lunes, 26 de octubre de 2009

Gestión compleja y vindicaciones socialistas

El Estado venezolano como problema no salta a la vista de todos y por tanto es poco lo que se puede esperar del comportamiento electoral nacional corriente. El Estado está enfermo pero su primera y más contaminante interacción es con los votantes venezolanos. El venezolano, desciudadanizado por décadas de desgobierno, sigue atendiendo cantos de sirena.

La gestión de cualquier crisis, aún más si tiene rasgos estructurales como la de este país, requiere la aplicación de unos principios mínimos de interacción compleja, requiere maximizar la capacidad de representación y, sin abusar de ella, utilizar el impulso del liderazgo para gestionar pequeños avances entre múltiples actores que pongan en marcha al país como un todo; para que, además, lo hagan como una máquinaria cuyo camino entusiasme a un buen grupo y resulte razonable para la mayoría, tolerable para otros, intolerable para prácticamente nadie. Esa es la complejidad que requiere gobierno. No es igual gobernar un cuartel o una hacienda. Aún menos si lo hacemos desde el plano de la peor de las ignorancias, la del que no sabe que no sabe.

Si además aportamos un discurso inmoderado y anunciamos las maravillas del mundo porvenir (el socialismo) sin considerar forma alguna de transición viable y, peor aún, sin considerar seriamente qué carácterísticas tiene ese nuevo mundo, el asunto tiene todos los ingredientes para que explote la olla.

El socialismo, como invento filosófico y económico marxista no tiene sentido ni aplicabilidad. Los estados nacionales que acogieron sus consignas se vieron en la angustiante tarea de inventar sus aplicaciones para resolver cotidianidades varias de la producción, la distribución, la inversión, el consumo, el ahorro, la innovación, la creatividad, la eficiencia...En general, es doloroso para cualquier gobernante socialista bien intencionado descubrir, por ejemplo, que no existe ciencia económica socialista y si hay que inventar una es riesgoso en términos de tiempo y recursos para la ciudadanía necesitada de respuestas.

Descubren (insisto, los bienintencionados, que no creo que sean los que hoy nos gobiernan) que las paradojas del salario, el sobretiempo, las vacaciones, las prestaciones sociales, la libre sindicación y otros asuntos típicos de la organización obrera, pasan por la asunción previa de su carácter profundamente capitalista, sin hablar de su estructura orgánica incrustada en el corazón del meollo social del valor (algo que depende de cada agente económico y su esquema de satisfacción de necesidades personales), el precio y las asignaciones sociales para satisfacer necesidades infinitas con recursos escasos.

Uno de los últimos que intentó inventar un modelo alternativo, Carlos Marx (aunque usando igual categorías como ingresos, salarios, producción, ahorro e inversión, porque clásico era él al fin y al cabo) fue superado y respondido en la fundamentación básica de su modelo por marginalistas contemporáneos a él mismo y, seguramente, murió conociendo sus modelos (los de aquellos) para descubrir las fallas en el propio.

Ciento cincuenta años después la ilusión vindicativa socialista aún campea en aldeas marginales del planeta. Se apodera sin dificultades de África y amenaza con el dominio político en América Latina. Son los últimos estertores de un fantasma, esta vez cierto, enfermo de retórica y vacío de estructura, pero aún capaz de convocar a muchos que se adhieren a las vindicaciones por considerar que ayudan mejor a enfrentar sus desdichas, sólo enjuagables a largo plazo con un ejercicio de ciudadanía que le ha sido adecuadamente negado.

El socialismo de los no pobres o de los cada vez menos pobres (chinos y rusos y algunos centroeuropeos) quedará cada vez más desdibujado por el pragmatismo de gobernantes que gestionan la complejidad y aprovechan, en la medida de lo posible, las reglas del sistema.

Para socialistas que financian sus fantasías (cual conserje dependiente de varias drogas) con esfuerzos productivos externos (trabajados fuera de su condominio-cuartel, de su condominio-hacienda) lo que queda es que los pocos obreros y empresarios que queden en pie en medio de sus bacanales, retomen una iniciativa de desintoxicación y ofrezcan alguna alternativa a los que siguen naciendo.