Este artículo lo escribo en respuesta a Alfredo Serrano y su explicación de lo que sucede en la economía venezolana, según la publicación https://actualidad.rt.com/opinion/alfredo-serrano-mancilla/258741-pruebas-crimen-economico-venezuela.
Aunque este régimen hace años que no merece consideraciones sobre “racionalidad económica” pues cada vez es más evidente que se trata de un proceso de destrucción intencional de la economía productiva venezolana para dominar a la sociedad a través de listas y tarjetas de racionamiento para comida y bienes básicos que resultan inaccesibles vía escasez e hiperinflación, vale la pena comentar, para lectores bienintencionados y potencialmente incautos, lo siguiente:
1. En respuesta a los puntos 1 y 2 del artículo del Sr. Serrano, sobre las evaluaciones de riesgo y el default de la deuda en Venezuela. Dice es Sr. Serrano que no hay racionalidad económica detrás de las evaluaciones de riesgo porque Venezuela ha venido pagando su deuda externa. La falacia detrás de este argumento es que las mediciones de riesgo que permiten la clasificación de la deuda privada y soberana en el Mundo se hacen simplemente considerando si la empresa o país ha pagado o no su deuda. La evaluación del riesgo es una consideración sobre los elementos futuros de esa cancelación. En el caso de la deuda soberana se hace sobre variables macroeconómicas que permitan considerar la posibilidad de disponer los recursos para el pago y, adicionalmente, la posibilidad de que disponiendo de los recursos un gobierno pueda decidir pagar o no por razones políticas. En el caso de Venezuela, lo curioso es que muchos economistas serios hace tiempo (2015 y 2016) que venían planteando la necesidad de reestructurar la deuda, porque el gobierno seguía pagando intereses y amortizaciones brutales en comparación con el ingreso nacional y la disponibilidad fiscal, mientras se compensaba este esfuerzo con una draconiana reducción de importaciones de bienes y servicios que se unía a una aún más dura reducción de ingreso de capitales extranjeros (acentuando la dramática situación del sistema productivo, que tuvo que detener operaciones en industrias y comercios por falta de insumos, repuestos y bienes finales). Una política más acertada del manejo de la deuda era necesaria. Sin saber cuál es el consejo que el Sr. Serrano le daría a Maduro sobre este asunto, no es menos cierto que este pago “contra natura” en términos de balance económico, se fue cumpliendo mientras la economía venezolana estaba en la más grave recesión (ahora depresión continuada) de su historia. Algunos más suspicaces, piensan que este cumplimiento automático de los pagos de deuda trasluce la posibilidad de que los tenedores de esta deuda incluyan a altos personeros del gobierno y sus testaferros. No olvidemos que buena parte de esta deuda fue contraída en bolívares intensamente sobrevaluados, con bonos que eran pagaderos en dólares y a tipos de interés que reflejaban ya, en época de bonanza, una evaluación extraordinaria de riesgo, haciendo inmediatamente multimillonarios a los que accedieron a estas emisiones, en su mayoría banqueros y especuladores. Otro elemento que condiciona la evaluación crediticia venezolana deriva de ¿en qué se invirtieron esos recursos? Muchas veces supusieron simples ejercicios de privatización perversa de estos recursos, dirigiéndolos a procesos de importación fraudulenta (gracias al control único del Estado se importó toda clase de “millonadas” que nunca llegó al país o que lo hizo con sobre facturaciones miles de veces por encima del precio de mercado). La otra parte de este asunto es si cabe anticipar una situación de “no pago” para estos bonos por parte de PDVSA y de la República. No hay que ser muy entendido para hacer este anticipo. Por eso el valor de esta deuda se ha mantenido en el rango de bonos basura desde hace años, facilitando ejercicios de especulación financiera a través de recompra para todo el que tenga la información precisa sobre sus pagos y reestructuraciones. Cuando las agencias de evaluación consideraron el “default selectivo” fue simplemente porque se cumplieron los parámetros que definían este proceso. Si llegadas las 12 del mediodía del día de vencimiento no hay depósitos efectuados, se activan las cláusulas con período de gracia de 30 días y si vencidos esos 30 días no hay constancia clara de esos depósitos, se considera deuda impagada. Si algunos pagos se han estado haciendo y otros no, eso es default selectivo. La supuesta reestructuración que llevó al gobierno venezolano a convocar a tomadores de bonos el mes de noviembre pasado, supuso el acercamiento de representantes para menos del 20% de estos bonistas y nada especial surgió de esas reuniones, aparte de los mensajes políticos sobre la guerra económica que pregona Maduro y el Sr. Serrano. Esas reuniones, de por sí, ya son señal clara de un default.
2. Sin duda la posición de Donald Trump y de EEUU en este asunto ayuda poco, como tampoco ayudaron 50 años de bloqueo a democratizar Cuba. Pero a quien sí le ayuda es a Serrano y a Maduro, que olvidan que hace ya más de 2 años que no ofrecen información sobre PIB en Venezuela, violando la constitución que obliga a la publicación de la información de interés ciudadano, más allá de la interpretación que el gobierno asigne a esta información. Venezuela no está en recesión. Lo estuvo en 2014 y 2015. Pero desde que se encadenó el noveno trimestre en caída continuada del producto, a pesar de los repetidos anuncios de fin de año del Sr. Maduro y del propio Serrano en términos de recuperación económica porvenir, Venezuela está en la más agresiva depresión y descapitalización de su economía en período de paz desde que es país. Lo está, además, sin protección alguna de políticas públicas orientadas a compensar y revertir esta situación. Echar la culpa al bloqueo de EEUU es parte de un guión conocido y, por cierto, no producido por el Sr. Serrano, que en este sentido solo reproduce una estrategia diseñada en una isla cercana. No se debe olvidar, además, que el proceso de reestructuración de la deuda externa en Venezuela debe contar con el aval de la Asamblea Nacional. Al no poder dominar la Asamblea Nacional Maduro convocó una fraudulenta Asamblea Nacional Constituyente que, desde que se constituyó, al igual que el Tribunal Supremo de Justicia armado a trasnocho en diciembre 2015 una vez que las autoridades de la Asamblea Nacional anterior supieron de su descalabro electoral, han venido legislando (nada de hacer una nueva constitución, es más fácil legislar y gobernar desde ese nuevo espacio de dominio total) como si la legítima Asamblea Nacional no existiese. El Mundo no es tonto y tiene dudas sobre nuevas emisiones de deuda que, más adelante, puedan ser desconocidas por nuevos gobiernos, dada la legislación que así lo indica. Apenas dos semanas después de los anuncios de Trump, ya la presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente y el mismo Maduro hablaban de crisis económica en Venezuela por las medidas de Trump. Ahora no hay dinero para medicamentos por las medidas de Trump. Ahora ni las piernas de cochino que ha prometido el gobierno (a eso se reducen sus políticas públicas, sardinas en semana santa, piernas de cochino en diciembre, todo bajo carnets y listados de control sobre la adhesión partidista) llegan a los venezolanos por culpa del bloqueo económico y la guerra inventada por Chávez y de abuso continuo por Maduro y Serrano.
3. Buena parte de los bloqueos financieros internacionales a los que se refiere el Sr. Serrano son ciertos. Lo que no dice el Sr. Serrano es que detrás de estas operaciones no solo puede que esté la extensa garra imperial del Sr. Trump, sino la acción regulatoria de múltiples organismos internacionales sobre las cada vez más evidentes operaciones de blanqueo financiero de agentes vinculados a PDVSA y al gobierno venezolano. Desde hace más de 10 años, aún en época de bonanza, ya comenzaban a presentarse deserciones en altas esferas financieras y operativas del entramado político económico de este régimen, en las que se mezclaban iniciativas de blanqueo financiero sobre recursos derivados de la corrupción y en ocasiones también, se mezclaban operaciones de narcotráfico en proceso de investigación. Lo cierto es que si los europeos y muchos asiáticos tienen dudas sobre el origen de algunas operaciones financieras que pudieran tener activos subyacentes bajo control de sus legislaciones, no es extraño que se produzcan estas medidas cautelares, para desgracia de la operatividad financiera de PDVSA y la República. En medio de esta situación, Maduro inventó ahora el petro, una moneda basada en blockchain pero “garantizada” por una parte de la producción petrolera de ciertos campos en Venezuela, transgrediendo las leyes venezolanas y abriendo vías de escape a los capitales más especulativos y de origen dudoso que se han armado durante este proceso “revolucionario”. El petro es otro ejemplo de la combinación “fraude-ignorancia” de este entramado político dedicado a dominar Venezuela a través de su empobrecimiento.
4. El tipo de cambio paralelo, el único sometido a reglas de mercado en Venezuela puesto que cualquier otra transacción legal es hecha solo por el gobierno venezolano (desde hace más de 15 años) refleja una devaluación de 1.100.000% (un millón cien mil por ciento) con respecto al tipo de cambio legal. Hasta hace dos meses estuvo activo el enésimo intento del gobierno de generar un mercado controlado en el que hubiese asignaciones discrecionales -de ellos como propietarios del 95% de las divisas que entraban al país- hacia personas físicas y empresas, privadas y estatales, que requiriesen divisas y lo solicitasen. Ese último intento duró algunos meses y fue interrumpido más o menos abruptamente, dejando incluso sin liquidación múltiples asignaciones ya aprobadas y prepagadas por sus beneficiarios y se habló de “sacar el dólar de nuestras vidas” y se comenzó a informar de la cotización del barril venezolano en “yuanes” para sí recuperar soberanía, más “fraude-ignorancia”. Es verdad que el mercado de divisas y su precio, el tipo de cambio paralelo, es altamente especulativo en Venezuela. La responsabilidad sobre ello recae completamente en el gobierno que lo controla. Hace millonarios a los propietarios de divisas y este gobierno y sus agencias y testaferros dominan la lista. Una economía razonablemente planteada, con estímulos para la oferta, generación de confianza y manejo responsable, probablemente conocería tasas de cambio bolívar dólar a niveles mucho menores que las del mercado paralelo. Pero este mercado, como cualquier mercado opaco y especulativo, reacciona a las necesidades de divisas de todos los venezolanos, para repuestos, para comida, para medicinas, para casi cualquier cosa se requieren divisas en Venezuela y la oferta de estas divisas restringida a las listas que hacen PDVSA y la República. Es todo. Es un fenómeno conocido con anterioridad, al igual que la hiperinflación. Llevó a la dolarización en varios países, como medida de emergencia ante la incapacidad del Estado para actuar como padre responsable frente a su emisión monetaria. Si la tasa de devaluación del paralelo es mayor que la tasa de crecimiento de la base monetaria y de la liquidez, como dice el Sr. Serrano, es porque el cocktail de recetas fraude-ignorantes en esta ocasión, incluye graves agresiones a la producción local y, por tanto, shocks negativos de oferta, graves restricciones a las importaciones centralizadas y manejadas por el gobierno, graves distorsiones fiscales en un Estado ajeno a lo público, pero lleno de organismos productores que no producen nada y con una hacienda inauditable y pésimas condiciones para transmitir confianza, con lo que las expectativas sobre la moneda venezolana hacen el resto de la tarea devaluacionista. El bien más caro del mercado es el que no existe.
Nada de lo indicado en estos comentarios es conocimiento de alto nivel. Lo comentan los estudiantes de economía en cualquiera de las escuelas que aún forma chicos para la exportación. Solo es novedad para el aparato “auto referencial” del oficialismo bolivariano y de sus asesores (en este caso, pagado en euros).
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