Los venezolanos tenemos antecedentes oblicuos en nuestra construcción nacional. Había indígenas americanos cuando llegaron los españoles y ellos trajeron luego esclavos africanos para trabajar. Medio mundo cruzado da lugar a una Latinoamérica desdibujada en el espejo. Venezuela, además, descubre fuentes de energía al final del ciclo que haría valer especialmente la energía.
Aquel mundo de humanos transgenizados se enfrenta a reglas universales humanas: mejor más fácil. Mejor sin mayor esfuerzo. Bueno tener lo que otros no tienen y valoran. Viva la fiesta.
Otros evolucionan y despliegan su conocimiento (valor universal de la evolución primate humana) para controlar el medio, para aprovechar ventajas y prosperar. Prosperar en entornos siempre difíciles es ley básica, fácilmente universalizable.
Pero aún más básico es disfrutar de un entorno propicio. El humano primitivo, si descubriera un mar de alimento y goce, sin costos, lo aprovecharía hasta saciarse. Si no se agota rápidamente, sus hijos nacerían y crecerían con la creencia de que la vida es fácil.
El rentismo es una condición conocida por el hombre. Por poco usual no es menos conocida. Es una aspiración humana básica, aún en los que se crían y educan bajo conceptos de aprovechamiento productivo.
Explicarle a un venezolano que, dado el conocimiento actual de su condición humana, su pobreza está vinculada a su capacidad de hacer y saber hacer, no es sencillo. No en medio de la fiesta.
Venezuela es relegable. Está claro. No ayuda. Bebe whisky y disfruta ilusiones de hombre nuevo, ni siquiera aquel viejo surgido del barbudo alemán que creyó explicar la historia humana a partir del esfuerzo y propuso construir con esos principios (los mismos de los que habrían de construir la economía clásica) una sociedad de hombres nuevos. No. Tal vez eso perdure un poco más. En Venezuela, el rezago será brutal porque sueña gracias al efecto de la droga.
El futuro de la nación y la cultura venezolana, de por sí condicionada por la evolución global de estos conceptos, está condicionada por su capacidad de sobreponerse cuanto antes a las resacas que le dejan su borrachera y comenzar a reconocer su adicción y trabajando para iniciar una nueva vida post dependiente.
Tal vez el Dios que le dio el acceso a la droga rentista, le haya dado también otras condiciones para superar su adicción.
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