lunes, 1 de febrero de 2010

Gobierno y aprendizaje

Este mes se cumplirán 11 años de una reunión en la que un equipo de técnicos en el área de reforma institucional al servicio del gobierno del Zulia se reunió, junto con el gobernador de entonces, Francisco Arias, con el recién electo presidente Hugo Chávez y su equipo de gobierno. En esa reunión, los invitados propusieron la aplicación nacional de una serie de reformas orientadas a la construcción de un estado más fuerte, flexible y moderno, como paso previo para la mejora gradual de los servicios públicos para la gente. Luego del varapalo respuesta del Sr. Chávez y el Sr. Giordani, los miembros del equipo salieron casi de madrugada del palacio, algo cabizbajos y bajando las escaleras de Miraflores, Arias les comentaría: "...No se frustren, hay que darles tiempo para el aprendizaje, a nosotros nos costó casi todo un año..."

He pensado en esta anécdota varias veces desde entonces, incluyendo detalles de la discusión, especialmente de la respuesta de Chávez, que me presentaron su auténtico perfil político para aquel momento --la demagogia populista y caudillista, que para ese momento aún no había descubierto completamente el poder rentista y tal vez por ello y por sus pocos minutos de líder nacional aún no le habían incorporado el endiosamiento falseador y megalómano que hoy desborda-- y varias veces también he pensado que es la capacidad de aprendizaje sobre ciencias y técnicas de gobierno, especialmente en cuanto a la activación de políticas económicas para la gente, una de las claves principales para valorar la evolución de un gobierno, aún de uno que ha sido nefasto desde el primer día.

Hoy gobierna el área económico financiera el mismo Sr. Giordani que ha mantenido su capacidad de asesoramiento sobre el Jefe. El experto en planificación, con formación económica europea, que debe sentirse orgulloso de gobernar la economía del país siendo ingeniero, mantiene su baile sobre la cuerda floja de sus propios principios y creencias, dándole mil vueltas a los datos para autoasignarse logros y escamotearse miserias. Inflación, devaluación, economía informal, dependencia productiva deberían ser palabras mayúsculas y negras en su oficina, para provocar la única salida honorable (tal vez hace años lo hubiese sido).

Hoy el Sr. Giordani aún se presenta ocasionalmente frente a los medios y defiende algunas de las políticas, siempre con justificación basada en variables de imposible control y sin dejar de anunciar la progresiva mejora de la situación para los venezolanos. Es razonablemente optimista Giordani. En su CENDES se estudió durante años lo necesario para la transformación socio productiva de la patria y tal vez siente como un privilegio la posibilidad de estar al frente de un intento más de construcción socialista, este en pleno siglo XXI.

Hay cierto descaro en este tipo de personajes. No niego que la responsabilidad principal sea del Loco (seguro que todos sus ministros han pensado más de una vez: "...cónchale, si no metiera tanto la pata, si dejara hacer, si hablara menos..." y cosas por un estilo). Pero esta gente se responsabiliza por un área tan delicada que involucra estabilidad macroeconómica, crecimiento productivo, generación de empleo formal bien remunerado, aprovechamiento saludable de la hacienda pública, innovación y competitividad y todos los complementos necesarios para que las familias aprovechen al máximo su capacidad productiva y las generaciones fortalezcan su capacidad de crecer y mejorar con instituciones más sólidas, en paz, seguridad y prosperidad.

El desbarajuste económico de este gobierno es inauditable y los despropósitos que han logrado el más agresivo proceso desindustrializador de la historia reciente latinoamericana no pueden reflejarse sino en inflación, devaluación, pérdida de empresarialidad, competitivdad y confianza, continuación de la corrupción generalizada y pérdida de equilibrios de poder.

El Sr. Giordani debe sentirse orgulloso de no ser corrupto y no haberse enriquecido a costa de su largo paso por el gobierno, pero deja atrás la sinrazón de haber permanecido siempre protegido de sus propias políticas públicas, viviendo ajeno a la carencia de divisas (él o su familia deben obtenerlas fácilmente a la hora de viajar, seguro no acceden a CDI para tratar sus enfermedades ni compran en mercal).

Algo que siempre acompaña a los políticos y técnicos que han accedido históricamente a la sala de control del Monstruo, es su paulatina (y rápida) adaptación para separar sus vidas y privilegios de los de la mayoría y así no asumir las responsabilidades de sus errores. No cambiará la patria hasta que no reconstruyamos la manera en la que los ciudadanos y nos relacionamos con nuestro Estado, la manera en la que permitimos a nuestros líderes reexplicarse esta relación, la manera en la que toleramos el latrocinio bajo el pretexto de la lucha contra la pobreza.

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