ciudadanía del Mundo, estos "derechos" se complementan cada vez más con la promoción de condiciones para el aprovechamiento productivo, tomando medidas para evitar la inestabilidad macroeconómica, la pérdida de valor de la propia moneda y facilitando el crecimiento muy moderado de los macro y micro precios (asumiendo que su reducción puede ser tan perjudicial como la agresividad de su incremento), estimulando la innovación y la productividad, con miras a facilitar la inversión y generar empleo.
Cuando una revolución, en su magra intención de sustituir el capitalismo, da por hechos estos referentes fundamentales y, para complemento, evalúa como estratégico cualquier sector y área de producción ajeno a estas áreas fundamentales de mandato (la existencia de grandes hoteles, los fincas, industrias de alimentos, de maquinarias, de servicios petroleros, de telefonía, de tubos, de envases, bancos, compañías de seguros, supermercados, compañías de transporte, por citar algunos ejemplos de la acción estatizadora reciente del régimen chavista venezolano) y se decide a invertir grandes recursos públicos (es decir, de la ciudadanía; un sólo banco estatizado le costó a los venezolanos casi mil millones de dólares) para comprar unidades productivas en estos sectores, en algunos casos para competir con privados, en otros para sustituir completamente la producción privada por producción estatal, se enfrentan inmediatamente después de este acto general de dispendiosa locura al reto de invertir ingentes recursos adicionales para sostener el perfil competitivo de estos negocios, rara vez para incrementarlo (aunque sea la rutina publicitaria gubernamental decirnos que ahora si se incrementó la productividad y las empresas funcionan, porque sabemos que muchas de las unidades intervenidas ni siquiera han logrado reabrir sus puertas luego del trauma de la intervención) para mantenimiento y renovación de sus infraestructuras, tecnologías, calidad de sus servicios, beneficios al personal, etcétera. Todo esto compitiendo con las necesidades de seguridad, justicia, salud, educación, servicios públicos en las ciudades, grandes infraestructuras del país...Y esto sin considerar el hecho, evidente, del estancamiento, cuando no retroceso en la calidad de estos servicios públicos fundamentales, anclados en servilismo político, sin control alguno de productividad y calidad, sin enfocarse en el ciudadano, pidiendo cada vez más papeles y activando proceso inútiles para el progreso de los gestores y la corrupción, en medio de una situación general de alta inflación (de las más altas del Mundo) desabastecimiento por ineficaces controles de precios y desestímulos a la producción.
El estado se consolida en los países desarrollados como un gran conglomerado inteligente y flexible de organizaciones especializadas de servicios, con una relación cada vez más íntima con los ciudadanos, con un agresivo sistema de descentralización de la gestión pública y centralización del control y la coordinación, con más tecnologías y experticias para servicios más ágiles y potentes.
Aquí vivimos sin innovación en lo público, sin estado efectivo (enfermo, esclerótico, drogado, atrofiado y delirante) armando una supuesta revolución que poco es lo que construye y mucho lo que perversamente privatiza (del presente y del futuro), en aras de una confusión añeja, que el estado (y su líder) son sinónimos de sociedad y su pueblo.
Luego de la revolución francesa, este concepto se haría más patente al crecer el concepto de pueblo como ente orgánico capaz de asumir operaciones concretas, inclusive la de juzgar y condenar al rey, bajo la justificación de un conjunto de principios y valores de orden natural o surgidos a través de alguna forma de liberación mental de las mayorías. Más adelante la revolución industrial impulsaría las transformaciones en el mercantilismo y, con éstas, los cambios políticos que permitirían el avance de las democracias occidentales y el progresivo desarrollo de derechos para la gente a partir de las funciones del estado, incluyendo los vinculados con la salud y la enfermedad, los de género, los derivados de la relación de trabajo, los de minorías, etcétera. Tampoco este proceso estuvo desprovisto de violencia.
El estado se perfecciona en el cumplimiento de ciertos servicios y sufre pruebas de fuego para construir un sistema impositivo más agresivo y progresivo (en su capacidad de recibir de cada vez más contribuyentes y más proporción de sus rentas) en favor de bienes y servicios que cobran trascendencia para la sociedad más allá de la seguridad y la justicia, por ejemplo, la educación masiva. Hace apenas dos siglos imaginar en cualquier lugar del planeta que el estado tendría responsabilidades para la educación básica de las grandes mayorías podía resultar casi un mal chiste, una sandez.
Aunque se trata de un desarrollo muy reciente (contemporáneo al capitalismo) de la economía de excedentes que domina la humanidad desde el neolítico, su impacto cultural es enorme y la mayoría de los habitantes del planeta consideran razonable que el estado les garantice (o al menos tenga la intención de hacerlo) seguridad externa e interna, acceso más o menos igualitario a la justicia, remedios generales para los quebrantos de salud y promoción de sus actitudes sociales y aptitudes productivas a través de algún sistema de educación. También se asume que el estado se encarga de las más exigentes infraestructuras y de la regulación de los mercados allá donde la concurrencia libre y competente no parezca la norma general para la construcción de oferta (asumiendo incluso funciones concretas para enfrentar los monopolios). Aunque no los reclame de igual modo toda la ciudadanía del Mundo, estos "derechos" se complementan cada vez más con la promoción de condiciones para el aprovechamiento productivo, tomando medidas para evitar la inestabilidad macroeconómica, la pérdida de valor de la propia moneda y facilitando el crecimiento muy moderado de los macro y micro precios (asumiendo que su reducción puede ser tan perjudicial como la agresividad de su incremento), estimulando la innovación y la productividad, con miras a facilitar la inversión y generar empleo.
Cuando una revolución, en su magra intención de sustituir el capitalismo, da por hechos estos referentes fundamentales y, para complemento, evalúa como estratégico cualquier sector y área de producción ajeno a estas áreas fundamentales de mandato (la existencia de grandes hoteles, los fincas, industrias de alimentos, de maquinarias, de servicios petroleros, de telefonía, de tubos, de envases, bancos, compañías de seguros, supermercados, compañías de transporte, por citar algunos ejemplos de la acción estatizadora reciente del régimen chavista venezolano) y se decide a invertir grandes recursos públicos (es decir, de la ciudadanía; un sólo banco estatizado le costó a los venezolanos casi mil millones de dólares) para comprar unidades productivas en estos sectores, en algunos casos para competir con privados, en otros para sustituir completamente la producción privada por producción estatal, se enfrentan inmediatamente después de este acto general de dispendiosa locura al reto de invertir ingentes recursos adicionales para sostener el perfil competitivo de estos negocios, rara vez para incrementarlo (aunque sea la rutina publicitaria gubernamental decirnos que ahora si se incrementó la productividad y las empresas funcionan, porque sabemos que muchas de las unidades intervenidas ni siquiera han logrado reabrir sus puertas luego del trauma de la intervención) para mantenimiento y renovación de sus infraestructuras, tecnologías, calidad de sus servicios, beneficios al personal, etcétera. Todo esto compitiendo con las necesidades de seguridad, justicia, salud, educación, servicios públicos en las ciudades, grandes infraestructuras del país...Y esto sin considerar el hecho, evidente, del estancamiento, cuando no retroceso en la calidad de estos servicios públicos fundamentales, anclados en servilismo político, sin control alguno de productividad y calidad, sin enfocarse en el ciudadano, pidiendo cada vez más papeles y activando proceso inútiles para el progreso de los gestores y la corrupción, en medio de una situación general de alta inflación (de las más altas del Mundo) desabastecimiento por ineficaces controles de precios y desestímulos a la producción.
El estado se consolida en los países desarrollados como un gran conglomerado inteligente y flexible de organizaciones especializadas de servicios, con una relación cada vez más íntima con los ciudadanos, con un agresivo sistema de descentralización de la gestión pública y centralización del control y la coordinación, con más tecnologías y experticias para servicios más ágiles y potentes.
Aquí vivimos sin innovación en lo público, sin estado efectivo (enfermo, esclerótico, drogado, atrofiado y delirante) armando una supuesta revolución que poco es lo que construye y mucho lo que perversamente privatiza (del presente y del futuro), en aras de una confusión añeja, que el estado (y su líder) son sinónimos de sociedad y su pueblo.
viernes, 18 de febrero de 2011
Gobierno, prioridades y propuestas
En ocasiones es normal que se susciten dudas sobre las prioridades a la hora de abordar procesos de "reconstrucción" o "emergencia para salir de la crisis" o cualquier otro término que se utilice para definir el accionar de un gobierno que pretenda reconducir al país (incluyendo los planteamientos que podrían hacerse los propios agentes del actual gobierno). Prioridades, porque pareciera que las discusiones políticas en Venezuela (renovadas recientemente por la presencia de oposición en la Asamblea Nacional, lo que hace a muchos pensar que por lo visto si somos un país normal y simplemente hay dos opciones políticas legítimamente enfrentadas por el apoyo de los ciudadanos) nuevamente abordan el asunto de las políticas públicas como pivotes básicos de la operación de gobierno, como si en el fondo tuviésemos un gobierno.
Pero la prioridad, aunque duela asumirlo, es dotarse de un gobierno. No digo cambiar representantes, que ya es retante dado el nivel de egolatría y control socio institucional que ha desarrollado la autocracia chavista. No. Si cambiamos de actores, si la oposición llega al gobierno, no cabe esperar cambio alguno, entre otras cosas porque no habría modo que permitiese a un nuevo gobernante ejercer su función sin el caos provocado por las instituciones (la Asamblea Nacional, el TSJ, la Fiscalía, la Contraloría, la Defensoría y, cada vez más intensa y frecuentemente, la Fuerza Armada Nacional...) que se reconocen abiertamente promovidas y garantes de una supuesta revolución. Pero, aún más greve, porque los principales aspectos que permiten a la oposición reconocerse como alternativa, se parecen mucho aún a una nueva propuesta de repartición rentista más justa, la base fundadora del fracaso.
El asunto de dotarse de un gobierno en Venezuela pasa por repensar las funciones del Estado y facilitar las acciones de reforma que le permitan acceder al liderazgo y el control necesarios para re-imponer la gobernabilidad. En la ilusión romántica de Chávez, él es el único garante de la gobernabilidad, porque sólo él garantiza representación de las mayorías desposeídas. El problema es que Chávez no tenía la menor idea de qué era gobernar y en su interacción con el Monstruo, ha terminado cediendo la ambición de hacerlo (gobernar) por el simple privilegio de seguir en la grupa del Bicho. Ahora ni siquiera acepta el hecho de que sólo fundando pobreza se sustenta su régimen, porque jamás habrá prosperidad más allá de dos sueños, tres discursos y cuatro expropiaciones. Chávez crea pobreza para garantizar poder, aunque requiera manipular cada cierto tiempo los indicadores para obviar asuntos tan incómodos como el empleo (da lástima ver a un ministro de indicadores públicos decir que el desempleo en Venezuela es del 7 u 8 por ciento) la inflación, el producto, la inversión o la innovación, auténticos ejes de cualquier propuesta de soberanía. Pronto intentará convencernos de que es un gobernante convencional, que se puede formar la Comunidad Andina de Naciones y que Venezuela puede sembrar el petróleo, llegando así a los tobillos de cualquier líder cuartorrepublicano, incluyendo su álter ego socialdemócrata, CAP.
Se requiere una intervención urgente de los mecanismos que facilitan la violencia y la impunidad. Se necesita recobrar la capacidad policial para amedrentar, arrinconar y minimizar al delito, en vez de tolerarlo (y como parece cada vez más evidente, co-organizarlo). Tenemos que promover el funcionamiento eficaz de un pequeño conjunto de servicios públicos fundamentales, especialmente en las grandes ciudades que albergan el 70% de la población del país, para que dejemos de cultivar desciudadanización y delincuencia.
Venezuela necesita un gran acuerdo nacional y, no cabe duda, la orientación de ese acuerdo no puede ser una lejana (y caduca) propuesta de socialismo rentista. Pero tampoco podemos asumir que no ha pasado nada, que es sólo un asunto de armar un nuevo gobierno (equipo humano) de gente que si va a saber qué hacer (empezando por el manto de duda que, legítimamente, ocupará a un importante contingente de población, con respecto al riesgo de que se trate de un regreso al pasado, al aislamiento social, al maniqueísmo bicolor que fue sustituido por el maniqueísmo rojo).
Aún no entiendo bien el motivo que nos impide dedicar más tiempo, ahora, a preparar el país para el futuro. Nuestro cortoplacismo está instalado de tal modo en todos los sectores y niveles (empresariales, políticos, sociales, comunitarios, académicos, personales) que cualquier propuesta dirigida a promover las discusiones trascendentes (entre las élites que pueden darla) lleva al descreimiento y la apatía. Pareciera que también se ha instalado la peligrosa creencia que, para ser exitosos como país, es conveniente el liderazgo político emergente, si, pero con la premisa que este liderazgo impulse la visión de atención social parasitaria y utilitaria que ha privado en el tratamiento de la crisis estructural que nos embarga.
El problema en Venezuela no es nada más un asunto de vivienda y servicios públicos (como doce años después, pareciera comenzar a comprender un Chávez que, sólo cerca de un proceso electoral, se decide a medio dirigir su mal llamado gobierno). El problema en Venezuela es que el armazón socio institucional, organizacional, económico y relacional que llamamos Gobierno, tiene su propia dinámica de dirección y, sea cual sea su ruta, está al servicio sólo de sí mismo, de su capacidad de capturar renta y privatizarla agresivamente a favor de sus administradores y cercanos.
Por eso la prioridad no es un asunto nada más de políticas públicas. La principal política pública que ha de surgir (del seno de los partidos, de las organizaciones de la sociedad civil, de las empresas y los particulares) es facilitar la transición del Monstruo hacia un régimen de no agresión, sin ceder grandes cuotas a las tentaciones obvias del ejercicio de mando, sólo fuente de quebranto para esta necesaria alianza nacional.
La propuesta no puede ser salir de Chávez, que por más urgente, resulta ingenuo. La propuesta tendrá que considerar inevitablemente al chavismo, a cualquiera que aún crea que nuestro problema es el capitalismo o cosas por el estilo, porque si queremos que el capitalismo nos ayude a desarrollarnos, no sólo tenemos que desearlo claramente, tenemos que ser el mayor y más coherene cuerpo social de inteligencia coordinada que usa al Estado para promover el orden, los servicios y las conductas deseables de los ciudadanos (labor, integración gradual, emprendimiento, justicia y paz).
La propuesta no sólo debe romper el falso régimen legal de igualitarismos forzados a partir de la repartición parcial de renta (parcial porque sabemos a donde va la mayor parte). La propuesta debe incluir a la gente en un compromiso masivo de "despertar", en un acuerdo que facilite el sacrificio generacional para que nuestros nietos vivan en un país seguro y con mayores oportunidades para la prosperidad, innovación e integración económica, social y cultural de todos.
Pero la prioridad, aunque duela asumirlo, es dotarse de un gobierno. No digo cambiar representantes, que ya es retante dado el nivel de egolatría y control socio institucional que ha desarrollado la autocracia chavista. No. Si cambiamos de actores, si la oposición llega al gobierno, no cabe esperar cambio alguno, entre otras cosas porque no habría modo que permitiese a un nuevo gobernante ejercer su función sin el caos provocado por las instituciones (la Asamblea Nacional, el TSJ, la Fiscalía, la Contraloría, la Defensoría y, cada vez más intensa y frecuentemente, la Fuerza Armada Nacional...) que se reconocen abiertamente promovidas y garantes de una supuesta revolución. Pero, aún más greve, porque los principales aspectos que permiten a la oposición reconocerse como alternativa, se parecen mucho aún a una nueva propuesta de repartición rentista más justa, la base fundadora del fracaso.
El asunto de dotarse de un gobierno en Venezuela pasa por repensar las funciones del Estado y facilitar las acciones de reforma que le permitan acceder al liderazgo y el control necesarios para re-imponer la gobernabilidad. En la ilusión romántica de Chávez, él es el único garante de la gobernabilidad, porque sólo él garantiza representación de las mayorías desposeídas. El problema es que Chávez no tenía la menor idea de qué era gobernar y en su interacción con el Monstruo, ha terminado cediendo la ambición de hacerlo (gobernar) por el simple privilegio de seguir en la grupa del Bicho. Ahora ni siquiera acepta el hecho de que sólo fundando pobreza se sustenta su régimen, porque jamás habrá prosperidad más allá de dos sueños, tres discursos y cuatro expropiaciones. Chávez crea pobreza para garantizar poder, aunque requiera manipular cada cierto tiempo los indicadores para obviar asuntos tan incómodos como el empleo (da lástima ver a un ministro de indicadores públicos decir que el desempleo en Venezuela es del 7 u 8 por ciento) la inflación, el producto, la inversión o la innovación, auténticos ejes de cualquier propuesta de soberanía. Pronto intentará convencernos de que es un gobernante convencional, que se puede formar la Comunidad Andina de Naciones y que Venezuela puede sembrar el petróleo, llegando así a los tobillos de cualquier líder cuartorrepublicano, incluyendo su álter ego socialdemócrata, CAP.
Se requiere una intervención urgente de los mecanismos que facilitan la violencia y la impunidad. Se necesita recobrar la capacidad policial para amedrentar, arrinconar y minimizar al delito, en vez de tolerarlo (y como parece cada vez más evidente, co-organizarlo). Tenemos que promover el funcionamiento eficaz de un pequeño conjunto de servicios públicos fundamentales, especialmente en las grandes ciudades que albergan el 70% de la población del país, para que dejemos de cultivar desciudadanización y delincuencia.
Venezuela necesita un gran acuerdo nacional y, no cabe duda, la orientación de ese acuerdo no puede ser una lejana (y caduca) propuesta de socialismo rentista. Pero tampoco podemos asumir que no ha pasado nada, que es sólo un asunto de armar un nuevo gobierno (equipo humano) de gente que si va a saber qué hacer (empezando por el manto de duda que, legítimamente, ocupará a un importante contingente de población, con respecto al riesgo de que se trate de un regreso al pasado, al aislamiento social, al maniqueísmo bicolor que fue sustituido por el maniqueísmo rojo).
Aún no entiendo bien el motivo que nos impide dedicar más tiempo, ahora, a preparar el país para el futuro. Nuestro cortoplacismo está instalado de tal modo en todos los sectores y niveles (empresariales, políticos, sociales, comunitarios, académicos, personales) que cualquier propuesta dirigida a promover las discusiones trascendentes (entre las élites que pueden darla) lleva al descreimiento y la apatía. Pareciera que también se ha instalado la peligrosa creencia que, para ser exitosos como país, es conveniente el liderazgo político emergente, si, pero con la premisa que este liderazgo impulse la visión de atención social parasitaria y utilitaria que ha privado en el tratamiento de la crisis estructural que nos embarga.
El problema en Venezuela no es nada más un asunto de vivienda y servicios públicos (como doce años después, pareciera comenzar a comprender un Chávez que, sólo cerca de un proceso electoral, se decide a medio dirigir su mal llamado gobierno). El problema en Venezuela es que el armazón socio institucional, organizacional, económico y relacional que llamamos Gobierno, tiene su propia dinámica de dirección y, sea cual sea su ruta, está al servicio sólo de sí mismo, de su capacidad de capturar renta y privatizarla agresivamente a favor de sus administradores y cercanos.
Por eso la prioridad no es un asunto nada más de políticas públicas. La principal política pública que ha de surgir (del seno de los partidos, de las organizaciones de la sociedad civil, de las empresas y los particulares) es facilitar la transición del Monstruo hacia un régimen de no agresión, sin ceder grandes cuotas a las tentaciones obvias del ejercicio de mando, sólo fuente de quebranto para esta necesaria alianza nacional.
La propuesta no puede ser salir de Chávez, que por más urgente, resulta ingenuo. La propuesta tendrá que considerar inevitablemente al chavismo, a cualquiera que aún crea que nuestro problema es el capitalismo o cosas por el estilo, porque si queremos que el capitalismo nos ayude a desarrollarnos, no sólo tenemos que desearlo claramente, tenemos que ser el mayor y más coherene cuerpo social de inteligencia coordinada que usa al Estado para promover el orden, los servicios y las conductas deseables de los ciudadanos (labor, integración gradual, emprendimiento, justicia y paz).
La propuesta no sólo debe romper el falso régimen legal de igualitarismos forzados a partir de la repartición parcial de renta (parcial porque sabemos a donde va la mayor parte). La propuesta debe incluir a la gente en un compromiso masivo de "despertar", en un acuerdo que facilite el sacrificio generacional para que nuestros nietos vivan en un país seguro y con mayores oportunidades para la prosperidad, innovación e integración económica, social y cultural de todos.
viernes, 28 de enero de 2011
Venezuela más allá de 2012: De rumbos, tumbos, rumbas y tumbas
Espero que el título de este artículo no suene a mambo ni a changa o hip hop, porque las palabras seleccionadas no hacen referencia a nada armónico ni festivo. Recientemente me preguntaron si Venezuela transita más hacia un modelo de capitalismo de estado o hacia un modelo de autoritarismo en el mercado (algo así como dictadura socialista o dictadura modernizadora como alternativas de futuro para el país). Antes de considerar este planteamiento prefiero posponerlo temporalmente y ampliar el espectro de análisis hacia las perspectivas generales del futuro en Venezuela, consideradas más allá del próximo año y, quizá en un exceso de confianza proyectiva que raya la más absurda especulación, estirando la reflexión más allá de 2012.
Quisiera además, vincular esta ambición usando como herrramienta los típicos horizontes temporales de proyección estratégica para las naciones:
a) el ámbito prospectivista o de muy largo plazo (usualmente entre 10 y 50 años),
b) el ámbito de gestión estratégica (usualmente entre 2 y 6 años) y
c) el ámbito operativo o programático (entre algunos meses y 2 años, aunque el más usual suele ser de 1 año).
Aunque la nota metodológica pueda resultar innecesaria para muchos, digamos que el primer horizonte define mecanismos societales complejos para acordar un futuro compartido y los principales lineamientos estratégicos para abordarlo (llamémoslo, “Gran Devenir o Gran Estrategia País”); el segundo promueve el diseño de un plan de trabajo desde la perspectiva de un gobierno para avanzar hacia cambios que faciliten el tránsito gradual entre situaciones problemas y situaciones deseadas en un ambiente cargado de incertidumbre por la presencia de múltiples actores (llamémoslo “Plan de Gobierno”) y el tercero lleva todo al plano de la acción, con proyectos, actividades, gerentes y recursos asignados (llamémoslo “Plan Operativo”).
¿Qué se podría decir sobre el rumbo estratégico de Venezuela? Tal vez parezca un esfuerzo inútil comentar el asunto. Para unos está tremendamente claro y nos espera la estabilización y/o la profundización de la hegemonía chavista, una iniciativa que pareciera ofrecer como Gran Estrategia País alguna forma de revolución socialista, sin que se pueda considerar como Plan Prospectivo porque acude a la sociedad con la intención manifiesta de hacer los cambios a partir de la potenciación de aquellos disensos y confrontaciones que forman parte de los procesos revolucionarios(1).
Desde este punto de vista, el Plan de Gobierno (los planes, porque nos referimos a una iniciativa que ya tiene 12 años continuos en el ejercicio del poder, desde las bases del antiguo Estado al que supuestamente pretende derribar) no consiste en diseñar operaciones para atacar los problemas de la gente que debe abordar el gobierno según principios más o menos compartidos de gestión moderna liberal(2), sino que usa el poder de manera más o menos arbitraria para profundizar el cambio institucional y enfrentarse a las supuestas causas profundas de los problemas de la sociedad “el capitalismo” y sus “clases dominantes”, según la terminología política de apoyo, más o menos orientada por principios marxistas. Las grandes operaciones estratégicas consisten en “batallas” dialécticas y prácticas con agentes nacionales que son esquematizados en términos de “aliados” y “enemigos”, restringiendo las opciones de los actores y promoviendo juegos “halcón-gallina” (3), anunciándose para estos últimos el éxodo o la destrucción. La estrategia es, por tanto, facilitar la construcción de un estado al servicio del nuevo proyecto político, atendiendo de una manera coyuntural las áreas típicas de demanda ciudadana (seguridad, justicia, infraestructura, servicios urbanos, etc.).
En este sentido el lenguaje del régimen ha ido cambiando desde las típicas promesas electorales (niños de la calle, viviendas, calidad de vida) a promesas condicionadas (sólo el socialismo nos permitirá…vivienda, empleo, seguridad, calidad de vida y, en definitiva, felicidad).
Desde el punto de vista operativo, la asistencia social intenta escapar de las bases articuladas del antiguo Estado (aunque, a estas alturas, resulta claro que está bastante bien ocupado por el control del nuevo régimen, que pareciera haberse adaptado bastante bien a su transcurrir burocrático) y ello provoca la creación de toda una organicidad paralela, llena de misiones y sociedades promotoras que pretender fomentar la organización de base popular que escape al axioma del estado de representación, formado por alcaldías, gobernaciones, ministerios, partidos políticos, parlamento, etc. Al mismo tiempo se estatiza progresivamente las capacidades productivas nacionales en amplios sectores de la economía, promoviendo un tercer frente de “nueva burocratización estatal” que cuesta imaginar con niveles de eficacia y productividad diferentes a las anteriores y relativamente recientes experiencias de estatización de nuestro país y de toda Latinoamérica.
Se trata entonces de profundizar la “revolución democrática” según sus promotores, que es entendida como la “restricción democrática creciente” según sus detractores. Para estos últimos, nos espera el deterioro acentuado de un régimen que hace aguas y apostará por el caos antes de abandonar el poder, opción que, por otro lado, no pareciera dejar tranquilo ni al más optimista opositor, dado el nivel de deterioro de las instituciones del “antiguo régimen democrático liberal” y la liviandad y típica discrecionalidad de las nuevas instituciones revolucionarias, que seguirían controladas por el chavismo, al menos si la pericia opositora en medio de ese derrumbe no logra la alquimia de provocar nuevos procesos constituyentes y que los mismos sean tan exitosos como para estimular la reconciliación al mismo tiempo que se aplica justicia sin caer en faenas vengadoras, que ahí parecieran presentarse los problemas de la supuesta reconciliación necesaria.
En términos de Gran Estrategia País, no pareciera haber clara ninguna alternativa. La polarización provocada por el chavismo ha facilitado la unión de coyuntura de una gran variedad de opciones políticas “del antiguo régimen” pero la neutralización gradual de sus fuentes de financiamiento (la principal, el mismo Estado, ahora está abierta y discrecionalmente al servicio de una sola opción y allá donde queda una gobernación o una alcaldía de oposición, son utilizadas más o menos con la misma discrecionalidad para la sobrevivencia de los nuevos aislados) y de filiación popular (medios de comunicación y ONG´s que expresan la manera moderna y liberal de entender la emancipación, la libertad, la dignidad y los factores de desarrollo) han dificultado la posibilidad de que la gran mayoría de los venezolanos perciban un plan alternativo, al que, además, se le niega la posibilidad de acceso al poder desde el discurso oficial (el famoso eslogan castrista de “no volverán”).
Además, a cualquier propuesta alternativa pareciera exigírsele un conjunto de difíciles condiciones: a) ser diferente al socialismo de Chávez y mejor que éste desde la perspectiva popular, porque si no ¿para qué cambiarlo? b) prometer el acceso desde el Estado, para compaginar con cierta actitud antimoderna de amplios grupos sociales relativamente marginales, c) ser creíble, en medio del descrédito general hacia la actividad política y d) ser diferente al pasado, porque muchos han comprado la idea de que allí está la raíz de nuestros males, negando, aparentemente, la posibilidad de revisar con sentido positivo lo bueno y lo malo que nos dejaron aquellos 40 años de modernización populista democrática.
Y regresemos entonces a la pregunta ¿qué le espera a Venezuela? ¿Más capitalismo de estado o una dictadura modernizadora? ¿Habrá otras opciones? Por ejemplo ¿Será el socialismo real una real opción?
En términos de estrategia país todo depende del cristal con que se mire. A mi me parece que el actual rumbo se parece más a un conjunto de “tumbos” y dando tumbos se mantiene la tradicional “rumba” del reparto estatista del patrimonio de la sociedad, usando la renta petrolera de manera inauditable. Mientras haya real habrá alguna forma de fiesta, tal vez con músicos peores, sin la misma marca de whisky en la mesa, sin fuegos artificiales…pero fiesta al fin. También, con estos tumbos, podría haber cerca alguna zanja o incluso algún precipicio y caer en ellos, con lo que la rumba se puede convertir en tumba, al menos para muchos compatriotas, más allá de los que cotidianamente se nos lleva la violencia y la inoperatividad sistémica de los dos Estados que agonizan en medio del asombro de pocos.
El capitalismo de estado es más fuerte como opción que cualquier opción modernizadora, sea cual sea el nivel de restricción democrática que se maneje para ambos. El capitalismo de estado fija el signo de los tiempos de la sociedad venezolana desde los albores de su construcción estatal, luego del fin de las guerras federales y entrados ya al siglo XX. En realidad Chávez no se enfrenta al reto de sustituir al capitalismo por el socialismo, se enfrenta al reto de construir una nueva forma política de capitalismo de estado, que ya ha cargado a los estados financieros del país, 600 mil millones de dólares en egresos (sin considerar pasivos) y que continúa sin ofrecer rendimientos diferentes a las últimas variaciones plutocráticas del régimen anterior, cada vez más parecidos ambos monstruos.
En Venezuela no es mucho el capitalismo que hay que sustituir (lo que no significa que sea poco importante). Tal vez duela a muchos, pero lo que no ha tenido Venezuela con frecuencia y durabilidad en su historia reciente, lo que no ha pasado de escarceos y maquillajes, es la construcción de una sociedad productiva y moderna de ciudadanos que logran controlar su monstruo, el estado enfermo y drogado de renta.
El reto es fundacional. Una Venezuela diferente merece abrirse espacio, empezando por la psiquis popular. Una Venezuela que vincule lo que somos con el rol que asignamos al estado y sus eventuales administradores y que promueva que sus habitantes vivan de su iniciativa y trabajo. Una Venezuela que deje de liquidar patrimonios para andar de fiesta. El liderazgo cultural, social, económico y político presente y futuro de nuestro país no está de momento a la altura de este reto, pero vale plantear la esperanza prospectiva, estratégica y operativa de sumar más y más voluntades y liderazgos para abordarlo.
(1) Entendiendo aquí por procesos revolucionarios aquellos que aspiran, más que a gobernar, a cambiar de manera más o menos radical las reglas de gobierno y de funcionamiento de la sociedad, culpabilizando a una parte de la sociedad como responsable de los males de la mayoría y actuando en consecuencia (bajo supuestos de representación del nuevo Estado con la mayoría que, usualmente, dejan de ser validados bajo procedimientos democráticos tradicionales).
(2) Para no ampliar excesivamente las bases teóricas de este planteamiento, podríamos resumir que el Estado liberal moderno y contemporáneo aborda como funciones esenciales la provisión de cierto tipo de bienes y servicios a la sociedad por diversas razones, que giran en torno a su efectividad social (por contrario, a la falta de efectividad social de que las provean por si mismos los particulares), por ejemplo: defensa del territorio; seguridad y orden público; administración de justicia; provisión de moneda; normalización de pesos y medidas; estabilización macroeconómica (promover escaladas moderadas en los precios y estabilidad en tipos de interés y tipo de cambio, para facilitar un crecimiento robusto de la inversión, el empleo y el producto nacional); protección y saneamiento ambiental; salud preventiva; dotación de grandes infraestructuras (sobre todo aquellas cuyos tiempos de ejecución no suelen ser compatibles con periodos y montos de amortización por parte de privados, como grandes represas o grandes redes de saneamiento para las ciudades, o que comprometen aspectos vinculados a la seguridad y defensa, por ejemplo, la creación de puertos, aeropuertos y otras grandes vías de comunicación), inversiones educativas (especialmente aquellas destinadas a mejorar el desempeño científico básico –que usualmente no es de interés para los privados). También se entiende que el Estado asume ciertas funciones sociales de “regulación moral” que le lleva a intervenir para promover la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos que representa, facilitando mecanismos para evitar los abusos de posición de poder y protegiendo a los que, de manera temporal o definitiva, tengan limitadas sus capacidades de autodesarrollo, procurando que todos accedan a bienes y servicios esenciales como vivienda, salud, educación o empleo.
(3) En teoría de los juegos, halcón-gallina describe una situación en la un grupo de actores enfrentados asumen una posición esperada, de amenazante destrucción el primero y de reconocida debilidad, el segundo.
Quisiera además, vincular esta ambición usando como herrramienta los típicos horizontes temporales de proyección estratégica para las naciones:
a) el ámbito prospectivista o de muy largo plazo (usualmente entre 10 y 50 años),
b) el ámbito de gestión estratégica (usualmente entre 2 y 6 años) y
c) el ámbito operativo o programático (entre algunos meses y 2 años, aunque el más usual suele ser de 1 año).
Aunque la nota metodológica pueda resultar innecesaria para muchos, digamos que el primer horizonte define mecanismos societales complejos para acordar un futuro compartido y los principales lineamientos estratégicos para abordarlo (llamémoslo, “Gran Devenir o Gran Estrategia País”); el segundo promueve el diseño de un plan de trabajo desde la perspectiva de un gobierno para avanzar hacia cambios que faciliten el tránsito gradual entre situaciones problemas y situaciones deseadas en un ambiente cargado de incertidumbre por la presencia de múltiples actores (llamémoslo “Plan de Gobierno”) y el tercero lleva todo al plano de la acción, con proyectos, actividades, gerentes y recursos asignados (llamémoslo “Plan Operativo”).
¿Qué se podría decir sobre el rumbo estratégico de Venezuela? Tal vez parezca un esfuerzo inútil comentar el asunto. Para unos está tremendamente claro y nos espera la estabilización y/o la profundización de la hegemonía chavista, una iniciativa que pareciera ofrecer como Gran Estrategia País alguna forma de revolución socialista, sin que se pueda considerar como Plan Prospectivo porque acude a la sociedad con la intención manifiesta de hacer los cambios a partir de la potenciación de aquellos disensos y confrontaciones que forman parte de los procesos revolucionarios(1).
Desde este punto de vista, el Plan de Gobierno (los planes, porque nos referimos a una iniciativa que ya tiene 12 años continuos en el ejercicio del poder, desde las bases del antiguo Estado al que supuestamente pretende derribar) no consiste en diseñar operaciones para atacar los problemas de la gente que debe abordar el gobierno según principios más o menos compartidos de gestión moderna liberal(2), sino que usa el poder de manera más o menos arbitraria para profundizar el cambio institucional y enfrentarse a las supuestas causas profundas de los problemas de la sociedad “el capitalismo” y sus “clases dominantes”, según la terminología política de apoyo, más o menos orientada por principios marxistas. Las grandes operaciones estratégicas consisten en “batallas” dialécticas y prácticas con agentes nacionales que son esquematizados en términos de “aliados” y “enemigos”, restringiendo las opciones de los actores y promoviendo juegos “halcón-gallina” (3), anunciándose para estos últimos el éxodo o la destrucción. La estrategia es, por tanto, facilitar la construcción de un estado al servicio del nuevo proyecto político, atendiendo de una manera coyuntural las áreas típicas de demanda ciudadana (seguridad, justicia, infraestructura, servicios urbanos, etc.).
En este sentido el lenguaje del régimen ha ido cambiando desde las típicas promesas electorales (niños de la calle, viviendas, calidad de vida) a promesas condicionadas (sólo el socialismo nos permitirá…vivienda, empleo, seguridad, calidad de vida y, en definitiva, felicidad).
Desde el punto de vista operativo, la asistencia social intenta escapar de las bases articuladas del antiguo Estado (aunque, a estas alturas, resulta claro que está bastante bien ocupado por el control del nuevo régimen, que pareciera haberse adaptado bastante bien a su transcurrir burocrático) y ello provoca la creación de toda una organicidad paralela, llena de misiones y sociedades promotoras que pretender fomentar la organización de base popular que escape al axioma del estado de representación, formado por alcaldías, gobernaciones, ministerios, partidos políticos, parlamento, etc. Al mismo tiempo se estatiza progresivamente las capacidades productivas nacionales en amplios sectores de la economía, promoviendo un tercer frente de “nueva burocratización estatal” que cuesta imaginar con niveles de eficacia y productividad diferentes a las anteriores y relativamente recientes experiencias de estatización de nuestro país y de toda Latinoamérica.
Se trata entonces de profundizar la “revolución democrática” según sus promotores, que es entendida como la “restricción democrática creciente” según sus detractores. Para estos últimos, nos espera el deterioro acentuado de un régimen que hace aguas y apostará por el caos antes de abandonar el poder, opción que, por otro lado, no pareciera dejar tranquilo ni al más optimista opositor, dado el nivel de deterioro de las instituciones del “antiguo régimen democrático liberal” y la liviandad y típica discrecionalidad de las nuevas instituciones revolucionarias, que seguirían controladas por el chavismo, al menos si la pericia opositora en medio de ese derrumbe no logra la alquimia de provocar nuevos procesos constituyentes y que los mismos sean tan exitosos como para estimular la reconciliación al mismo tiempo que se aplica justicia sin caer en faenas vengadoras, que ahí parecieran presentarse los problemas de la supuesta reconciliación necesaria.
En términos de Gran Estrategia País, no pareciera haber clara ninguna alternativa. La polarización provocada por el chavismo ha facilitado la unión de coyuntura de una gran variedad de opciones políticas “del antiguo régimen” pero la neutralización gradual de sus fuentes de financiamiento (la principal, el mismo Estado, ahora está abierta y discrecionalmente al servicio de una sola opción y allá donde queda una gobernación o una alcaldía de oposición, son utilizadas más o menos con la misma discrecionalidad para la sobrevivencia de los nuevos aislados) y de filiación popular (medios de comunicación y ONG´s que expresan la manera moderna y liberal de entender la emancipación, la libertad, la dignidad y los factores de desarrollo) han dificultado la posibilidad de que la gran mayoría de los venezolanos perciban un plan alternativo, al que, además, se le niega la posibilidad de acceso al poder desde el discurso oficial (el famoso eslogan castrista de “no volverán”).
Además, a cualquier propuesta alternativa pareciera exigírsele un conjunto de difíciles condiciones: a) ser diferente al socialismo de Chávez y mejor que éste desde la perspectiva popular, porque si no ¿para qué cambiarlo? b) prometer el acceso desde el Estado, para compaginar con cierta actitud antimoderna de amplios grupos sociales relativamente marginales, c) ser creíble, en medio del descrédito general hacia la actividad política y d) ser diferente al pasado, porque muchos han comprado la idea de que allí está la raíz de nuestros males, negando, aparentemente, la posibilidad de revisar con sentido positivo lo bueno y lo malo que nos dejaron aquellos 40 años de modernización populista democrática.
Y regresemos entonces a la pregunta ¿qué le espera a Venezuela? ¿Más capitalismo de estado o una dictadura modernizadora? ¿Habrá otras opciones? Por ejemplo ¿Será el socialismo real una real opción?
En términos de estrategia país todo depende del cristal con que se mire. A mi me parece que el actual rumbo se parece más a un conjunto de “tumbos” y dando tumbos se mantiene la tradicional “rumba” del reparto estatista del patrimonio de la sociedad, usando la renta petrolera de manera inauditable. Mientras haya real habrá alguna forma de fiesta, tal vez con músicos peores, sin la misma marca de whisky en la mesa, sin fuegos artificiales…pero fiesta al fin. También, con estos tumbos, podría haber cerca alguna zanja o incluso algún precipicio y caer en ellos, con lo que la rumba se puede convertir en tumba, al menos para muchos compatriotas, más allá de los que cotidianamente se nos lleva la violencia y la inoperatividad sistémica de los dos Estados que agonizan en medio del asombro de pocos.
El capitalismo de estado es más fuerte como opción que cualquier opción modernizadora, sea cual sea el nivel de restricción democrática que se maneje para ambos. El capitalismo de estado fija el signo de los tiempos de la sociedad venezolana desde los albores de su construcción estatal, luego del fin de las guerras federales y entrados ya al siglo XX. En realidad Chávez no se enfrenta al reto de sustituir al capitalismo por el socialismo, se enfrenta al reto de construir una nueva forma política de capitalismo de estado, que ya ha cargado a los estados financieros del país, 600 mil millones de dólares en egresos (sin considerar pasivos) y que continúa sin ofrecer rendimientos diferentes a las últimas variaciones plutocráticas del régimen anterior, cada vez más parecidos ambos monstruos.
En Venezuela no es mucho el capitalismo que hay que sustituir (lo que no significa que sea poco importante). Tal vez duela a muchos, pero lo que no ha tenido Venezuela con frecuencia y durabilidad en su historia reciente, lo que no ha pasado de escarceos y maquillajes, es la construcción de una sociedad productiva y moderna de ciudadanos que logran controlar su monstruo, el estado enfermo y drogado de renta.
El reto es fundacional. Una Venezuela diferente merece abrirse espacio, empezando por la psiquis popular. Una Venezuela que vincule lo que somos con el rol que asignamos al estado y sus eventuales administradores y que promueva que sus habitantes vivan de su iniciativa y trabajo. Una Venezuela que deje de liquidar patrimonios para andar de fiesta. El liderazgo cultural, social, económico y político presente y futuro de nuestro país no está de momento a la altura de este reto, pero vale plantear la esperanza prospectiva, estratégica y operativa de sumar más y más voluntades y liderazgos para abordarlo.
(1) Entendiendo aquí por procesos revolucionarios aquellos que aspiran, más que a gobernar, a cambiar de manera más o menos radical las reglas de gobierno y de funcionamiento de la sociedad, culpabilizando a una parte de la sociedad como responsable de los males de la mayoría y actuando en consecuencia (bajo supuestos de representación del nuevo Estado con la mayoría que, usualmente, dejan de ser validados bajo procedimientos democráticos tradicionales).
(2) Para no ampliar excesivamente las bases teóricas de este planteamiento, podríamos resumir que el Estado liberal moderno y contemporáneo aborda como funciones esenciales la provisión de cierto tipo de bienes y servicios a la sociedad por diversas razones, que giran en torno a su efectividad social (por contrario, a la falta de efectividad social de que las provean por si mismos los particulares), por ejemplo: defensa del territorio; seguridad y orden público; administración de justicia; provisión de moneda; normalización de pesos y medidas; estabilización macroeconómica (promover escaladas moderadas en los precios y estabilidad en tipos de interés y tipo de cambio, para facilitar un crecimiento robusto de la inversión, el empleo y el producto nacional); protección y saneamiento ambiental; salud preventiva; dotación de grandes infraestructuras (sobre todo aquellas cuyos tiempos de ejecución no suelen ser compatibles con periodos y montos de amortización por parte de privados, como grandes represas o grandes redes de saneamiento para las ciudades, o que comprometen aspectos vinculados a la seguridad y defensa, por ejemplo, la creación de puertos, aeropuertos y otras grandes vías de comunicación), inversiones educativas (especialmente aquellas destinadas a mejorar el desempeño científico básico –que usualmente no es de interés para los privados). También se entiende que el Estado asume ciertas funciones sociales de “regulación moral” que le lleva a intervenir para promover la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos que representa, facilitando mecanismos para evitar los abusos de posición de poder y protegiendo a los que, de manera temporal o definitiva, tengan limitadas sus capacidades de autodesarrollo, procurando que todos accedan a bienes y servicios esenciales como vivienda, salud, educación o empleo.
(3) En teoría de los juegos, halcón-gallina describe una situación en la un grupo de actores enfrentados asumen una posición esperada, de amenazante destrucción el primero y de reconocida debilidad, el segundo.
martes, 11 de enero de 2011
Ahhh, es la infraestructura!
Los gobiernos aprenden. Carlos Matus, en "Adios Señor Presidente" refleja muy bien la situación emocional de un gobernante que, en su último día de gobierno, repasa los motivos de su fracaso, en contraste evidente con las ilusiones de su asunción.
El gobierno es una tarea compleja (en el sentido más reciente de esta palabra, vinculada a un relativismo difícilmente constructivista) que mezcla factores técnicos y políticos vinculados con gran variedad de hechos, sujetos a múltiples interpretaciones, exigiendo acciones rápidas y contundentes para avanzar y explicar continuamente las situaciones que enfrenta.
Cualquier gobernante está casi irremediablemente condenado a la pérdida de reconocimiento y afecto por parte de su ciudadanía (aunque experiencias como la del Brasil de Lula nos hablen en sentido contrario) en la medida que no logra alcanzar la satisfacción de muchos actores con diversos intereses, no siempre de fácil conciliación. Ahí surge la magia de la política, arte ciencia que construye mezclas de acción y explicación para mejorar la gobernabilidad de un sistema social.
Si el gobernante no quiere gobernar y pretende el afecto social a partir de discursos y acciones gravemente mediatizadas por ideas profundamente lineales y sesgadas, pareciera que su depresión y condena debería anticiparse (a pesar que experiencias como la de Chávez y Venezuela nos digan lo contrario). El hombre vive de esas explicaciones y la política se reivindica frente a la economía al permitir a un gobierno liderar el proceso fuertemente destructivo con el mérito de la mayor parte de la población.
Hoy el régimen venezolano, luego de una crisis humanitaria que probablemente tiene repercusiones vinculadas con el déficit de atención estatal a muchas poblaciones y servicios urbanos, reacciona declarando una más de las misiones que colman ya el pequeño imaginario colectivo venezolano. La vivienda, hasta pintada de rojo y sin propiedad clara para sus ocupantes es una ilusión que se arraiga en los desprotegidos, grupo mayoritario o cercano a la mayoría en Venezuela. Pocos se preguntan cómo 11 años y 700 mil millones de dólares después, un gobierno que se precie de serlo, un cooperador financiero internacional positivo neto (con fondos dirigidos regularmente al gasto corriente o de inversión de sus socios políticos), puede abordar tan enérgicamente, sin autocrítica alguna, la necesidad de construir viviendas (por no entrar en otros temas, como vialidad, soporte a la producción, energía eléctrica, puertos, etcétera, destino incomparable con la prioridad de expropiar bancos, hoteles, supermercados o medios de comunicación).
Qué extraña y lenta la experimentación de este seudo gobierno. Sin duda la lucha contra el capitalismo del mundo le ocupa con mayor interés y energía. No habrá reducción de la inseguridad en Venezuela mientras viva en capitalismo, dice su líder. Mientras nos comen los problemas y el caos se apropia de nuestras ciudades. Mientras, el 50% ¿40, 60, no da igual? de los aún no descreídos, elevan alabanzas, reproducen esperanzas y posponen el final.
El gobierno es una tarea compleja (en el sentido más reciente de esta palabra, vinculada a un relativismo difícilmente constructivista) que mezcla factores técnicos y políticos vinculados con gran variedad de hechos, sujetos a múltiples interpretaciones, exigiendo acciones rápidas y contundentes para avanzar y explicar continuamente las situaciones que enfrenta.
Cualquier gobernante está casi irremediablemente condenado a la pérdida de reconocimiento y afecto por parte de su ciudadanía (aunque experiencias como la del Brasil de Lula nos hablen en sentido contrario) en la medida que no logra alcanzar la satisfacción de muchos actores con diversos intereses, no siempre de fácil conciliación. Ahí surge la magia de la política, arte ciencia que construye mezclas de acción y explicación para mejorar la gobernabilidad de un sistema social.
Si el gobernante no quiere gobernar y pretende el afecto social a partir de discursos y acciones gravemente mediatizadas por ideas profundamente lineales y sesgadas, pareciera que su depresión y condena debería anticiparse (a pesar que experiencias como la de Chávez y Venezuela nos digan lo contrario). El hombre vive de esas explicaciones y la política se reivindica frente a la economía al permitir a un gobierno liderar el proceso fuertemente destructivo con el mérito de la mayor parte de la población.
Hoy el régimen venezolano, luego de una crisis humanitaria que probablemente tiene repercusiones vinculadas con el déficit de atención estatal a muchas poblaciones y servicios urbanos, reacciona declarando una más de las misiones que colman ya el pequeño imaginario colectivo venezolano. La vivienda, hasta pintada de rojo y sin propiedad clara para sus ocupantes es una ilusión que se arraiga en los desprotegidos, grupo mayoritario o cercano a la mayoría en Venezuela. Pocos se preguntan cómo 11 años y 700 mil millones de dólares después, un gobierno que se precie de serlo, un cooperador financiero internacional positivo neto (con fondos dirigidos regularmente al gasto corriente o de inversión de sus socios políticos), puede abordar tan enérgicamente, sin autocrítica alguna, la necesidad de construir viviendas (por no entrar en otros temas, como vialidad, soporte a la producción, energía eléctrica, puertos, etcétera, destino incomparable con la prioridad de expropiar bancos, hoteles, supermercados o medios de comunicación).
Qué extraña y lenta la experimentación de este seudo gobierno. Sin duda la lucha contra el capitalismo del mundo le ocupa con mayor interés y energía. No habrá reducción de la inseguridad en Venezuela mientras viva en capitalismo, dice su líder. Mientras nos comen los problemas y el caos se apropia de nuestras ciudades. Mientras, el 50% ¿40, 60, no da igual? de los aún no descreídos, elevan alabanzas, reproducen esperanzas y posponen el final.