jueves, 30 de noviembre de 2006

El capitalismo chavista

Una de las desventajas de las estancias largas de gobiernos malos en el poder es que dejan, gradualmente, espacios menores para las dudas. Al principio cambian indicadores, después crean otros, vuelven a usar los primeros, que ya han sido “arreglados”, ahora bajo complejos métodos y costosas máquinas procesadoras... Se controlan o eliminan las amenazas, se compran conciencias, pero no es fácil tapar la mancha…Las percepciones de la realidad tienden a alinearse en el largo plazo y se incrementan las resistencias para evadir las asperezas cotidianas de la pobreza, para vivir sólo de emociones.

Venezuela está avanzando de manera acelerada en la destrucción de las instituciones y dinámicas de funcionamiento del capitalismo moderno, muchas de ellas subdesarrolladas, otras marchitas antes de ser aplicadas, unas pocas envidiables a los ojos de nuestros vecinos. Se trata de un conjunto de reglas y modos de hacer sociedad que nos metieron de lleno en el siglo XX, pero que nunca pudieron completar su desenvolvimiento operativo, debido a la presión estatista ejercida desde su mismo surgimiento y, posteriormente, debido a su utilización rentista y populista durante las últimas décadas de ese mismo siglo.

Ésta es la verdadera característica dominante de nuestro pasado, de nuestro presente y, posiblemente, de nuestro futuro: estatismo, rentismo y populismo, aderezado, eventualmente, con importantes dosis de caudillismo y militarismo. Que se culpe al capitalismo y al neo liberalismo de nuestros males no deja de ser, simplemente, un mal chiste.

Esta destrucción, viene acompañada de propuestas revolucionarias. Se presupone la maldad de la actividad mercantil y se propicia la cooperativa como forma alternativa. Se presupone la maldad del monopolio y el latifundio y se propicia el fraccionamiento patrimonial, el conuquero y el artesano. Queremos ser nuevos, autónomos, autárquicos ¿libres?.

Las propuestas revolucionarias vienen a trastocar, en realidad, relaciones de producción e instituciones reguladoras que pretendían promover ciertos equilibrios en la sociedad. Si no resultaron más exitosas en su función fue porque el Estado no supo o no pudo hacerlo, porque el Estado se debilitó en su borrachera de recursos y se olvidó de regular adecuadamente el mercado, se olvidó de la defensa de los derechos individuales y de promover una sana administración de justicia.

El Estado venezolano vendió esa protección a cambio de su propio y clientelar sustento. Cargado hoy de discurso anticapitalista, sin embargo ofrece en el mercado negro desde el espacio de las aceras en las calles de nuestras ciudades, hasta los más “jugosos” campos petroleros y mineros. Los gobiernos, incluido éste, no han sabido manejar el Estado para defender los intereses básicos de la ciudadanía y la nación.

Todas las sociedades latinoamericanas tienen liderazgos socialistas y/o populistas, algunas ya en el ejercicio de gobierno. Pero el populismo que le mete mano al bolsillo de sus ciudadanos para tomar cada céntimo que usa para financiar sus locuras, se refina, aunque suele terminar igual en pesadillas de hiperinflación y caos institucional. El socialismo que necesita industrias y comercios que generen empleos y tributos, se modera, se flexibiliza o no dura. Hasta Fidel usa la explotación capitalista de sus recursos para financiar su sistema comunista de administración de la pobreza.

El chavismo es diferente. No necesita refinarse. No conoce de eficiencias. Cree de verdad que es sustentable, porque se está chupando el esfuerzo mundial monetizado en forma de renta y, como sociedad, hemos perdido la conciencia de quien financia nuestro monstruo. Chávez anuncia el fin del capitalismo en Venezuela, pero para vender nuestro petróleo, seguirá usando una de las prácticas más execrables de ese capitalismo, como lo es la cartelización de un mercado para manipular los precios y seguir vendiendo el producto a diez o quince veces su costo. De ello se benefician, además, las transnacionales petroleras, no los pueblos pobres, que sufren severas restricciones por estos precios de la energía, vital para su desarrollo.

Por otro lado, el cooperativismo es la herramienta con la que los nuevos empresarios revolucionarios (y otros viejos empresarios también) comienzan rápidamente a evadir y sustituir las relaciones de trabajo. Las nuevas relaciones dejan de estar protegidas por la institucionalidad de la LOT. Esa ley es muy larga, de marcado carácter intervencionista, seguro viene empeorada en sus nuevas reformas, no promueve el empleo, pero también hay que reconocer que incluye los elementos básicos de la institucionalidad moderna para la relación entre capital y trabajo (la protección del débil jurídico, el derecho de asociación del trabajador, el horario, las vacaciones, las condiciones del medio ambiente, etc).

Al obviar la LOT, el trabajador formal, ese espécimen cada vez más escaso en Venezuela, no puede esperar nada más que precarización y desprotección. Obviamente, si Chávez no quiere capitalismo criollo (el transnacional le molesta menos y lo necesita más) no hace falta la protección de los empleos formales. Muchos juristas venezolanos que hicieron aportes sustantivos al desarrollo de ese régimen legal son ahora “halcones” de este régimen y hacen caso omiso de las amenazas que sobre el trabajador y su familia se están incorporando en las nuevas instituciones promovidas por el chavismo. Y los sindicatos no hacen pío o ya nadie les escucha.

Chávez se está quedando con lo peor de cada sistema. La capacidad de los gobiernos de decidir discrecionalmente cómo debe funcionar la sociedad y el mundo es cada vez más pequeña. Aún los gobiernos más fuertes del planeta (USA, Europa, Japón, Rusia o China) son débiles en su capacidad de influir decisivamente sobre sus sociedades y lo intentan con instrumentos cada vez más complejos, mejor estudiados, evitando la ambición de sustituir la sociedad con la acción del Estado. Cada día hay más especialistas en mercadeo de políticas públicas y cada vez es más común ver al ciudadano como un cliente, independientemente de su capacidad de pago, pero con los privilegios que ser cliente te da en una relación donde se ofrecen servicios de forma competitiva. En general, si no bajan los pies a tierra y se deciden a servir sin oprimir, los gobiernos son sustituidos, por métodos pacíficos o violentos.

En Venezuela avanzamos hacia el pre capitalismo, hacia los mercados sin Estado, coexistiendo con una sociedad formal a imagen y semejanza de un Estado sectario. Y desean exportar el modelo. No deja de causar risa. ¿Qué modelo exportaríamos? ¿Dele usted a su pueblo servicios y comida gratis para todos desde el Estado? ¿Listas de pagos revolucionarias? ¿Viviría y prosperaría este régimen durante siete años a diez dólares el barril? De lo que hemos perdido, lo que más se extraña es la vergüenza.

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