miércoles, 30 de noviembre de 2005

Ser de izquierda o de derecha

Mi Amigo Néstor Suárez escribió recientemente una artículo titulado “ser de derecha”, en su columna “Libre Mercado”. En él plantea dudas importantes sobre los beneficios que se auto asigna la izquierda y las dificultades para hacerlos realidad, así como la oposición necesaria y diferente que debe desarrollarse por parte de la derecha, ausente hoy del entramado político latinoamericano, porque la oposición también es de izquierda.

Es mi opinión que la distinción entre izquierda y derecha da lugar a disquisiciones innecesarias. Sin embargo, pocas veces la realidad política comparte espacios con la ciencia y la expresión más dolorosa de esta disonancia es, quizá, el acceso al poder de gente no capacitada para gobernar. De la necesaria mejora en los perfiles de capacitación técnica de nuestros políticos a erradicar la discusión sobre asuntos aparentemente inútiles de nuestra política, hay gran distancia. Por ello, quisiera intentar responderle a Néstor con algunas observaciones.

La izquierda no ha tenido ni tendrá el monopolio de la violencia en sus respuestas de gobierno. Gobiernos de derecha han sido mortíferos y es raro que no lo tome en cuenta Néstor en su exposición, porque esto es un argumento tradicional de izquierda (el nacionalsocialismo alemán, el fachismo italiano o el falangismo español, amén de las dictaduras del cono sur, son ejemplos evidente de vínculos entre “derecha” y violencia). Claro, a cierta derecha les gustaría ser identificada con modernidad y progreso, pero mucha gente los identifica con conservadurismo (anti progreso) y autoritarismo fascista. El mismo problema lo tienen también gente moderna de izquierda, como el Sr. Petkoff, que analiza el espectro político entre izquierda e izquierda, dando como un hecho (no explícito) que la derecha no sirve o no le interesa.

Una conclusión previa en la que, seguramente, coincidiremos Néstor y yo, revelado ya por su apreciado Von Mises, es que el socialismo (al igual que el populismo) pueden ser de derecha o de izquierda, con su continuo estatista y sus múltiples variantes nacionalistas.

Casi por contrapartida, cabría plantearse (creo que no con consenso similar) que existe una izquierda no socialista, liberal y progresista, algo así como una centro izquierda no socialdemócrata, con fuerte presencia en partidos como el laboralista inglés y otros partidos de centro izquierda norteamericanos, europeos, asiáticos y oceánicos.

Aclarado esto, Néstor reclama entonces el espacio político de centro derecha que se supone afín al liberalismo y modernidad. Sin embargo, rápidamente tendría que entrar en precisiones estrictamente morales para poder identificarlo. Estas precisiones son la característica definitoria de los espacios dogmáticos que se pretender diferenciar, porque lo ideológico (y de ideología estamos hablando, no de ciencia) se pelea y se defiende en el ámbito de lo dogmático, de lo moral.

Así, Néstor ha criticado, en otros artículos de su columna, a nuestro querido Von Mises porque su teoría “fallaba” en el soporte moral y filosófico, al ser Mises profundamente ateo. Y muchos liberales se han encargado de escudriñar textos sagrados de sus religiones en búsqueda de mensajes divinos promotores de la libertad y el libre mercado (obviando, claro está, otros mensajes, quizá más explícitos y categóricos, en contra del liberalismo dentro de la amplísima literatura doctrinaria de la Iglesia). Recientemente un destacado profesor argentino, Armando Ribas, llegó a clasificar con facilidad las encíclicas papales más recientes por su utilidad /contrariedad con respecto al argumento liberal.

Ciertamente, buena parte de los principios liberales, por ejemplo los implícitos en la fundación nacional norteamericana (y alguno de sus antecedentes británicos y centro europeos) guardan relación con la presunción de legalidad previa al Estado, ordenada por Dios (léase, por ejemplo, Fundamentos de la Libertad, de Von Hayek). Así, la limitación del gobernante y el alcance del poder legislativo de los representantes del pueblo, son argumentos básicos de la construcción socio institucional de la democracia liberal norteamericana. Aún hoy, muchos liberales defienden esta premisa: algunos principios no pueden ser tocados ni cuestionados, son “naturales”, en el sentido que se constituyen en instituciones previas e incuestionables por la institucionalidad creada por el hombre.

Como dice el mismo Néstor, el Estado no existe, los gobiernos son la realidad y se requieren limitantes a su acción y esos limitantes pareciera que tienen que estar en la supra conciencia humana, no sólo en los textos reguladores que el mismo hombre se permite cambiar.

Es mi opinión que definiendo estos aspectos y otros vinculados a esta presunción, se comienzan a establecer lo que podríamos llamar “las modernas fronteras entre izquierda y derecha”. Se diluyen las diferencias de carácter tecnocrático gubernamental, en cuanto a los alcances del Estado y se resumen en leves diferencias sobre los balances presupuestarios a las coberturas sociales (salud, desempleo, etc.), programación de subsidios intergeneracionales, nivel del estado coordinador (nivel y cobertura de las ofertas privadas de servicios como salud, educación, etc.) mayores o menores limitaciones a la privacidad y el ejercicio de la propia sexualidad sin limitaciones sociales e institucionales, etc.

La discusión “sistémica” acerca del capitalismo o no capitalismo está prácticamente fuera del espectro partidista moderno, de izquierda y de derecha. Algunas áreas de enfrentamiento subsisten, sobre todo con respecto a los fondos de cohesión social y a la manera de manejar los acuerdos comerciales. Los temas que si contribuyen a establecer fronteras serían, entre otros (y obsérvese el marcado carácter moral de sus contenidos):
- Derecho de genero (rol de la mujer en la sociedad, estereotipos de comportamiento en el ámbito familiar y social general, libertad sexual, discriminación laboral, etc.).
- Comportamiento sexual de los más jóvenes.
- Espacio social de la familia monoparental, la figura “hombre-mujer-hijos” como baluarte de la construcción social.
- Derecho de la mujer al aborto.
- Pena de muerte y derecho a la integración social de los ex delincuentes.
- Derecho de homosexuales (por ejemplo, para casarse legalmente y adoptar niños).
- Educación religiosa (y en general educación sobre todos los temas de esta lista).
- Ampliación/Reducción de las restricciones al consumo de drogas.
- Federalismo y derecho a constituirse como nación de comunidades hoy subnacionales.
- Integración racial, religiosa y cultural global (actitud ante los grandes conflictos culturales de la humanidad).
- Políticas de relación, cooperación y atención a países del tercer mundo (estrategias para la lucha contra la pobreza).
- Derechos de inmigrantes.
- Políticas armamentísticas de defensa y de guerra preventiva.
- Investigación con células madre y posible producción artificial de “humanos”.

Si usted, como ciudadano de a pie, quiere establecer con mayor claridad si es de izquierdas o de derechas, comience por preguntarse si le parece razonable construir una sociedad de iguales, donde el Estado decide como producir y distribuir la riqueza social y el mercado, por propiciar el enriquecimiento de algunos, debe tener mínimos espacios de interacción. Si piensa que la gente lo que necesita es pan, tierra y trabajo, no libertad. O bien, usted cree que la sociedad no debe cambiar, que está mejor como está, que pobres siempre va a haber y no vale la pena intentar evitarlo porque Dios creó así el mundo, con ricos y pobres...Si su respuesta es positiva a estos planteamientos (por disímiles que parezcan), es importante aclarar que usted simplemente no es moderno y puede aún ser de izquierda o de derecha. Cuestiónese entonces sobre los aspectos indicados en la lista indicada con anterioridad para revisar si es usted un “dinosaurio” de izquierda o de derecha.

Si usted cree en la libertad individual como un principio humano inalienable, en el mandato supremo de cualquier gobierno para promover la construcción de ciudadanía en libertad, es decir de más y mejor libertad para los ciudadanos al menor costo social posible, si usted considera que el Estado debe promover continuamente oportunidades para todos, que el mercado debe ser protegido y promovido prioritariamente por el Estado (toda vez que el capitalismo tiene múltiples tendencias a la acumulación y restricción circunstancial de mercado) y que la democracia es un complejo e imperfecto sistema de decisión social que debería constituirse en continuo de ambiciones ciudadanas; si usted parte de un principio básico de desconfianza hacia lo estatal que obliga a mejorar continuamente los mecanismos de alternancia en el poder y control de la ejecutoria pública, si usted cree que el mundo puede y debe avanzar hacia mejores estadios de vida para más gente sobre la tierra, mejorando las oportunidades para todos y disminuyendo las distancias sociales, étnicas, sexuales y de cualquier índole entre seres humanos, pues, en general, usted es alguien moderno y cuestiónese sobre los elementos tocados en la lista anterior para ubicar si su modernidad es más conservadora o más liberal, si es más de derecha o de izquierda.

Me confieso liberal progresista (liberal de izquierda). Creo además en la libertad, al igual que Von Mises, como un ideal escogido moralmente en independencia de Dios. Mis respuestas al cuestionario son, en un 90% de los casos, orientadas a la extensión de derechos y a la restricción de restricciones. No soy conservador. Creo en el cambio social. Cuando hablo con gente “de derecha” como Néstor y otros apreciables amigos, coincidimos en prácticamente todo lo que hay que hacer para construir una economía moderna, desestatizada, pero rara vez tocamos temas morales, de seguro allí nos diferenciamos de manera importante (aunque nunca importante como para dejar de ser amigos e incluso para enfrentar juntos la amenaza estatista socialista, espero permanecer siempre ajeno a semejante confusión).

Por cierto, particularmente siento que cada vez es más común conversar (sobre todo aquí en Latinoamérica) con las siguientes tipologías (indicadas de manera no exhaustiva), incluso entre nuestros líderes políticos:

- Autodefinido como de izquierdas, pero en realidad no socialista, profundamente conservador en el ámbito moral y amigo de los beneficios que le trae el mercado.
- Autodefinido como de izquierdas, pero volcado a una idea autoritaria y estatista de la sociedad, preferiblemente donde él / ella esté del lado del poder, del que administra los incentivos hacia todos los demás.
- Autodefinido como liberal y no sabe bien si es de izquierda o de derecha, sólo quiere paz, progreso, modernidad, primer mundo. Respondiendo al cuestionario se descubre más o menos conservador / liberal.
- Autodefinido de derecha, pero volcado a una idea autoritaria y estatista de la sociedad, preferiblemente donde él / ella esté del lado del poder.
- Autodefinido de derecha, liberal, adverso al socialismo, pero mucho más progresista de lo que cree.
- Autodefinido de centro, pero confuso con respecto a la izquierda y la derecha, apelotonado sobre conceptos como socialdemocracia, socialcristianismo, laborismo, ambientalismo, etc.

Por eso tanta confusión en el escenario local y mundial. Zapatero se reúne con Chávez y creen partir de una afinidad que ni siquiera saben dónde está. Lula descubre prácticas liberales básicas para gobernar y las abraza intentando transformárselas discursivamente a los arcaicos líderes de su Partido de Trabajadores. Acción Democrática se enfrenta a las pretensiones socialistas chavistas con pretensiones socialistas adecas (como muy bien destaca Néstor). ¿Cómo iba a comprender la Acción Democrática venezolana de 1988 el planteamiento de Carlos Andrés Pérez II y sus Chicago boy´s?

Propongo la idea de superar la discusión sobre las bondades de izquierda a partir de su oposición de las de derecha y viceversa, para hablar de sus coincidencias y formular los elementos básicos de una transición política en Venezuela, similar a la lograda por España entre el 75 y el 78. Por cierto, yo creo que es una discusión viva, actual, no sólo en el ámbito latinoamericano (que ya sería suficientemente importante). Creo que los europeos están súper confundidos. La vieja figura del partido no ayuda. Las nuevas figuras de partido (pragmáticos, sin ideología) menos. Quizá oponerse a Chávez en Venezuela es una excelente oportunidad para crear sin excluir, para descubrir afinidades donde hoy parecieran que no existen, en el centro ¿donde más?

Hablemos más, constituyámonos en foro permanente, por nuestros hijos y nietos. Digámosles que si hay un ideal objetivo de sociedad y que tiene amplios consensos en nuestras élites tecno políticas (distingamos líderes de simples seguidores y aprovechadores) y referentes observables en el mundo. Digámosles también que no vamos a cejar en el empeño de intentar construirlo para nuestro país.

2 comentarios:

Engerman dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Anónimo dijo...

me falta como 10 materias mas con roman para entender que es un liberal progresista - liberal de izquierda. Lisbeth Prieto