Venezuela se acerca al abismo como nación. Al tradicional desgobierno se le une ahora la intención hegemónica por los fracasados de esta larga coyuntura. Para ello, están dispuestos a seguir al líder que continúa huyendo hacia delante. Las milicias populares han sido creadas para defendernos de agresores externos "e internos". Cualquiera imagina que los agresores internos son los venezolanos que quieran desconocer la legitimidad del régimen chavista. No es extraño que el régimen los enfrente con milicias populares: los militares no tienen capacidad para controlar a la población civil y, además, las milicias son más fáciles de infiltrar en el entramado social.
Mientras, la nación se desangra por la violencia sin política. Por las policías corruptas que se unen a las mafias carcelarias para continuar incrementando el carácter organizado de nuestra delincuencia. El ciudadano, indefenso, sale diariamente a una lotería, esperando que no le toque. En el régimen denuncian que los medios privados (otro enemigo) distorsionan la información sobre la violencia que, para ellos, ha disminuido. No dudo que así sea en su casas, en sus urbanizaciones en sus oficinas. La nomenclatura chavista debe ver con malos ojos toda esta información porque sus vidas han cambiado mucho y para bien, en los últimos quince años.
Violencia sistemática y organizada contra la ciudadanía. Por un lado, el hampa, arrebatando, atracando, robando, secuestrando, asesinando a miles de venezolanos todos los días. Por el otro el mal llamado gobierno, el representante temporal del monstruo, organizando milicias para asegurar el caos oficial.
Si nuestros hijos salen de esto, tendrán que organizar un gran esfuerzo asistencial terapéutico para nervios y emociones de los que queden vivos. Mucho habrá que perdonar.
Mientras tanto, continuar defendiéndonos sin abandonar las esperanzas, en votos, en honestos, en cordura.
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