En el típico discurso de izquierda revolucionaria, el progreso de la humanidad es limitado por fuerzas reaccionarias que impiden elevar el bienestar colectivo y extender un manto de nueva ciudadanía a los habitantes del Mundo, casi siempre motivados por los más perversos intereses de clase, afanosamente enredados en la maraña institucional burguesa surgida a partir de los estados nación post feudales.
El progreso, la emancipación de la mujer, del obrero, la lucha contra las injusticias, desigualdades y contra todos los principios y valores que traen la oscuridad a las vidas humanas, que limitan su libertad y criterio, que cercenan sus potencialidades, son parte de un ideario de por sí contradictorio, pero que además se enfrenta a terribles desequilibrios discursivos internos, cuando se requiere construir "la dictadura del proletariado".
Traer a colación este tema es hoy pertinente por las alianzas estratégicas que propicia este tragicómico régimen revolucionario de izquierda que nos vende el Mago de Sabaneta. El asunto pareciera ir más allá de las alianzas coyunturales contra el imperio del mal, tan diabólico, pensará Chávez, que utiliza ahora a un líder negro para representarle ante el mundo y, bien se sabe que, siendo negro, debemos considerarle bueno, al igual que los indígenas americanos, por sufrir tanto en manos de los blancos. Además con ese nombre, Barak Hussein, con ese origen humilde, con esos modales y ese porte, esa manera de hablarle a los más humildes...total, una idea tan diabólica que sólo podía ser gringa y que ahora se une a su larga lista de pesadillas y desvelos.
Pero cabría preguntarse ¿qué es lo que une a la izquierda latinoamericana con las ideas conservadoras de Admadineyad en Irán? ¿Qué parte de lo que propone este señor para su pueblo es defendible en el ámbito de una sociedad latinoamericana? No me refiero, siquiera, a una sociedad moderna, bajo el entendido de que Chávez y sus ideas son abiertamente antimodernas, pero ¿cómo se le vende a un venezolano el conjunto de valores que nos hacen establecer una alianza tan profunda?
Alguno pudiera responder que sólo es coyuntura política. Intereses globales de enfrentamiento al capitalismo buscan reñidas alianzas con el único propósito de aunar fuerzas. Pero no es así. Chávez, en el fondo, coincide más con este líder iraní y su régimen que con el presidente mexicano, o con el colombiano, con la chilena, tal vez incluso más que con el brasileño. Viendo ese régimen, en el ojo de huracán político de oriente medio, próximo a dotarse de armamento nuclear, con un líder insustituible (Jamenei) y un Consejo Revolucionario por encima de cualquier esfuerzo electoral, Chávez ve su sueño de modelo nacionalista y anti imperialista.
Además hacen sus propias bicicletas, el vehículo que, junto a la mula, habrá de sustituir el afán consumista del automóvil. Detestan el whisky y otras espirituosas de origen aristocrático, tan demandadas por los afines a su régimen que comprometen su imagen. Sin duda tienen una civilización milenaria y una potente religión respaldando sus acciones para limitar los derechos de la mujer, de los homosexuales, de los herejes ¿y que son sino herejes los antirevolucionarios, antibolivarianos y antivenezolanos que no le apoyan en esta Venezuela? y hasta eso debe ser objeto de su envidia, porque aquí su propio control no da para tanto.
Pobre izquierda venezolana, que de hueca, obsoleta, rentista y absurda, por proteger el único interés ilegítimo que perdura desde el nacimiento de la República en nuestra tierra (la privatización perversa de lo público a través de la administración caudillesca de las rentas estatales) le da la vuelta al espectro ideológico y se alía con un régimen conservador teocrático.
Vergüenza que se une a la que deben estar sufriendo en su tumba aquellos líderes sindicales de izquierda, muchos de ellos insobornables, que construyeron con su sacrificio en las primeras décadas del siglo pasado, un esquema de relaciones laborales moderno para la COL, que se extendería luego a todo el país, para que venga este señor a derrumbarlo de un zarpazo, además con cancioncitas de Alí Primera y fervor marxista. Lo que hay que ver.
Como dice un periodista venezolano, citando a un dramaturgo alemán, la historia se repite, pero como nadie la escucha, hay que volver a contarla.