jueves, 11 de agosto de 2011

Mercantilismo petrolero internacional para el ingreso, socialismo estatizador y caudillista para el gasto

Venezuela es un país enfermo, contaminado por el vaho de su Estado enfermo. Tuvo un sueño de modernidad que quedó truncado por élites económicas, sociales, culturales, civiles y militares que se olvidaron de la compleja tarea de hacer país y sucumbieron a la droga del monstruo y la repartición.

Hoy, un caudillo premoderno nos anuncia la buena nueva. Es el socialismo. En el pasado, allí donde se puso en práctica, no fue útil para levantar los sistemas productivos, por lo que la producción y el esfuerzo colectivo quedan como simples arengas, la práctica cotidiana sigue siendo el reparto.

Lo curioso es que este sistema de reparto, ahora llamado revolución socialista, que se jacta de ser una alternativa al capitalismo "en grave crisis", en general ha visto agudizar la dependencia petrolera y los cambios culturales que promueve se basan en la vieja formula de distribuir renta, que todos sabemos alimenta primariamente a las élites plutocráticas vinculadas al régimen (antes de turno, ahora cada vez más taciturno y sin turno).

¿Y qué es la renta? Para algunos es sinónimo de ingreso, de hecho lo ven como justo dada nuestra condición (nacional, aunque no individual) de propietarios del recurso.

Pero la renta no es ingreso. Un ingreso que remunere actividad nacional productiva sería muy saludable y lógico motivo de orgullo nacional. Pero la renta llega por la liquidación patrimonial de un recurso natural finito, no renovable y la mayor parte del ingreso corresponde a una remuneración ajena al esfuerzo productivo. La renta llega porque el mercado más volátil y especulativo del Mundo, el de los commodities y sus futuros, es la base del desenvolvimiento económico de este país.

El Profesor Ingeniero Económico, gran sabio de la planificación, alaba la capacidad de Venezuela para avanzar hacia el socialissmo mientras el capitalismo está en crisis. Las facturas diarias que emite PDVSA ahora tienen colores rojos y eso cambia todo.

No es sólo el ingeniero económico. En días de descalabro financiero global, su Jefe, el mismo Piloto del Monstruo, ahora ve con orgullo que la bolsa venezolana no ha caído mientras las de Nueva York, Londres, Paris y el resto de las capitales europeas, se desploma. Nadie le ha dicho que él mismo terminó de liquidar la maltrecha bolsa venezolana de la que ahora pareciera sentirse orgulloso (como también siente orgullo de que PDVSA patrocine con varios millones de dólares las carreras de formula 1), una Bolsa que nunca reflejó más que un pequeño mercado porque la mayor parte de las empresas con potencialidad para captar inversión no lo pueden hacer legalmente y que las demás no lo hacen por falta de confianza. La bolsa venezolana no mide nada, no negocia nada, no es indicador de nada y, gracias a eso, no tuvo el privilegio de caerse, como tampoco podrá crecer, negociar bonos hipotecarios, acciones de compañías petroleras o de bancos que ahora son del Estado.

Al Piloto y al Ingeniero pareciera irles bien en su viaje a la grupa del Monstruo. Parecieran querer seguir allí muchos años. Llegan a creer que se la están comiendo y que esté país es ahora mejor, más próspero y justo. Total, están repartiendo con socialismo lo que nos transfiere la sociedad laboriosa del Mundo con mercantilismo, negados además a la idea de aprovechar esa renta para constituir capitales, reunir capacidades humanas y tecnológicas, convocar iniciativas y crear alternativas al mercantilismo, que no pueden ser otras que las de un desarrollo capitalista saludable, con gente cada vez más preparada para competir, para crear, para innovar, incluso para gestionar aquellos bienes y servicios que el Estado debería garantizar y que, en este extraño país, quedan en arengas, leyes e imaginarios institucionales, pero que la gran mayoría de los venezolanos, sabemos que no sólo no son garantizados, sino que son cotidianamente violentados (la vida, la integridad física, la propiedad sobre los bienes, la infraestructura pública, los servicios domésticos, la salud y educación de calidad, la justicia...).

Años de mercantilismo económico sin construcción de capitalismo, mezclados con sistemas populistas de conciliación para el reparto de la renta, han dado paso a mercantilismo económico sin construcción de capitalismo, mezclado con populismo socialista super estatizante para el reparto de la renta. Todo, supuestamente, por culpa de un capitalismo que, aparentemente renqueante en el Mundo, a nosotros sólo nos ha llegado en esporádicas visitas y en el empeño contracorriente de algunos loables emprendedores que enaltecen el gentilicio y su condición de verdaderos empresarios. Su ejemplo, como el de funcionarios honestos y productivos, artistas e inventores, gente laboriosa y bienintencionada que produce soluciones de sol a sol, no han sido suficiente frente al asalto al Estado, el único receptor del maná mercantilista, la base de la adicción del Monstruo y sus engordados administradores.

Algo no anda bien en el Alma del pueblo venezolano. Años de droga parecieran estar afectando algo más que el humor, la iniciativa, el liderazgo, pareciera que comenzamos a ofrecer manifestaciones claras de rechazar la modernidad y continuar la alucinación cotidiana del faraonismo rentista.

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