jueves, 2 de septiembre de 2010

Ciudadanos enemigos

El Monstruo ya no quiere diálogo fuera de sus propias cavidades, más allá de sus viejas zarpas, sus tripas, quistes y callosidades. El último diálogo que tuvo fue con un líder emergente que prometió lo necesario para convencerle de subir a su grupa, es decir, prometió reparto a los venezolanos por la simple consideración de ser venezolanos, sin considerar quien produciría lo que habrá de repartirse (en ese momento, en aquel lejano 1998, la promesa era difícil de entender por alguien que no fuese el monstruo, a pesar de las decenas o quizá centenares de veces que la había escuchado).

Luego de 12 años, el Monstruo ha perdido capacidad dialógica. Antes hablaba con cualquier candidato a la gestión de lo público, con un poco de fastidio, con las caretas típicas que solía emplear para estos encuentros, cargados de formalidad y, en ocasiones, emocionantes para una parte del público. El encuentro con candidatos tenía tantas facilidades para él, tantas cosas posibles donde "enganchar" a cualquier prometedor (eso son para el Monstruo todos los candidatos) que a veces parecía innecesario el uso de cualquier careta; lucían tan ansiosos por "cabalgarlo", al menos por "engancharse" en alguno de sus brazos, que no hacía falta ningún gran truco para establecer sintonías, para que cualquiera fuera válido. Antes, el Monstruo podía incluso encontrarse con los reformadores, aquella fastidiosa especie que le anunciaba reestructuraciones para devolverle cierta hidalguía a su cuerpo...Los reestructuradores solían tammbién fallar y ceder a alguno de sus vahos, o al contacto con el poder de sus brazos, al paisaje de sus venas transportando savia vital a la sociedad...Pero fastidiaban mucho, algunos llegaban a hartarle.

Luego de 12 años el Monstruo parece haber aceptado la propuesta que más ha enaltecido su ego desde que existe (por cierto, ¿desde cuándo existo? se pregunta, sin tener muy claro su origen ni su evolución, a menos que se trate de la más reciente). El jinete actual le está diciendo a los OTROS (los individuos y sus organizaciones de algo llamado Venezuela, que ya no le resulta tan claro tampoco al Monstruo ¿cómo y cuándo se originó, qué tiene que ver conmigo?) que su manera de ayudarles (parece claro que todos esperan la ayuda del monstruo y su jinete) consiste en integrarlos más a las venas, músculos, articulaciones, grasa, pelos y demás estructuras del Monstruo.

El Estado Venezolano Enfermo (EVE, eufemismo con el que algunos bautizaron al Monstruo) es más que nunca un ente integrado a su ambiente, una mezcla de Gran Tierra, Gran Árbol, Gran Hermano, que nos une a todos y se une a todos ¿para qué las distinciones? Si algunos miembros de este ambiente dudan de su integración ¿merecen considerarse parte de todo? Decidido queda que mejor es que se vayan, el monstruo no tiene ánimo si quiera para violentarse formalmente.´

En términos del diálogo político los venezolanos que aún creemos que es nuestro el poder, que ningún Estado puede integrarnos forzosamente en un proyecto homogeneizante, autoritario, caudillista, partrimonialista y rentista y que es nuestro deber promover el tratamiento al Monstruo que, más allá de cualquier cambio de jinete, le devuelva su rol al servicio de la ciudadanía que le alberga en su patio, para integrarse como un agente social más hacia la construcción de un futuro de prosperidad y modernidad para los venezolanos (y retorne el principe que suele haber tras estos especímenes), estos venezolanos, son ciudadanos enemigos. Enemigos del Monstruo. Enemigos formalmente declarados por su jinete. Enemigos (confusos) en la vorágine que genera el vaho monstruoso sobre millones de personas que no temen la avanzada de un proyecto que llama enemigo a una buena parte de los habitantes de este patio, que se pliegan al juego de arengas, a veces sin otro estímulo que algunas boronillas del reparto o, muchas veces, vanas promesas sobre la llegada del pan.

El monstruo y su actual jinete, han creado al ciudadano enemigo. Ya no vale sólo envenenar al valiente que anuncia liderazgo para las reformas. Ahora se ha fijado en por lo menos media Venezuela que, cual hormiguitas, amenaza su reinado de decadencia. Son los ciudadanos enemigos.

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