El piloto tiene cáncer. Con gran carga melodramática, él y sus colaboradores inmediatos dan cuenta de lo que filtraban hace semanas algunos periodistas ajenos al régimen.
El monstruo no se inmuta por la noticia. El mismo ya no distingue sus tumores de sus sanos tejidos. Se arrastra en su propio fango, porque hace muchos que la agilidad sólo queda para las fotos en algún desfile militar. El monstruo venezolano, el Estado enfermo de droga rentista, vestido y enjoyado de grandes patrimonios, domiciliado en ranchos de premodernidad mientras incorpora a su cuerpo bancos, hoteles y supermercados, mientras consume tecnologías de avanzada para salir mejor en las fotos, lleva con tranquilidad su propio cáncer, aún en las áreas tumorales necrosadas que ya no recuerdan función pública alguna al servicio de la gente.
Gobierno y oposición anhelan al líder y la política de retórica que garantiza. El vicepresidente ha ofrecido un discurso, con todo el gabinete reunido, unos de pie tras él, cual séquito en el exilio (ya dijo su líder en el discurso desde la Habana, "...aquí, desde la patria grande", como si exiliado estuviese el país entero que no disfruta del privilegio de "los mejores médicos del mundo" en ese rincón del Caribe), algunos sentados porque no cabían en la toma, discurso vicepresidencial del que cabe destacar el llamado a continuar "garantizando" los derechos de los venezolanos ¿¿¿¿¿?????? Es decir, le esperamos Jefe, para que todo continúe tan bien como hasta ahora.
El Estado enfermo no se hace eco del tumulto. Hace años que la gente para él forma parte de un paisaje difícil de precisar, integrado a su propia convalecencia, protagonista de muchos de sus desvaríos. El monstruo no se mueve mucho. Si lo hiciera aún podría hacer daño a más de un desprevenido...El monstruo se relaja y descansa, mantiene su influjo fétido y narcótico sobre los que se acercan a chupar de sus entrañas y sobre cualquiera que esté cerca. Escucha voces, algunos llantos...Algo debe pasar en la grupa con el piloto, llega a percibir una inquietud que no le resulta del todo extraña: parece miedo... Él ya no sabe lo que es miedo. Hace años llegó a sentirlo y recuerda como se motivó a mover el cuerpo, reducir la grasa, revisar el funcionamiento de algunos órganos. Pero poco duraban aquellos tratamientos. Pronto regresaba a su soporífera existencia y abandonaba cualquier pretensión de actividad. Algunos de los que le hablan al oído, privilegio de algunos a los que no se ha molestado en destruir, le cuentan de antiguas funciones, de relaciones teóricas entre estado y ciudadanía y quien sabe cuantas cosas más. Recuerdos tristes de un pasado alegre, mi gente. Parece mentira. Los recuerdos de su juventud aún persisten, la fortaleza de sus músculos aún está marcada en su memoria. Alguna vez sirvió a la sociedad que hoy le sirve ¿o quizá sólo lo leyó en alguna novela o lo vio en una película? Da igual. Los líderes humanos que se le acercan, no lo hacen para desarrollar aquella funcionalidad, no aspiran a sanear sus heridas y plantear algún tratamiento profundo contra sus males. Le miran, ambicionan su grupa y el brillo de sus ojos les deja en evidencia, da igual si lo que quieren es construir la justicia a través del nacional socialismo de izquierda o de derecha, desde la socialdemocracia o el socialcristianismo. Todos quieren jugar el viejo juego de "repartir para todos" y él sabe que eso es lo único que se necesita para que prospere su relación.
¿Cuál es el cáncer que yo tengo? se pregunta el monstruo. Ha escuchado muchos rumores, incluso de expertos en salud de estados. Bah...da igual. Soy imprescindible para una sociedad que no se entiende a si misma sin una figura paterna que compense sus carencias afectivas. Sin un líder repartidor que les traiga lo que necesitan. Algunos incluso creen que la clave está en el Piloto... Normalmente todos los pilotos se lo creen, pero lo curioso aquí, en el corral de este Monstruo, es que aquí muchos también lo creen luego de muchos años, algunos aún sin necesidad de pegarse y chupar de sus fluidos. Igual sucedía hace 100 años, cuando él era un bebé.
Las imágenes se superponen. Muchos lloran los males del piloto. El mundo se nos cae encima. El nuevo líder puede fallar y con él se irían millones de esperanzas. No pareciera destacable la muerte y el pillaje cotidianos en este patio llamado Venezuela. Pocos conceden importancia a la carencia total de Estado en áreas donde se requiere urgentemente de orden y servicios públicos. Típicos mundos paralelos en este "viaje" de droga dura en el que vive la sociedad venezolana.
¿Y dónde está el piloto? se preguntan algunos...Es una película. No importa. El Monstruo sólo requiere piloto por esas formalidades que tanto agradan a los humanos. Pero ni siquiera debe preocuparse por ello. Candidatos repartidores sobran. Se pelean por el puesto. Larga vida a nuestro monstruo con todo y su cáncer.
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